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12 junio 2026

Pachinko, Min Jin Lee


Tengo una profesión extraña. Ni soy escritor ni investigador ni ejerzo de filólogo, sin embargo, ejerzo de todas ellas. Mi profesión es una suerte de cajón de sastre en que cabe el estilo, la gramática o la crítica literaria. También la docencia, el asesoramiento técnico o el análisis lector. En esta última me paro. Mi vocación real es la de lector, de disfrutón de la palabra, de entendido en las artes de la ficción. No quiero decir que con las otras facetas no disfrute, para nada, lo que afirmo es que ser un lector profesional, casi lo puedo afirmar sin sonrojarme, es lo que más me satisface. Os lo explico. Ser un lector no agota, te da siempre margen de redimirte de tus pecados cuando has leído una obra sin sustancia y, además, no cobro un duro por ello, acaso, ¿no pensáis que en ese romanticismo decimonónico no se encierra la esencia la de la felicidad?

26 marzo 2025

La vegetariana, 채식주의자, Han Kang

Ser uno mismo, cuando uno sabe que es uno mismo, no es nada fácil. El vivir en sociedad tiene peajes que no siempre queremos pagar o que nos cuesta pagar, para el caso, el caos interno es parecido. Hay una constante en las personas inteligentes que es la lucha interminable entre su yin y su yang, entre la conducta receptiva y la conducta activa, entre ser aceptado y aceptarse. Una lucha sin cuartel que impide la felicidad porque es un enigma que cuesta desentrañar. Pero en ocasiones hay quien decide tomar el camino de la mismidad, del yo percibido y ahí se monta el espectáculo. El rechazo, el alejamiento o la extrañeza ante el ser amorfo (porque se desconfigura de los parámetros que delimitan su espacio-tiempo), la complejidad de la aceptación se convierte en un problema que no todos quieren aceptar, ni tienen por qué hacerlo, claro. Aun así, quienes van más allá de los límites de la moral, de los espacios creados en lo civilizatorio, quienes dejan que su pulsión los tome, abordan caminos inexplorados y difíciles.

20 febrero 2025

Lo que sabe la señorita Kim, 우리가 쓴 것, Cho Nam-joo


Los medios, cuando lanzan una novela, utilizan clichés para enganchar a cierto sector del público lector. Últimamente, utilizan etiquetas como feminista, woke o impactante; en ocasiones, más arriesgados, asaltan conceptos como obra maestra, libertad creativa o el más vendido en el mundo (¡Más de cien mil ejemplares vendidos! ¡Cuarta edición (con mil ejemplares reales cada una)!). El márquetin literario engaña al lector; su finalidad, como toda disciplina de ventas, es colocar un producto; así, la literatura se convierte en mercancía que compite en un mercado con exceso de oferta. ¿Cómo, acaso, un lector no avezado, podría desenvolverse con garantías en el océano inescrutable de las novedades literarias? Pero, claro, eso es un riesgo que no todos quieren aceptar y una guía que muchos quieren tener.