sábado, 15 de enero de 2022

Visión binocular, Binocular Vision: New and Selected Stories, Edith Pearlman

 

Pasan los días y seguimos inmersos en una tristeza que nos huele a antigua. Estamos en mitad de una distopía que abate los ánimos y enciende las alarmas del miedo. Miedo. Ya hablé del miedo. La incertidumbre ante el paso del tiempo, el temor a no avanzar, la certeza de que la mentira se ha instalado en los altavoces informativos, el estupor ante la mediocridad infinita de nuestros mandarines, la seguridad de que vivimos en un bucle de alucinación. Pero no importa. Miramos lo cotidiano como si fuera lo único a lo que aferrarnos, observamos el entorno para asegurarnos algo de realidad en nuestras vidas, sin ello, esta película de terror mala, sería insoportable.

jueves, 13 de enero de 2022

Transbordo en Moscú, Eduardo Mendoza

 

En fin, debió decir él cuando se miró al espejo, ya está aquí. Esta manera tan prosaica de comenzar un relato es como quiero empezar esta entrada. Tengo el COVID, vaya, me he puesto tres dosis de vacunas (veo mi cara en el espejo) y estoy alucinado de la magnitud de esta enfermedad. Veo la televisión, muy, muy poco; escucho la radio, menos; algún post, pero no consigo salir fuera del circo de miedo que nos atenaza desde hace dos años, sí, ahora que la padezco es como si la peste me hubiera absorbido a mí también, como si no hubiera podido permanecer en silencio en estos momentos tan especiales de nuestra historia. La enfermedad nos acompaña, pero el miedo amigos, el miedo es otra circunstancia, es la herramienta que nos hace débiles, que nos deja quietos, nos paraliza, es el cáncer que nos devora. No tengo miedo, la verdad, simplemente estoy enfermo, algo de fiebre, dolor de garganta, taponamiento nasal, cierto malestar, mantengo bastante aceptable el gusto y el olfato, la cabeza no me estalla ni las articulaciones me machacan, siento que me estoy perdiendo algo, que el mundo debe estar perdiéndose algo y, claro, vuelvo a mi bucle de que en tiempos convulsos si estás en el ojo del huracán te lo pierdes todo, pero si están en él, también.

viernes, 31 de diciembre de 2021

El Huerto de Emerson, Luis Landero

 

Llegamos a final de año, de este año, no de otro, del año de nuestras vidas, qué triste, del que hemos vivido como si fuéramos conejos y luego halcones, tal vez ni lo uno ni lo otro, solo personas que quieren respirar, que quieren y desean, hombres y mujeres que necesitan aire y ver a otras personas. Pero la información se desata sobre nosotros sin misericordia, agolpada en olas, como las del virus, sin control, siendo sistemáticamente controlada, todo una contradicción; mis amigos dicen que esperan que la mediocridad vacua de los políticos sea la responsable, pero hay intereses, miedos, incapacidades y, sobre todo, postmodernidad. Pero no quiero pensar más en ello, no lo deseo, vengo a hablaros de mi aniversario, vengo a celebrarme entre los hombres, a reivindicarme en el silencio asombroso de las redes, sí, vengo como un vocero de sobremesa a cantar las alegrías de mi literatura, a cantar con vosotros mi espíritu lector, a transmitiros mis impresiones, mis momentos de pasión, soy un bardo con la voz ronca que celebra vidas, ficciones y personajes que se agolpan en mi mente, pero que tienen, increíble, cabida en mi memoria, todos: tramas encubiertas de imposibilidades para escribir, escrituras sin tramas, buenos y malos. Cuatrocientos cincuenta libros, sí, cientos de historias, de momentos agradables, de decepciones, de reflexiones sobre la vida, sobre mí mismo. Leía a una persona que invitaba a leer sin importar la cantidad, desde luego no es mi reto (para eso todos sabéis exactamente cuáles son los libros que deberíais escoger) ni mucho menos, yo leo pausadamente, llevo varios libros a un tiempo: novelas, cuentos y siempre alguno de relatos (he acabado con los de Pearlman y estoy con los de Joy Williams), suelo posponer la lectura de los que me invitan a reflexionar o con los que gozo de una manera que vosotros sabréis interpretar, puedo estar meses porque me niego a que se acaben. Este año me han acompañado Cercas, Márkaris, Camilleri, Leon, Bilbao, Marías, O’Brian, Thuy, Mendoza, Vargas Llosa, Țîbuleac, Bukowski, McEwan, Vonnegut, Gornick, Offut, Flagg, Roony, Ugrešic o el que hoy nos acompaña: Landero.

martes, 28 de diciembre de 2021

Tu rostro mañana. Fiebre y lanza Javier Marías

 

Como en una carrera me veo sin aliento hacia la recta final del año. Esta es la entrada 449, pero la que me importa es la 450, en realidad es una mentira teatral porque me interesan todas las que hago, sin embargo, hay algo erótico en llegar a la cifra de 450, como si esas pequeñas metas supusieran un antes y un después en la vida del escritor. Elijo, aquí no miento, con cuidado los dos libros que voy a comentar este y el otro, los elijo sabiendo que es un reto para mí hacerlo de esta manera acostumbrado al caos en la elección, selección y materialización con la que escribo y leo. No obstante la suerte está echada y cada libro ocupa su lugar, un espacio exacto al que tienen en mi cabeza, es decir, el podio jerárquico. Si bien el que irá en la entrada 450 está en lo más alto, este se queda en el grupo que sigue en carrera. Así es la literatura, no solo hay que escribir bien, qué digo lector, muy bien, ser capaz de recrearse con una madalena (para eso hay que ser Proust), ser capaz de saborear cada palabra y de gustarse, me refiero al propio escritor en su propia obra y en su propio universo, gozar con los párrafos interminables, con los giros gramaticales que dotan a lo escrito de un aura divina que encanta a ciertos lectores, ese barroquismo literario se engancha en los ojos de algunos, la crítica adora los requiebros estilísticos, la perfección formal (no siempre) y ensalza a primera línea mundial al hacedor del milagro literario. ¿Hay literaturidad en la obra? A raudales. ¿Hay capacidad formal y oficio? Excelso. ¿Es canónica? Sin duda. ¿Te ha gustado? No.

domingo, 28 de noviembre de 2021

Las campanas no doblan por nadie, The Bell Tolls For No One, Charles Bukowski

 

En los diferentes escritos a los que accedemos a diario, existen tabús que son difíciles de abordar. Tras la apariencia de una sociedad abierta y tolerante, existen puntos oscuros que no queremos, o no podemos, tomar en consideración, sobre los que no sabemos reflexionar o, simplemente, no queremos habar. La pornografía es uno de ellos. La pornografía, seamos claros, obedece a un obscuro objeto del deseo, a una necesidad de poder y sometimiento sobre el otro; la pornografía sacraliza la posibilidad de ser cuando no se es y de controlar cuando se está sometido. La pornografía consume nuestra imaginación y nos especifica hasta el detalle más escabroso, lo natural, amplificándolo y convirtiéndolo en un placer estereofónico e irreal que consumimos por una necesidad de no ser en nosotros mismos. Lo pornográfico satisface, pues, la violencia de los instintos, dando, en lo ficcional, una salida a la necesidad de ser individuos por encima del bien y del mal. Pero el mal acampa ( hago un pequeño inciso, sigo pensando que el bien y el mal, como términos absolutos y cambiantes, están ligados a las políticas de control sobre los individuos de las diferentes sociedades, o sea, los sistemas de sometimiento necesarios para controlar la supuesta barbarie, necesitan de una cosmología ortodoxa poco difusa que determine los límites del ciudadano; evidentemente, es una obviedad, no se aplica al individuo que posee el poder, y de alguna manera, tampoco a quien ejerce cierta autoridad), se instala en nuestros corazones porque hay una necesidad de romper esa tiranía que nos convierte en objetos del hormiguero. La pornografía es un espejo de nuestras almas, de los recónditos espacios que no nos atrevemos a mirar. Creo que no tiene que ver ni con la pasión ni con el deseo, los destruyen, no tiene que ver con la curiosidad, la fulmina, mas bien tiene que ver con o masculino, con la violencia, con el ejercicio de atributos perdidos, con la frustración de nos ser. Tiene que ver con muchas más cosas, pero hoy os vuelvo a hablar de Bukowsky.

 

sábado, 20 de noviembre de 2021

Ética para inversores, Ο φόνος είναι χρήμα , Petros Márkaris

 

Los cambios sociales se suceden a una velocidad vertiginosa, al menos la percepción que nos hacen tener de dichos cambios. Hay un bombardeo mediático que, en ocasiones, me parece planificado, otras creo que hay una mano invisible que mece los hilos del pensamiento colectivo, pero lo que no tengo claro es si esa mano invisible tiene nombre o es simplemente la propia inercia de los mercados; cuando existen intereses contrapuestos, no uno, sino cientos, las fuerzas de los diferentes vectores hacen que la información se encamine por uno u otro lugar, pura física, por eso si hay pocas fuerzas dominantes, como parece, la información va más hacia una dirección. Sin embargo pienso que la manipulación a que nos someten es una constante, pero quiero alertar que la presión psicológica no es siempre la misma, me explico: el mercado tiene la intención de que consumamos, luego sus políticas son en ese sentido; los políticos locales tienden a perpetuarse en el poder porque es su inercia natural, lo del bien público siempre ha sido pura especulación filosófica, no nos engañemos; los estados mueven ficha en las guerras postmodernas que se hacen en las  diferentes redes, mas no todas las redes son o tienen la misma tendencia ideológica, pero es cierto que algo hay; el pensamiento woke va arrasándolo todo bajo la premisa, falaz, entiendo, de que se puede cancelar el pasado en vez de estudiarlo y aprender de él; el neopuritanismo, como consecuencia, crea una nueva religión laica que sustituye a la tradicional iglesia de fieles; la economía tiende hacia la socialización controlada de ese mantra tan dieciochesco de todo para el pueblo pero sin el pueblo (ahora, te harán creer que todo emana del pueblo); sistemas impositivos confiscatorios, para eso se han de cargar el mérito y la capacidad por ser una aspiración burguesa, quien más tiene es un privilegiado y debe compartir, como eso no es algo natural, se le confisca parte de su esfuerzo sin tapujos, solidaridad impuesta. Todo es complejo, por eso nacen movimientos que se preguntan qué hacer, cómo hacerlo, para qué hacerlo, qué tipo de sociedad queremos crear, para qué vale el esfuerzo, qué debe de proveer el estado moderno.

lunes, 15 de noviembre de 2021

El hombre inquieto, Den orolige mannen, Henning Mankell

 

Las despedidas las asociamos a las pérdidas. Creemos que despedirnos de algo, o de alguien, lleva inequívocamente a la extinción de la relación, es un finiquito inevitable. Pero no siempre es así. Hay despedidas que son un hasta  luego, se necesita aire, se necesita perspectiva o, simplemente, se reivindica un espacio alternativo. Es cierto, no obstante, que hay despedidas que son pérdidas, sobre todo cuando no ha habido despedida. Una pérdida es la ausencia definitiva de lo otro y eso crea una sensación de inseguridad, necesita de duelo: perdemos por la muerte o por los cambios de espacio, perdemos porque desaparece el objeto o parte del objeto o porque decidimos que se desvanezca de nuestras vidas, en todos los casos la momentánea liberación, si la hay, lleva el dolor de la ausencia, menos cuando es una liberación.  Por eso, una vez más, la literatura resuelva como nadie este dilema: las pérdidas podemos recuperarlas volviendo a leer el libro que nos ha hecho felices, hasta el infinito si hiciera falta; y las despedidas, bueno, las despedidas son adioses momentáneos, siempre podemos recuperar a nuestro personaje favorito rememorando lo bueno y la felicidad que nos proporcionó a lo largo de nuestra vida.

 

Aquellas lagunas de memoria lo aterraban

Al fin he dejado que Wallander se vaya. He tardado años, muchos. Recuerdo hablar con un profesor de filosofía, en el café, de nuestro amor por el personaje, por la profundidad de su evolución, su pesimismo tan nórdico, su visión pesimista y triste de la existencia, me acuerdo hablando con él de la inauguración real de la novela policíaca sueca en Kurt, recuerdo muchas cosas, he rescatado, pues, esos recuerdos cada vez que he ido leyendo las novelas, una cada varios años, estas dos últimas en un breve período de tiempo, e iba posponiendo este final que he aceptado. Sabía que se acababa la serie porque el autor había fallecido, así que no podía haber tentación de retomar la obra, y porque hacía años que lo había anunciado en vida. Lo que no imaginaba era el final del personaje: la crueldad de los nórdicos es inagotable, Wallander no muere, pero se le condena a una muerte paulatina en vida, si bien feliz, no deja de ser un final miserable para un personaje inmenso, pero acaso, ¿la vida no es una tragedia en que los finales de Disney solo son posibles en la imaginación adolescente? Tal vez.

La novela sigue las pautas establecidas en las anteriores, pero en esta ocasión el crimen, abyecto por supuesto, no deja de ser una anécdota de la trama, ya que se centra, como si quisiera acabar a lo grande, en una investigación histórica sobre el espionaje de la guerra fría en Suecia, convirtiendo la novela en la primera, que yo sepa, que escribe Mankell de espionaje. Sí, es más bien una novela de espionaje donde se impone la realidad que vive el comisario: su decadencia, sus lagunas de memoria, su instinto, su paternidad, el convertirse en abuelo, su interés por la investigación, todo un cóctel que, desde mi punto de vista, funciona. Sé que hay otros lectores de la serie que no piensan lo mismo, lo achaco a que no saben dejar ir al personaje. Wallander debía seguir su propia evolución para completar esa virtud que tanto admiré en Cervantes de matar a Alonso Quijano, porque ese hecho, tan trágico y tan griego, los convierten en personajes eternos y, lo que es más importantes, en personajes verosímiles. Yo me sigo creyendo a Kurt Wallander.

De la serie me gustan sus reflexiones políticas, su visión social y que inscriba la acción en el marco real en que ocurre sin estereotipar más de lo necesario ni esquematizar en exceso. Este hecho lleva a que se rompa, en muchas ocasiones, el imaginario colectivo de alucinada mitología mediática.

 

No tenía vínculo alguno con las bases del partido. Olof Palme era un tránsfuga, seguro que serio y sincero en su convicción política, pero un peregrino políticamente forastero, que llegó para quedarse por siempre.

 

Wallander sí es un personaje que evoluciona en su vida y en sus actos, está vivo, como he dicho, no es esclavo de su deber literario: el ser policía. Es un hombre que presenta problemas y contradicciones más allá de lo meramente profesional.

 

Yo me espero lo peor insistió Wallander sombrío.

 

La novela va deslizándose de lo policial a la de espías. Quiere basarse en un episodio histórico en que la armada sueca dejó escapar un submarino nuclear soviético en los años ochenta del siglo XX. Ese movimiento hacia otro género dota de cierto interés diferente al relato que pierde la escabrosidad del crimen y su resolución para centrarse en la tensión de la acción.

 

La existencia de los servicios secretos se basa en un juego cuyos principales y más afilados instrumentos son la mentira y el engaño. Y el hecho de que nosotros, los policías normales y corrientes, caigamos de vez en cuando en sus trampas forma parte de ese juego, aunque ese no sea el punto de partida de nuestra existencia, por así decirlo…

 

El pesimismo vital, ese existencialismo sombrío, está presente en cada capítulo y en el ánimo del personaje como una sombra que determinará sus acciones.

 

Nuestras vidas se deslizan despacio hacia el tramo final. Y eso es algo que difícilmente puede cambiarse.

 

La relación padre e hija se mueve en los márgenes del amor y la cotidianeidad, discusiones, preocupaciones. Wallander es celoso de su intimidad consigo mismo y reivindica su personalidad que se desarrolla a lo largo de la novela, es esta la principal diferencia con otra novela policíaca; el desarrollo vital y psicológico del personaje que no aparece en sus características estereotipadas, sino en su dimensión humana.

 

Wallander se enojó un poco al verla llegar tan temprano: ya que estaba de vacaciones, quería disfrutar tranquilamente de sus mañanas.

Se sentaron en el jardín. ¿Estás mejor?

Mucho mejor. ¿Qué te dije?

Sí ¿qué me dijiste? ¿Qué como poca verdura? ¡Qué sabrás tú lo que yo como y lo que no!

 

Con sabor a final, Wallander puede ser honrado y hacer un balance de la vida, ver con claridad qué ha sido y dónde está.

 

De pronto, vio el transcurso de su vida con toda la claridad. Cuatro grandes momentos la conformaban. ”El primero, el día en que me opuse a la voluntad de mi padre y a su actitud dominante y me convertí en policía”, recordó. “El segundo, cuando maté a un semejante en acto de servicio y pensé que no podría seguir, pero al final decidí continuar en mi profesión. El tercero, cuando dejé el apartamento de Mariagatan, me mudé al campo y me hice con Jussi. Y el cuarto quizá sea el día que acepté por fin que Mona y yo no volveríamos a vivir juntos. Esa es, sin duda, la más dura de mis experiencias. Pero…, elegí no me he pasado la vida deseando y dudando para, un día, comprender que pasó el tren y que ya es demasiado tarde. Y yo soy el único responsable. Cuando veo la amargura que embarga a  muchas de las personas que me rodean, me alegro de no estar en su lugar.

 

Como siempre en Tusquets

Nº de páginas:464

Editorial:TUSQUETS EDITORES

Idioma:CASTELLANO

Encuadernación:Tapa blanda

ISBN:9788483831809

Año de edición:2009

Plaza de edición:BARCELONA

Fecha de lanzamiento:01/10/2009

 

Con El hombre inquietoMankell retoma las andanzas del inspector Wallander, del que supimos por última vez en el volumen Antes de que hiele, y, según asegura el autor sueco, tal vez nos hallemos ante la última aventura protagonizada por el entrañable inspector.
La vida del inspector Kurt Wallander ha cambiado ligeramente: no sólo ha hecho realidad su sueño de tener una casa en el campo, sino que, además, su hija Linda lo ha convertido en abuelo. Sin embargo, su tranquilidad se ve perturbada poco después, un día de invierno de 2008, cuando el suegro de Linda, un oficial de alto rango de la Marina sueca llamado Håkan von Enke, desaparece en un bosque cerca de Estocolmo. Aunque la investigación la dirige la policía de Estocolmo, Wallander no puede evitar implicarse, sobre todo cuando una segunda persona desaparece en misteriosas circunstancias. Algunas pistas apuntan a grupos de extrema derecha en el seno de la Marina sueca y a la época de la Guerra Fría, en particular a la década de los ochenta, cuando varios submarinos soviéticos fueron acusados de violar territorio sueco. Wallander comprende que está a punto de desvelar un gran secreto cuyo alcance abarcaría toda la historia de Suecia tras la segunda guerra mundial. Pero una nube aún más negra asoma por el horizonte.

 

domingo, 7 de noviembre de 2021

El negociado del Yin y el Yang, Eduardo Mendoza

 

La memoria de lo vivido es un abismo incontrolable en que se mezcla la realidad, la verosimilitud y la imaginación. Por eso rememorar en la historia, aun a través d elo vivido, no deja de ser una aventura de conquista sobre lo acontecido real, porque es muy complejo desligar lo percibido, lo leído y lo revisado con el tiempo. Todos recordamos episodios que acontecieron en nuestras edades, incluso alguno vivió épocas interesantes, mas es complejo saber qué acontecimientos han configurado, en realidad, la historia o cuáles son simplemente un interés personal sin trascendencia en absoluto. Dicen los chinos, creo, cuando a alguien le desean mala suerte, es posible que esto lo haya dicho en alguna ocasión, que ojalá vivas en una época interesante, porque en el justo medio está la virtud, supongo, y en la vorágine la alucinación ante lo vivido. Creo que vivimos en una época interesante.

miércoles, 20 de octubre de 2021

Chicas felizmente casadas,Girls in Their Married Bliss, Edna O'Brian

 

Cierto sentido del pudor no me permite escribir cuando estoy en estado de ausencia, cuando el decaimiento me lleva a retrotraerme del mundo, aunque siga llevando una vida normalizada: trabajo, risas, trabajo, carretera, lecturas, películas, no sé, navego en mi universo, en los entresijos de los recuerdos y de las ausencias que no consigo recordar, en los vacíos que ya no se van a llenar, en una búsqueda de la esencia del ser que parece no va a llegar antes de partir. Es, la búsqueda, un camino abstruso, lleno de trampas del ego, soluciones sencillas a densidades insondables del alma, pero uno debe seguir siendo, hablando o interactuando en los otros, es un destino fatal de la existencia. La búsqueda es el único objetivo de una vida que merezca la pena.

domingo, 26 de septiembre de 2021

La hora de los hipócritas, Η εποχή της υποκρισίας ,Petros Márkaris

La hipocresía está tan interiorizada en nuestra sociedad que los comportamientos egoístas los confundimos con manifestaciones inequívocas del ser, actos de libertad y de reivindicación de la mismidad. Pues va a ser que no. Los hipócritas, entre los que nos encontramos, bajo la apariencia del bien común o del otro, en un plano mucho más interrelacional, fingen la preocupación por los intereses ajenos para la reivindicación de lo propio. Es una realidad que no podemos obviar en una sociedad enferma de yoidad, de egoísmo rancio y de universos tan propios como vacíos. No es que sea pesimista, simplemente constato una realidad que vivo a diario, que sufro y que, en muchos aspectos, he decidido no padecer más, de hecho, me reivindico ante los hombres, con mis insoportables particularidades y manías, con mis contradicciones, sí yo también lo soy, aunque a veces no lo parezca.

jueves, 9 de septiembre de 2021

Tirar del hilo, L'altro capo del filo, Andrea Camilleri

 

En un mundo tan convulso, un mundo en que algunas noticias nos golpean como barras de hierro en una reyerta, pasa desapercibido el drama humano de la emigración, de los movimientos de gente causados por guerras o hambrunas, sí, es terrible, y lo es porque occidente se enfrenta a una paradoja fundamental, casi irresoluble. Los urbanitas, sí, la mayoría vivimos en ciudades o áreas metropolitanas, tenemos una idea parcial, romántica e irreal de la vida y del mundo, lo pasamos todo por el filtro de la corrección social y política despreciando no solo lo que no entendemos, que son muchas cosas, sino también pontificando sobre todo lo que ha de ser. Una ortodoxia identitaria, una estupidez sin límites. Eso nos lleva a olvidarnos de los territorios despoblados, de las subvenciones de supervivencia de actividades ruinosas porque es más fácil así que enfrentarnos al problema de que nuestra profunda estulticia nos ha llevado a preferir vivir como marqueses mientras no veíamos cómo otros seres humanos producían para nosotros a precios de risa, pero eso tiene consecuencias que se llaman geoestratégicas, consecuencias letales porque las personas, en un mundo conectado, pueden querer vivir con dignidad, pecado capital. Paro importante, puestos sin cubrir y territorios que se mueren frente a ciudades cada vez más grandes; necesidad de gente frente a ciudadanos inactivos, lo dicho, una paradoja muy compleja. A mí me preocupan mucho los temas relacionados con los refugiados y los movimientos migratorios, sé que siempre han sido fundamentales en los auges y declives de las sociedades, pero asistir en directo a dramas como Siria o Afganistán (evidentemente los dramas brutales de África ni  nos los muestran) es duro, complejo porque odio la ortodoxia ideológica.

jueves, 2 de septiembre de 2021

Con el agua al cuello, Trace Elements, Donna Leon

 

Las vacaciones son el tiempo imaginado para descansar del mundo reencontrándose con él, me explico, es el tiempo en que podemos ser más conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor, al fin y al cabo hay menos ruido, el silencio de los medios debería ser menos abrumador porque se supone que nos encontramos en un periodo en que disfrutamos de la molicie, el paseo, las visitas o de cualquier otra actividad que nos relaje; yo aprovecho para escribir, para tomar apuntes, para fijarme en las cosas que acontecen, en personas que actúan de una u otra manera y recrear historias en mi cabeza; sin embargo todo tiene sus peligros, por ejemplo esperar que los demás compartan contigo tus ilusiones o proyectos, en el fondo, hemos de comprender que los proyectos que se inician se hacen por uno mismo, para su solaz, su alegría, si queremos compartirlos hemos de ser lo suficientemente maduros como para entender que no siempre podemos enganchar al otro en lo que nos apasiona. Eso, además, deben ser las relaciones adultas, ¿no? Aceptar que cada uno tiene sus necesidades y es dueño de sus silencios.

Una vez más nos acercamos a Brunetti, son muchas, veintinueve, que se dice pronto, y de todas os he hablado en este blog. Esta en particular me ha gustado, llevaba algunas en que no conseguía sentirme atraído por la figura y la escritura, pero aquí he conectado de nuevo con la autora y mi adorado personaje. Estamos de vacaciones, en Venecia hace un calor horrible, es parecido a la humedad que he padecido est verano, sudas, tienes ataques de calor húmedo y crees que te asfixias ahogado por el agua, no sé si el título hace referencia soterrada a esa sensación de asfixia que tenemos los mediterráneos cuando viene este calor de bochorno, esta sensación de asfixia o al tema de interés político y social que decide centralizar la novela, porque como todas las del comisario tiene un trasfondo de carácter político y, en este caso, ecológico. Hace referencia a un problema importante al que nos cuesta enfrentarnos y es a la sobreexplotación agrícula que lleva a la contaminación por nitratos del subsuelo y a los vertidos incontrolados de cierta industria a espacios protegidos con e consiguiente deterioro ambiental y humano. Ambos conviven con la corrupción y la falta de criterio de personas sin escrúpulos.

Un aspecto que me ha gustado especialmente ha sido el dilema moral que se le presenta a Brunetti, el dilema de la justicia, del deber, de la posibilidad de castigar y si siempre es posible castigar a la persona correcta o, sin embargo, hay ocasiones en que hay culpas que no pueden ser castigadas, sí, deberá elegir en momento determinado porque no siempre la justicia normativa es compatible con la justicia real, ese dilema eterno y que motiva la filosofía, se expone de una manera clara y dolorosa.

Hay otros aspectos presentes que nos ayudan a reconocer de inmediato la novela: la gentifricación que conlleva la sustitución de nativos con menos recursos por gente con más recursos en barrios específicos de la laguna y el desplazamiento de estos al extrarradio, y la turistificación que lleva a las mareas de personas y a hacer, en la práctica, la laguna intransitable con comportamientos absurdos, como cortar el gran canal porque unos niñatos se han lanzado a bañarse al agua, o la imposibilidad de transitar sin ser tocado.

 

El sol azotaba los cutis quemados, el sudor les manchaba la espalda y los hombros, el agotamiento se agazapaba tras ellos. No obstante, caminaban hacia delante sin cesar: tristes, perdidos; apenas se fijaban en los hitos que flanqueaban su marcha, sino que el calor, la deshidratación y el hambre los volvía insensibles a todo lo que veían. Lo único que les daba paz era seguir adelante.

 

En el principio de la novela observamos la elegancia d ela escritura, la inteligencia formal que describe la situación y Venecia com personaje silente, además de otros aspectos como el clima que aparecen para situar al lector imaginario de la narración.

 

Un hombre y una mujer enfrascados en una conversación se aproximaban a los escalones del Ponte dei Lustraferi, ambos con aspecto de estar acalorados e incómodos esa tarde de finales de julio. La ancha riva no tenía compasión con ninguno de los que la transitaban; la superficie blanca de la piedra trabajaba en connivencia con el sol y reflejaba en sus rostros la misma luz que les azotaba la espalda.

 

En seguida se centra la acción, los temas que preocupan a B aparecen en toda su crudeza: la sostenibilidad ambiental, la sobreexposición de la ciudad, la acción del hombre sobre los sitemas, la necesidad de equilibrio y así, el lector, ya es consciente de las consecuencias o motivos: corrupción política, abusos e intereses que dejan al margen la colectividad.

 

Brunetti paseó la mirada por los bancos del canal, donde el lodo y los residuos de varias décadas habían quedado a la vista. El cieno azabache empezaba justo por debajo de la marca de las crecidas y se hacía cada vez más espeso a medida que aumentaba la profundidad. Oscuro y putrefacto, de olor fuerte y desagradable, resbaladizo y pringoso, tenía el aspecto de los desechos humanos, y le provocó a Brunetti un asco casi tan intenso como el miedo.

 

Como siempre la novela ha de ir más allá de la investigación policial que sirve como excusa para enfrentarse al problema social o ambiental que quiere analizar, por eso siempre encontramos reflexiones sobre el hecho humano porque B es, no lo olvidemos, un personaje verosímil que se configura con ciertos rasgos prototípicos para ayudarnos a reconocerlo, pero también reales que le ayudan a ser, vivir y accionar.

 

Qué desagradable oír los juicios negativos que nosotros mismos emitimos, qué difícil enfrentarnos a nuestra propia intolerancia. Lo mejor que podía hacer Brunetti era encogerse de hombros.

 

Como os he comentado la novela aborda la reflexión moral sobre la acción justa, es decir, la ética personal frente al deber frío y aséptico se plantea en el dilema de la resolución de la trama que resulta ser complejo y tramposo, pero cierto como cualquier dilema moral.

 

Rememoró las Euménides y el iintento desesperado de os personajes por comprender la justicia basada en algo que no sea la venganza. Las furias, sin embargo, defienden su sed de venganza: «Somos fieras y el hombre no puede desviarnos». Castigan, siempre pensando en  «el mal cometido» y amenazan con que el perdón «atrapará a la humanidad en el caos moral».


En Seix Barral.

 

Nº de páginas: 352

Editorial: SEIX BARRAL

Idioma: CASTELLANO

Encuadernación: Tapa blanda

ISBN: 9788432236389

Año de edición: 2020

Plaza de edición: BARCELONA

Traductor: MAIA FIGUEROA EVANS

Fecha de lanzamiento: 10/03/2020

 

Un apasionante caso lleno de actualidad sobre la contaminación y la especulación del suministro de agua en Venecia.

Desde la residencia donde pasa sus últimos días postrada en una cama, Benedetta Toso, enferma de cáncer con apenas treinta y ocho años, quiere hablar con Brunetti de algo que no quiere llevarse consigo a la tumba. Débil y al borde de la muerte, la mujer apenas consigue tener algún momento de lucidez y esbozar algunas frases sueltas que implican a su marido, Vittorio Fadalto, muerto recientemente en un accidente de tráfico, con un dinero obtenido de forma ilegal y que, en consecuencia, su muerte fue en realidad un asesinato. «Ellos le mataron», cuenta al comisario. Desgraciadamente, antes de poder obtener más información al respecto, la mujer expira su último aliento.
¿A qué dinero ilegal se refería? ¿Quiénes son esos «ellos» a los que Toso acusa de haber asesinado a su marido? El fino hilo de investigación llevará al comisario hasta el lugar de trabajo del hombre, Spattuto Acqua, una empresa privada encargada de vigilar por la calidad del agua en Venecia. Allí, Brunetti no sólo se enfrentará a la verdad sobre si Fadalto fue asesinado o no, sino a un caso de soborno entre los empleados con el objetivo de ocultar vertidos contaminantes en el agua, lo que podría tener consecuencias catastróficas en la salud de los venecianos.

 

 

 

 

 

 

 

martes, 17 de agosto de 2021

Vi, una mujer minúscula, Kim Thuy

 

Otra vez tiempos convulsos, otra vez dolor y pasmo ante las noticias que nos traen las redes, inmediatez, alucinación ante la construcción de la barbarie de los bárbaros, porque estos construyen una violencia 2.0, una construcción postmoderna e inocua de la muerte: los talibanes entran en Afganistán, dicen, como si alguna vez hubieran desaparecido y muestran al mundo escenas idílicas de una bondad que nace de su convicción religiosa, como si sus convicciones fueran el amor universal o la fraternidad entre todos los hombres, tanto, la apariencia, que la gran organización tan post segunda guerra mundial, tan buenista, tan in, les pide un gobierno inclusivo, y no produce cabreo, no produce sonrojo, porque vivimos en un orden chupi guay, multicultural en que cualquier manifestación cultural es válida, y por supuesto religiosa, menos las que no valen, claro, plagadas de violadores pederastas y otras lindezas, u opciones políticas no aptas para el consumo de la población sensible y progresista, es un mundo global, donde todo se respeta, todo se trivializa y el relativismo es la norma dominante, eufemismo power, criminalización, ofensa, y eso genera la paradoja de la uniformización, cuanto más diversos creemos ser, mucho más iguales somos en realidad. Otra vez refugiados, otra vez saltarse las reglas de respeto de los derechos humanos (prefiero creen en elementos básicos de dignidad), otra vez dolor, otra vez imágenes manipuladas, otra vez palmeros justificando la decadencia de occidente, otros resaltando el domino asiático, algún otro queriendo explicar el repliegue del imperio, pero ninguno de nosotros sabemos, ni alcanzamos a intuir, que ni todas las personas son ciudadanos, ni todos los hombres viven en el idilio de la igualdad y la fraternidad, hay gente que sufre, gente que vive como animales, y mientras tanto, las hordas de llorones se quejan de que viven en la opulencia. Cuánto nos queda por sufrir.

viernes, 13 de agosto de 2021

Independencia, Javier Cercas

 

Hay tormentas secas que revierten el flujo de la lluvia y evaporan el agua para sustituirla por un aluvión de rayos que nos aterrorizan. Terra Alta, Gandesa, ahora en La Pobla de Massaluca se quema la vida, el bosque mediterráneo se incendia, vive y se regenera, es su virtualidad, la incomprensible dinámica que nos lleva a la especulación. Esta maña una política abogaba por bajar la masa forestal y sustituirla por pastos, siempre todo tan rural, locus amoenus que nos reencuentre con el Edén perdido, manipulación, tiros al aire para revertir la dinámica de millones de años, ese período inabarcable de oscilaciones térmicas, de Co2  a gogó, de oscuridad inconcebible e inaprensible, cambios, cambios, todo fluye en el infinito irrelevante de la vida en nuestro planeta, masas polares, cálidos vergeles, tormentas incontrolables, inundaciones, paraísos cálidos, desapariciones, apariciones, adaptaciones y desaptaciones, todo observado con la soberbia de nuestros ojos miopes. Ha habido un incendio, pues, hay una ola de calor, vaya, y el milenarismo se abate sobre nosotros porque necesitamos que algo vaya mal. Algún día alguien respirará.

lunes, 9 de agosto de 2021

El rey recibe, (Las tres leyes del movimiento I) Eduardo Mendoza

 


El verano es una época de contrastes, por una parte dejamos el trabajo para disfrutar de las vacaciones, y por otra, anhelamos lo que no tenemos, nunca nos conformamos, nunca tenemos bastante con lo que el día a día nos sorprende. Sin embargo he descubierto que no añoro la actividad frenética de mi día a día, para nada, la molicie se ha instalado en mí y no siento la culpabilidad luterana de perder el tiempo, al contrario, siento que tendré tiempo para redimirme y pedirme perdón, si procediese, porque el cuerpo y la mente también necesitan desconectar de la gran farsa. Es curioso, pues, que esté escribiendo esto cuando, al ir a comenzar, tenía el firme propósito de excusarme por no haber hecho las entradas que había prometido, mas conforme escribía, escuchando las sonatas  para chelo de Bach interpretadas por Mischa Maisky, he descubierto que me importa un pito, que este blog que disfrutáis, o que ignoráis, es mi particular cápsula del tiempo, el reducto al que vuelvo cuando me lo pide el cuerpo para satisfacer la vanidad de quien no es capaz de escribir como un escribidor de verdad. (Anotación: me encanta cuando comparto impresiones con alguno de vosotros sobre lo que os ha parecido tal o cual lectura, ¿Vanidad?)

miércoles, 4 de agosto de 2021

Conquistar el cielo, , Divorare il cielo, Paolo Giordano

 

Hace tiempo que me dedico a vivir la vida sin preocuparme por este blog, por ser fiel a mi compromiso con todas vosotras, con todos los que habéis seguido enganchados este tiempo. Es curioso, entro en las estadísticas de visitas y, sin haber publicado nada en 30 días, triplico las de un mes normal con tres o cuatro entradas, cosas de los robots y de internet, de los indexadores y de los posicionamientos de Google, quiero pensar, pues, que los fantasmas se acercan a los restos de mis pensamientos de una manera ordenada, como en una procesión de cualquier pueblo mediterráneo, con la precisión americana de las nuevas tecnologías, emoción, pero fraude, porque lo a lo que yo me comprometí, es lo que hay, es a traeros mis libros, sí, no aquellos que han configurado mi pasión lectora (os participo que, aunque no he hecho ninguna entrada, he leído unos seis libros), sino los que han ido presentándose en mi vida estos últimos años.

miércoles, 30 de junio de 2021

Tiempos recios, Mario Vargas Llosa

 

Es tremendamente complejo cuando has escrito más de cuatrocientas entradas y crees que ya has hablado de todo: de la vida, de la muerte, del amor, de la amistad, de los celos, de la envidia, de los pecados, de los lectores, de la pandemia, de todo, en fin, es difícil seleccionar una nueva idea, por eso te queda una extraña sensación de fraude cuando perfilas temas sobre los que ya has hablado y pretendes ser original porque crees que quien te lee necesita la novedad para seguir siguiéndote y es, en este preciso momento, cuando te preguntas que qué coño hacías cuando empezaste a escribir, que cuál era su finalidad y es, entonces, cuando recuperas del desván de la memoria que solo querías mantener una bitácora de tu navegación por el mundo de la literatura y la creación de un canon propio que te ayudara, cuando la cabeza flaqueara, a recordar tal o cual libro, tal o cual género; sin embargo el tiempo me ha cambiado, claro, y mis pequeños ensayos se convierten en eso, en objeciones a lo contemporáneo, a reflexiones sin polémica de lo político. Hoy podría hablaros de la diferencia, de la mentira, del discurso del demagogo, del malabarismo del orador televisivo, o también podría deciros que, aunque nos cueste creerlo, se sigue escribiendo literatura y que un octogenario, creo, es capaz de componer una obra densa pero sin el peso absurdo de la pretensión de la inmortalidad. Hay obras que son literatura en sí mismas.

sábado, 12 de junio de 2021

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, Vara în care mama a avut ochii verzi, Tatiana Țîbuleac

 

Sigue fluyendo la vida a pesar del dolor, del aluvión de seres que se van difuminando de una manera asombrosa en el éter de los medios. La vida no es ser feliz, esa es la estafa que nos venden los gurús de los nuevos tiempos, esa paja diaria, ese orgasmo sostenido en cuerpos de un ensueño del que se hace difícil despertar. La felicidad es un recurso, un estado transitorio, la vida es dolor, trabajo, amor, frustración, soledad, tristeza, alegrías, la vida es todo ese conjunto que la hace apasionante, difícil, trabajosa, tremendamente compleja de transitar y administrar. La vida, la vida comporta la muerte, la pérdida que se oculta y solo se nos muestra cuando sobrepasa el horror tolerable de las normas, pero la muerte es una parte tan significativa y necesaria en lo humano que asusta aceptar que es normal. Ahora todo cambia sin permiso, somos parte del plan sin estructura de unas mentes que habitan el egoísmo sin miramientos, pero nos queda el refugio de saber que somos humanos, de verdad os lo digo, que sentimos dolor, que podemos aceptar que no somos el algoritmo. No pienso más, necesito que leáis esto que os ofrezco como el pan, como el vino, como el aire que añoráis, ahora, sí, ahora mismo, para abrir la mente y entender que somos mucho más que imágenes:

Después de todo, todo ha sido nada,

a pesar de que un día lo fue todo.

Después de nada, o después de todo

supe que todo no era más que nada.

Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!».

Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!».

Ahora sé que la nada lo era todo,

y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.

(Era ilusión lo que creía todo

y que, en definitiva, era la nada).

Qué más da que la nada fuera nada

si más nada será, después de todo,

después de tanto todo para nada.

(José Hierro, Vida)

viernes, 4 de junio de 2021

Máquinas como yo, Machines Like Me, Ian McEwan

 

La tecnología invade todos los espacios de nuestra alma, nuestro cuerpo y nuestros espacios. La tecnología se ha convertido en la sacralización deificada que puede transformar o crear cualquier cosa: sustituye el anhelo indeleble del hombre de creer que su vida tiene algo más de sentido de lo que sus proyecciones le dicen, que el constructo de su personalidad no se evaporará en el mismo instante de la muerte, porque el hombre moderno no quiere mirar a la muerte, no acepta el devenir oscuro de la existencia, no, necesita emular las hazañas de los dioses, sentirse superior a cualquier deidad que haya existido o que pueda existir, de ahí su obsesión por que la tecnología se convierta en el único fin que, como especie, hemos de conseguir. Sin embargo, la tecnología, no es más que una aplicación mecánica de nuestra inteligencia, una ayuda que nos permite evolucionar a un ritmo diferente, a encontrar nuevos espacios que podamos explorar en nuestro afán aventurero, por eso atrae tanto, por eso nos entregamos a sus abrazos, a sus contradicciones, porque si no lo hacemos, quedaremos desnudos ante un espacio con olor a tierra húmeda ( o quemada, no lo sé, pero desde luego ante la naturaleza que se nos ofrece, en realidad, como la única certeza de destino).

lunes, 24 de mayo de 2021

El día del ajuste, Adjustment Day, Chuck Palahniuk

 

¡Cuántas veces me tocará hablar de las relaciones humanas! Es un tema inagotable, da para crear un blog en el que solo hablemos de ello. Cada día descubro, entre sorprendido y sumiso, que la realidad no se agota en sí misma y es mucho más amplia de lo que puedo imaginar. Hace poco hablaba de la amistad, de lo importante que es, dentro de ese abanico inabarcable que es las relaciones humanas, de que tener un amigo llena la vida de gozo, de autoafirmación y de ganas de vivir, pero sé que aquello obedecía a un anhelo o , peor, a un estado de ánimo que determinaba mi visión positiva de la vida. Sé que me equivoco, soy adorablemente equívoco o equivocador, o ingenuo, sé que la amistad no es más que un espejismo donde proyectamos nuestro deseo de contentar y ser admitidos; me parece que volvemos inevitablemente a la infancia cuando en el patio del cole buscábamos la aprobación de tal o cual compañero, no descansamos hasta lograrlo, somos inasequibles al desaliento, pero no deja de ser una fantasía de la psique que juega con nosotros como lo que somos, niños.

miércoles, 12 de mayo de 2021

Terra alta, Javier Cercas

 

Pasan tantas cosas en un par de semanas que cualquier pensamiento parece que se queda obsoleto antes de ser materializado. A veces pienso en cómo introducir mi próximo post en este blog, construyo mentalmente un discurso que intente comprender i/o analizar un hecho que me pueda preocupar, sin embargo queda rápidamente atrás, como un recuerdo vago e inconsistente que no puede explicar el nuevo mundo que se ha generado en pocos minutos. Hoy veo con preocupación la masacre que el virus hace en la India, los bombardeos de Hamás y la más que probable respuesta israelí, veo los datos del paro o me preocupan las razones por las que no llegan componentes para la industria; leo en las redes sociales a gurús del odio, o asisto como espectador al nacimiento de las nuevas religiones, abandonados los trabajadores, esquilmados, los nuevos popes necesitan políticas identitarias que van o irán cayendo en sus propias contradicciones, pero que generarán, con el proselitismo necesario, nuevos acólitos, que con la genuflexión pertinente, señalarán, vituperarán y militarán en las cruzadas postmodernas de la nada. Mientras respiro el poniente asfixiante de mayo con un libro en las manos, para qué quiero pensar más de lo necesario si tengo pan y circo.

martes, 27 de abril de 2021

Matadero cinco. La cruzada de los niños. Slaughterhouse-Five, o The Children's Crusade Kurt Vonnegut

Ruido. Solo oigo ruido. Un ensordecedor ruido que consigue que me pierda. Ruido de palabras, ruido de voceros con púlpito, ruido amenazante, ruido que se instala en el silencio de mi cerebro. En la radio, ruido, en la televisión, ruido, en los diarios, ruido, aleja la necesidad de la calma, de la reflexión, de ser capaces de actuar como personas, solo la estridencia enferma de mediocres empoderados, de seres que habitan la soberbia y sonríen con condescendencia al individuo. Desenfocan conscientemente creyéndose los nuevos reyes de los sonidos, los maestros de la palabra, los demagogos ingeniosos de una nada a la que abocan al ciudadano. Mas reivindico el silencio entre las bombas, entre las amenazas; silencio ante las diatribas de mercado; reflexión ante las certezas de los dioses de siempre; discernimiento ante los odios que anidan en los corazones; escuchar en vez de vociferar. La literatura una vez más me amansa, pero mi corazón bate con violencia.

lunes, 5 de abril de 2021

Cuentos eróticos de Navidad, VVAA

 

El día es fantástico, un sol primaveral ilumina el espacio tiempo a pesar de encontrarme cercano al abatimiento, deambulando por las salas oscuras de mi cerebro. De senectute, sí, la vejez me rodea y observo sin impaciencia qué significa: observo a mi padre,  observo a mi madre, veo el paso del tiempo en sus rostros, en sus voces, sin embargo mis ojos, los que se encuentran en el laberinto de mi mente, los ve en un punto de ese mismo espacio tiempo inalterado por los años que parecen hacer mella en los cuerpos, los veo como el niño que quiero seguir siendo, imagino, los veo como probablemente quiero que sean. Y además estoy yo. Me dicen que la reacción a la vacuna pandémica es directamente proporcional a la juventud, más cuanto más joven se es, menos en la vejez, como si el sistema inmune nos abandonara a nuestro destino, un destino, el que sea, dentro de la marea vocinglera de sabios que nunca han sido; sin embargo conozco jóvenes apáticos ante la reacción y mayores como yo con una reacción temperamental, salvaje, como si la juventud se negara a marcharse tras décadas de existencia. Pero lo cierto es que no importa, importa que hay quien me ve dentro de la senectud, abandonando lo que los tiempos entienden por ser joven, a saber: la apariencia necesaria de la piel tersa, los pechos firmes y las cirugías necesarias, por eso me pregunto que si los ojos con los que me miro al espejo o con los que observo a mis padres son los mismos ojos con los que los demás me ven, si no me conocieron en mi adolescencia prolongada, ¿es posible que me me miren en esa quietud del tiempo? Es probable que sea imposible y que mi alma no traspase mi cuerpo, que no se me pueda percibir con la fuerza de mi ímpetu, en el yo mismo que creo percibir en cada palpitación, cada ansiedad. Es posible que me haya crecido la nariz, los lóbulos de las orejas o que me cuelguen los huevos requeridos por la tierra, quién sabe si estoy más fláccido, tengo menos energía o mi rostro es el cuadro idóneo del paso del tiempo, lo cierto es que, conforme escribo esto, miro mis manos sobre el teclado y veo a un hombre que desea, que piensa, que respira con fortaleza y que siente al niño gritar temeroso e inconsciente todos los días. La vejez es un punto irremediable, ser viejo es abandonar el camino del niño, y de momento, quiero pensar que queda quien ve quién soy, no quien parezco ser.

jueves, 18 de marzo de 2021

Universidad para asesinos, Σεμινάρια φονικής γραφής,Petros Márkaris

Hace un día lluvioso, desapacible, sin embargo algo en el ambiente me gusta, huele a hongo, a la humedad ancestral que consigue que pueda cerrar los ojos e imaginar. Una amiga me habla del embarazo, de la incertidumbre de ser madre, del miedo o los miedos, de las dificultades e, incluso, de la llamada de la naturaleza. Sospecho que igual que huelo a lluvia y se despiertan en mí recuerdos de otros siglos, ella cierra los ojos y siente que necesita que algo palpite en su vientre, que algo nazca de la tierra, ser la diosa blanca, la madre originaria que configuró la vida. Tal vez eso sea el instinto, tal vez no pueda ser racional, aunque lo racionalizamos todo, lo encasillamos para poder comprenderlo, pero, ¿es posible hacerlo? Por supuesto, sé que somos seres únicos, aunque tengamos la necesidad de replicarnos, por eso comparto que la maternidad hoy, más que nunca, es una opción. Las decisiones que tomamos no siempre obedecen a lo objetivo, existe la necesidad, el hígado o las circunstancias, existe el ambiente y el otro. A veces tengo miedo, en estos tiempos tenebrosos, de saber que tengo dos hijos, tengo miedo de su futuro, de su presente, miro con temor qué ocurre porque no lo sé, la incertidumbre es terrible, pero he de deciros que vivir es levantarse cada día sin saber qué nos va a ocurrir, ayer fui feliz, disfruté, respiré, reí y hoy necesito llorar. Acaso ¿podría ser más privilegiado?

domingo, 7 de marzo de 2021

La mujer singular y la ciudad, The Odd Woman and the City, Vivian Gornick

 

Mañana es 8 de marzo. No me gustan los días en que se celebran cosas, no me gustan nada, imagino que obedece a un deseo irrefrenable por parte del organismo bien pensante de crear necesidades y tributar a colectivos que se lo merecen, que necesitan ser reconocidos. Esta celebración se asocia a los movimientos feministas que se la han apropiado como punta de lanza de un lucha identitaria que abarca, al menos, los últimos sesenta años, aunque podríamos irnos hasta la ilustración o los movimientos sufragistas. A mí me interesa mucho el pensamiento feminista, he leído a pensadoras notables como Butler, Falquet, Freedman,  Glick, Guillaumin, Karkasis, Lagarde, Lamas, Lavigne o Witting,  por eso respeto las aportaciones teóricas e ideológicas y me alejo de sectarismos hostiles e inútiles que utilizan la dialéctica para prescindir de ella: lo notable parte de la discusión, del enfrentamiento crítico, de la necesidad de confrontar y estar dispuesto a ceder. Hoy en día los grandes movimientos ideológicos, el me too, el black matter, la celebración del 8 de marzo, son movidos por hooliganismos que me preocupan porque alejan la posibilidad de cualquier mirada crítica, de cualquier pensamiento propio, sigo diciendo que el espíritu del puritanismo norteamericano lo invade todo como un virus. Hoy me permito hablaros de esto, aunque las últimas tendencias impiden a quien no sea de un colectivo discriminado hablar del mismo, permítanme la licencia de escribidor. Y eso no es digno de ser celebrado.

sábado, 20 de febrero de 2021

Mi padre el pornógrafo, My Father, the Pornographer, Chris Offutt

 

Mi padre el pornógrafo, pero podría ser mi padre médico, mi padre el espía, mi padre ingeniero o mi padre catedrático. La relación con el padre ha ido cambiando con el tiempo, de los padres que marcan la autoridad intra familiar y determinan el futuro de la unidad, a los padres postmodernos que emulan el parto. La paternidad ha sido cambiante y nuestro papel en la misma también. Del padre alejado del hijo en el que se veía, en el mejor de los casos, un seguro de descendencia patrimonial, al padre afectado por los sentimientos del vástago; del padre ausente de otras épocas, al padre implicado; del padre que se preocupaba por proveer, en el mejor de los casos, y construía un mundo particular propio en el que podía disfrutar lo que le habían dicho que era la masculinidad, al padre que ve en su hijo las frustraciones incumplidas de sus sueños de Peter Pan; es curioso, igual ser padre consiste en no abandonar del todo la adolescencia, o sí, madurar sin abandonar la ilusión de un futuro que, no nos engañemos, no suele cumplirse. Ser padre como ser cualquier cosa, esposo, amigo, compañero, hermano, trabajador o jefe, es difícil, porque vivir es difícil, porque estamos programados para creer que podemos cumplir unos sueños que, estoy convencido de ello, muchos no han construido por sí mismos, sino que han sido implantados por el entorno, por el deber ser, por la rigidez de la norma o la relatividad moral en otros momentos. En esta época extraña, líquida, fronteriza, relativista, se quiere desdibujar definitivamente el hecho de ser padre, alejar al hijo y, en ese sentido platónico tan intenso, dejar a la prole a cargo del Estado que determinará el futuro de cada uno de ellos. Soy un clásico, porque el Estado es un conjunto de personas que pueden ser también padres o madres, que tienen criterio y caparían al individuo en aras del yo colectivo y de los intereses particulares de quienes gobiernen; la historia es muy significativa cuando  nos habla de estas cosas. Por eso lo dicho, soy un clásico, yo me quedo  con el dolor, con los estigmas que significa la filiación, el peso genético y cultural que heredamos del padre, los temores y complejos, la perplejidad y la incomprensión, las reafirmaciones que no se han producido, las conversaciones que sí, los choques de la adolescencia y los dolores de cabeza de la madurez, lo que les echamos en cara y lo que nos echan a nosotros, el amor recibido y el amor no recibido, la frustración y el bienestar de pasar un rato en silencio, la tiranía emocional, sí, elegiría mil millones de veces ir al psiquiatra antes que renunciar al padre. ¿Como padre? Como padre vivo la extrañeza del reflejo, el cargar en el hijo mis expectativas, en desear por ellos, en amarlos de una forma indeterminada, en sacrificarme sabiendo que es una excusa genial para no tener que ejecutar mi voluntad de ser: coartada perfecta, siempre podré decir que mis hijos han cortado lo que esperaba para mi propia vida. Pero, ¿sabes? Los veo y sonrío.