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03 septiembre 2026

Te receto un gato, NEKO WO SHOHO ITASHIMASU, 猫を処方いたします, Syou Ishida

Le damos muchas vueltas a la salud mental, algo por completo lógico en el mundo en que habitamos. Vivimos deprisa, decidimos deprisa, consumimos deprisa; también deseamos a una velocidad para la que quizá no estamos preparados. A esa aceleración se añade el descontento ante la imposibilidad de ser quienes creemos que deberíamos ser o, peor aún, quienes querríamos haber sido si la vida hubiera repartido las cartas de otra forma. Hay ahí una especie de sueño alucinatorio que nos invade. Para una parte amplia de nuestro universo occidental ya no basta con vivir, comer, tener una casa, trabajar, amar a alguien o llegar al final del día sin que ocurra ninguna catástrofe: necesitamos estímulos, experiencias, reconocimiento, cuerpos deseables, viajes, restaurantes, casas abiertas al mar, éxito profesional, sexo, juventud, belleza, dinero, una felicidad que además pueda fotografiarse. El gran escaparate está abierto las veinticuatro horas. Basta mover un dedo. Las redes sociales nos enseñan cuerpos escogidos, instantes escogidos, habitaciones escogidas, sonrisas escogidas; después nosotros hacemos algo bastante absurdo: comparamos esa selección ajena con la totalidad de nuestra vida. Consumimos esas imágenes en fracciones de segundo, una detrás de otra, hasta que lo excepcional adquiere apariencia de normalidad. No sé si hemos aprendido a digerirlo. Tal vez nuestro cerebro siga interpretando como cercano, posible e incluso alcanzable aquello que solo existe ante nosotros porque millones de personas compiten por mostrarnos durante unos segundos la parte de sus vidas que merece ser mostrada. El problema empieza cuando la posibilidad se convierte en expectativa, la expectativa en exigencia y la exigencia en una extraña conciencia de agravio: si otros lo tienen, ¿por qué yo no? Entonces aparece la frustración, pero también algo más incómodo, la incapacidad para aceptar que toda vida tiene límites y que elegir una cosa significa renunciar a muchas otras. Incluso quienes alcanzan ese territorio excepcional quedan atrapados en la contradicción. Pensemos en un futbolista que cobra seis millones de euros al año porque posee una capacidad que casi nadie tiene y ejerce una profesión que mueve cantidades obscenas de dinero: puede sufrir, deprimirse, sentir miedo, romperse por dentro; el dinero no vacuna contra nada de eso. Pero existe otra cuestión distinta: resulta difícil pretender los privilegios de una posición extraordinaria sin soportar parte de la presión, la exposición, la crítica o la responsabilidad que esa misma posición produce. Queremos la riqueza, no su coste; la fama, no la mirada ajena; el cuerpo admirado, no la disciplina; el éxito, no la posibilidad del fracaso. Queremos, en definitiva, entrar en todos los escaparates sin pagar ninguna entrada. No se puede. Y quizá una parte de nuestro malestar nazca ahí, en esa perpetua insatisfacción, en ese estar instalados en la nada del todo, rodeados de posibilidades que existen ante nuestros ojos pero que nunca formarán parte de nuestra vida. Qué difícil es aceptar tu espacio.

23 julio 2026

Mis tardes en el pequeño café de Tokio, 木曜日にはココアを Michiko Aoyama

Qué agradables son los cafés. En ellos nos sentimos bien con nosotros mismos, un poco a salvo de las rutinas que nos persiguen y, sobre todo, de ese calor exterior que supera los treinta y cinco grados con vocación de castigo bíblico. Ese rato de aire acondicionado se convierte en un oasis, casi en un pequeño canto a la libertad. El cuerpo se relaja; el cerebro deja de obedecer, vaga por espacios limpios, vacíos, sin trabas, y uno entiende que ha llegado el momento ideal para dejarse llevar, sonreír al camarero y pedirle un cortado del tiempo, con hielo, como si en ese gesto mínimo se concentrara una forma modesta de felicidad. Mientras tanto, vemos pasar a la gente deshidratada por avenidas inmensas, jaulas ingobernables de un calor sofocante. Parece —y es así— que se derriten al cruzar la acera, y miran con ojos tristes los coches cerrados, también ellos encapsulados en su propio aire acondicionado, como nosotros en el bar. El cambio climático, el calor extremo, el debate sobre si instalar o no estos aparatos. En París, por ejemplo, asunto nacional; aunque tampoco parece que allí se hayan planteado demasiado lo de la calefacción, quizá porque hace un frío que aquí, en la costa, ni conocemos ni queremos conocer. ¿Acaso las calefacciones de los edificios no se alimentan de gas, gasoil o de otras alegrías fósiles? Pero ya sabéis: cada uno ve el cambio climático según le va en el asunto. Demonizar al otro es una costumbre muy de nuestro tiempo; bueno, lo concedo, y de todos los tiempos.

18 junio 2026

Las iras, Pilar Andón

El marco de expectativas es un lastre brutal para nuestra cultura. En otras latitudes, es cierto, la existencia de un horizonte alto de una expectativa vital previamente definida puede funcionar hasta el punto de integrarse en la propia idiosincrasia de esa sociedad. Me viene a la cabeza el pensamiento puritano, el determinismo, con esa obligación casi teológica de llegar a ser exactamente aquello que los otros esperan que seas; después, claro, los psiquiatras se forran. Pero nosotros no procedemos de ahí. No tenemos esa base cultural, ni esa arquitectura moral, ni ese pacto íntimo con la predestinación social. Por eso, cuando asumimos un marco referencial que no nos pertenece, algo se desenfoca: la vida deja de medirse desde lo posible y empieza a juzgarse desde una promesa ajena. Y de ahí nace un malestar personal considerable, una incomodidad que muchas veces no sabemos nombrar, pero que acaba encontrando su salida más fácil en la rabia, en la ira. Rabia ante lo que creemos que debería haber sido. Ira por aquello que sentimos que se nos ha usurpado. La ira, entonces, se instala con fuerza en nuestro entorno y actúa como síntoma de una decadencia social más profunda, porque la colisión entre lo que imaginábamos que la vida debía ofrecernos y lo que finalmente es se convierte, para mucha gente, en una contradicción inasumible. Ese sentimiento violento no deja de ser una reacción visceral, primitiva, casi defensiva, ante la agresión que percibe nuestro sistema vital cuando la realidad no coincide con el relato que le habíamos impuesto. La ira como síntoma; las redes y los medios como desencadenantes, amplificadores y coartada. Nos lo hemos de mirar.

02 enero 2026

Antes de que se enfríe el café, コーヒーが冷めないうちに, Kohi ga Samenai Uchi ni, Toshikazu Kawaguchi

Empieza el año y he estado leyendo sobre la barbaridad de libros que lee la gente, claro, la gente que lee. Yo he leído lo que me ha apetecido; ni es mucho ni poco, ni nada, son solo lecturas que me han acompañado y que han ayudado a que mi mundo se expanda y sea más interesante. Leer contrasta con otros placeres; el nuestro —como he dicho muchas veces— es diferido, postergado. Es genial saber que hay una historia inacabada esperándote, que está ahí y que no se va a perder, que seguirá la leas o no. Es cierto que, si no acabas con ella, queda inconclusa; lo que te aporta es incompleto, pero da lo mismo, algo queda, y ese poso es el que se incorpora a tu vida para expandir el pensamiento, pero también la propia experiencia de lo vital. En conclusión, no sé si leo mucho o poco; lo que sí sé es que leo. Es algo que siempre me ha acompañado y que espero que siga acompañándome.

07 octubre 2025

El día de la liberación, Liberation Day, George Saunders

La literatura es una búsqueda constante por presentar la realidad o la ficción desde una perspectiva diferente. Se puede optar por contar historias, reflejar esa trama con mayor o menor acierto. También podemos elegir el ficcionar, inventar o navegar por los recovecos de la imaginación. Pero puede haber en todo ello una alternativa, hacerlo buscando la proyección estética, es decir, tener la intención de crear una obra de arte, explorar los límites de la herramienta, la lengua, y jugar con su estructura o con el significado de las palabras. En ese momento entran en el escenario las metáforas, las imágenes, el ingenio, al fin y al cabo, del escritor. Por esta razón, me gusta estar al día de propuestas que pretenden ofrecer y explorar, lo hagan con mejor o peor fortuna, sean más agradables desde el punto de vista intelectual o ensayos fallidos de la inteligencia. Al lector también le puede gustar experimentar nuevas sensaciones, descubrir, sí hoy todavía podemos descubrir, nuevas maneras de contar, nuevas escrituras que se la jueguen con el marco o con el contenido. Es una experiencia intensa, los juegos intelectuales lo son, aunque la lectura no nos haga mejores personas.

13 junio 2025

La marrana negra de la literatura rosa, Carlos Velázquez

Es difícil acertar con la nueva literatura, me explico. Existe una subcultura, algo así como el underground, que gusta de la irreverencia y el canallismo. Se manifiesta en el cómic, en artículos del Penthouse o en folletos autopublicados. No siempre llega al gran público, paso también con la música. Hay grupos incapaces de entonar una canción, hacer bien un acorde o llevar el ritmo el baterista. Pero a veces son cultura. Hay ocasiones, las menos, en que son capaces de encontrar el camino del alma humana, de las pasiones, de los anhelos, de ese grito visceral mórbido que nace del propio hígado. Es una cultura que se ocupa de lo aburgués, de lo que está fuera de la plácida comodidad de la butaca o el sofá con series de Netflix. Es, al fin y al cabo, expresión popular del descontento, de la amorfa realidad que no podemos entender ni empeñándonos en ello.

03 junio 2025

Ojos de perro azul, Gabriel García Márquez

Queremos creer que los autores canónicos siempre están a la altura de lo que esperamos de ellos. En ocasiones, hemos empezado a leerlos a través de una gran obra que determina nuestro espíritu lector. La mayoría de los lectores acceden a alguna otra obra siempre y cuando tenga relevancia o éxito. Solo unos pocos se preocupan por analizar todo el corpus en profundidad para conocer, analizar y tener un conocimiento cierto del creador. Pero esto no siempre trae consigo un placer estético, un goce literario; los autores también pueden hacer obras inaugurales, tardar varios libros en encontrar el tono y la marcha en el flujo de su literatura. Cuando esto pasa, ocurren dos cosas. El lector medio se decepciona, no entiende que se hayan publicado ciertas obras. El especialista busca para encontrar cómo, a partir de ensayos de escritura, el autor se encuentra a sí mismo y en su literatura. Esto pasa con esta colección de García Márquez.

06 mayo 2025

Hervaciana, Gonzalo Hidalgo Bayal

Los años escolares quedan en el recuerdo como si hubiéramos escalado el Everest: hay algo de leyenda y de mito. Además de mucho romanticismo que erotiza la etapa de la infancia y adolescencia. El colegio es, y será, el espacio en que somos conscientes de que existen otros semejantes y que puedes relacionarte con ellos; también el espacio místico de los descubrimientos, no solo de tu cuerpo, sino de que en la sociedad hay buenos y malos, acosadores y amigos. En mi caso el cole fue de niños, literalmente, de filas en el recreo y cuadrarse en gimnasia, se llamaba así. De saltar el plinto o de jugar doscientas personas simultáneamente en el patio, a un fútbol con sus propias reglas, el bocadillo en la mano y la sonrisa en la cara. Fue tiempo de todo, de la ignorancia más absoluta de la vida y las relaciones más variopintas que nos podamos imaginar: gente bien de las pedanías de Valencia y quinquis setenteros de barrios marginales, todos a una, todos bajo las batutas de los salesianos. Guardo amistades, guardo recuerdos y reconstruyo el relato como me da la gana.

09 abril 2025

Amistad de juventud, Friend of My Youth, Alice Munro

Hoy pensaba sobre las relaciones humanas, sobre cómo afrontamos el decir a otro que algo es de una manera porque no podemos decirle que es de otra. No lo hacemos, no queremos, da lo mismo, el problema no radica en la información que concluye lo mismo, sino en la forma de trasmitirla. Una decepción puede ser diferente si conocemos las razones, si sabemos cuáles son las causas, compartidas o no, pero podemos hacernos una composición de lugar de lo que ocurre y lo que no. El ámbito laboral puede ser la selva, os lo digo yo, porque la información fluye con intereses, al menos en el nivel en el que me muevo, eso implica que lo que te llega, puede estar tamizado de tal modo que parece una cosa diferente de lo que es. Sé que hemos de estar preparados para lo contingente, pero eso no implica que, cuando sabemos por qué se produce un hecho, preferiríamos saber todas sus aristas, seguro que nuestras relaciones mejoraban y nuestras reacciones serían mucho más racionales.

03 abril 2025

Gallo loco, Crazy Cock (originally titled Lovely Lesbians) Henry Miller

A veces me da por las rarezas. Me explico, busco obras o relatos de un autor que me gusta e intento conseguirlos y leerlos. El gusto por Miller me viene de lejos (en el blog encontraréis entradas sobre El coloso de Marusi, El ojo cosmológico y La sonrisa al pie de la escalera), he ido leyendo sus obras principales: los Nexus, Plexus, Sexus, Trópicos a lo largo de los años y siempre me ha gustado cuando se adentra en el surrealismo aderezado de un egocentrismo adolescente e inmaduro que me identifica. Lo que quiero deciros es que la literatura juega con los autores y estos con nosotros, no toda la obra de nuestro autor favorito merece la pena, para nada, pero sí merece la pena descubrir todo lo que ha escrito.

19 marzo 2025

Cuentos escogidos, Joy Williams


El mundo de los relatos es tan complejo como fascinante. Tardé en llegar a él por los prejuicios culturetas que había en mi generación. Es posible que entendiéramos los cuentos como el género pobre de la novela o como un hermano menor a medio hacer, solapado por la fuerza de las grandes obras. No lo sé, pero llegué tarde. Sin embargo, pronto quedé fascinado por la capacidad de síntesis, el oficio que llevaba al escritor a conseguir condensar toda una trama en unas cuantas hojas. Tal vez en ese momento, me aficioné al realismo sucio, a la hermosa sencillez de los enunciados cortos, la ausencia de subordinación, de descripciones interminables; ello nunca ha implicado que no disfrute con lo meramente literario, el arte por el arte, vamos, pero sí que tengo cierta tendencia a ese tipo concreto de narrar. Nuestra autora, pues, cubre mis necesidades, me ha proporcionado un placer infinito; es lo bueno del placer diferido e intelectual. El libro lo leí durante muchos meses, lo simultaneaba con otros muchos, cada vez un relato, luego descanso, así hasta completar su lectura.

20 febrero 2025

Lo que sabe la señorita Kim, 우리가 쓴 것, Cho Nam-joo


Los medios, cuando lanzan una novela, utilizan clichés para enganchar a cierto sector del público lector. Últimamente, utilizan etiquetas como feminista, woke o impactante; en ocasiones, más arriesgados, asaltan conceptos como obra maestra, libertad creativa o el más vendido en el mundo (¡Más de cien mil ejemplares vendidos! ¡Cuarta edición (con mil ejemplares reales cada una)!). El márquetin literario engaña al lector; su finalidad, como toda disciplina de ventas, es colocar un producto; así, la literatura se convierte en mercancía que compite en un mercado con exceso de oferta. ¿Cómo, acaso, un lector no avezado, podría desenvolverse con garantías en el océano inescrutable de las novedades literarias? Pero, claro, eso es un riesgo que no todos quieren aceptar y una guía que muchos quieren tener.

19 noviembre 2024

Los misterios de la taberna Kamogawa, Kamogawa shokudô, Hisashi Kashiwai

La comida ha estado presente siempre en la historia de la literatura como elemento caracterizador, bien psicológico, bien social. Comer es tan natural como cualquiera otra actividad humana, por eso su presencia la hemos visto desde la epopeya de Gilgamesh, pasando por la caracterización de lo comido en Sancho y Quijano en el Quijote,  o de Bloom en el Ulises  de Joyce. También en novelas como la de Jean-Patrick Manchette, Fatal; la Gran Soufflé de Lola Piera Todos muertos de Chester Himes . También en clásicos de la novela negra y policíaca como   El largo adiós de Raymond Chandler; en detectives o policías como los adorados Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán, Montalbano de Camilleri, Jaritos de Márkaris o Brunetti de Dona Leon; incluso en clásicos canónicos como Moby Dick de Herman Melville; en la literatura hispanoamericana con   Afrodita de Isabel Allende o en la japonesa con la novela  Amrita de Banana Yoshimoto. Hay muchos más casos, porque la gastronomía configura los caracteres, retrata la sociedad y dice mucho de los personajes. No es lo mismo la comida rápida e insana de la novela negra americana, que la sensibilidad e importancia que adquiere en la japonesa o en la mediterránea. En cualquier caso, el hecho de que esté presente me ha parecido siempre algo agradable, hermoso y que dice mucho del ambiente general de las tramas y personajes.

15 enero 2022

Visión binocular, Binocular Vision: New and Selected Stories, Edith Pearlman

 

Pasan los días y seguimos inmersos en una tristeza que nos huele a antigua. Estamos en mitad de una distopía que abate los ánimos y enciende las alarmas del miedo. Miedo. Ya hablé del miedo. La incertidumbre ante el paso del tiempo, el temor a no avanzar, la certeza de que la mentira se ha instalado en los altavoces informativos, el estupor ante la mediocridad infinita de nuestros mandarines, la seguridad de que vivimos en un bucle de alucinación. Pero no importa. Miramos lo cotidiano como si fuera lo único a lo que aferrarnos, observamos el entorno para asegurarnos algo de realidad en nuestras vidas, sin ello, esta película de terror mala, sería insoportable.

28 noviembre 2021

Las campanas no doblan por nadie, The Bell Tolls For No One, Charles Bukowski

 

En los diferentes escritos a los que accedemos a diario, existen tabús que son difíciles de abordar. Tras la apariencia de una sociedad abierta y tolerante, existen puntos oscuros que no queremos, o no podemos, tomar en consideración, sobre los que no sabemos reflexionar o, simplemente, no queremos habar. La pornografía es uno de ellos. La pornografía, seamos claros, obedece a un obscuro objeto del deseo, a una necesidad de poder y sometimiento sobre el otro; la pornografía sacraliza la posibilidad de ser cuando no se es y de controlar cuando se está sometido. La pornografía consume nuestra imaginación y nos especifica hasta el detalle más escabroso, lo natural, amplificándolo y convirtiéndolo en un placer estereofónico e irreal que consumimos por una necesidad de no ser en nosotros mismos. Lo pornográfico satisface, pues, la violencia de los instintos, dando, en lo ficcional, una salida a la necesidad de ser individuos por encima del bien y del mal. Pero el mal acampa ( hago un pequeño inciso, sigo pensando que el bien y el mal, como términos absolutos y cambiantes, están ligados a las políticas de control sobre los individuos de las diferentes sociedades, o sea, los sistemas de sometimiento necesarios para controlar la supuesta barbarie, necesitan de una cosmología ortodoxa poco difusa que determine los límites del ciudadano; evidentemente, es una obviedad, no se aplica al individuo que posee el poder, y de alguna manera, tampoco a quien ejerce cierta autoridad), se instala en nuestros corazones porque hay una necesidad de romper esa tiranía que nos convierte en objetos del hormiguero. La pornografía es un espejo de nuestras almas, de los recónditos espacios que no nos atrevemos a mirar. Creo que no tiene que ver ni con la pasión ni con el deseo, los destruyen, no tiene que ver con la curiosidad, la fulmina, mas bien tiene que ver con o masculino, con la violencia, con el ejercicio de atributos perdidos, con la frustración de nos ser. Tiene que ver con muchas más cosas, pero hoy os vuelvo a hablar de Bukowsky.

 

11 febrero 2020

Tiempos negros, AAVV


Ayer venía pensando sobre la muerte, no es que el libro me haya mediatizado por que nos hable de partes más o menos escabrosas de lo que ocurre en la sociedad, no, venía pensando en cómo se oculta la enfermedad y después la muerte aparece como algo que no trasciende, anecdótico; si quien fallece tiene fama, se le honra en lo público, si familia, en el seno, a veces con la exposición en lo público, pero hay una tendencia a ocultarla, como si el cadáver no fuera en lo que nos vamos a convertir algún día, como si no fuera parte importantísima de quienes somos y por dónde andamos. No existe pornografía en la muerte privada, sí en la pública, en los cadáveres de una guerra, en ocasiones de una matanza, porque parecen monigotes que no nos atragantan el bocado cuando comemos viendo el telediario, o de un crimen infecto que hemos seguido día a día por la televisión con miles de horas de audiencias que, impúdicamente, se relamen con un dolor mediático que pueden consumir; pero la muerte privada es otra cosa, se oculta, y se oculta más si ha habido una larga enfermedad, vaya, una terrible enfermedad o vaya usted a saber qué enfermedad o circunstancia menos poética. Lo pornográfico se consume, lo trascendente se oculta.

12 septiembre 2019

Cuentos completos John Cheever


Que raro volver a hablar con vosotros, comunicarme en este final del mundo a medida que sufrimos por la gota fría, calientes, o fresquitos, en nuestras casas, mientras las imágenes de la catástrofe, a escasos metros de nosotros, se suceden por la televisión como si fuera una serie de HBO, en el fondo, espectáculo: la muerte, la devastación, la fuerza de los ríos que solo eran eriales, de las montañas que devoran poblaciones y de la gente huyendo escalando montañas, todo una sucesión de imágenes que vienen a nosotros sin esfuerzo. Antes la desgracia nos alcanzaba en diferido, era más impactante.

15 agosto 2019

Secuelas de una larguísima nota de rechazo, Aftermath of a lengthy rejection slip, Charles Bukowski

secuelas de una larguisima nota de rechazo-charles bukowski-9788493669522Estamos en verano tomando elsol y dejándonos salpicar por niños salvajes que se lanzan como kamikaces profesionales al agua. Da igual dón de estés, da igual dónde te pongas, da igual las prevenciones que tomes, es indiferente, son capaces de alcanzart, en ocasiones, acompañados de padres con cara de satisfacción angelical. Así que me queda poco por hacer, no sé, leer, adentrarme en mi mismidad y ver el horizontes con y sin nubes. Poco más. En ocasiones miro las copas de los árboles o leo algún artículo que me envían por whatsapp, pero me he quedado sin datos, así que me refugio en Wolfe y en el Ángel que nos mira o Entre los visillos de Martín Gaite, en Factotum, será mi próxima entrada, acabo Cheever, también a Mallo, también Aixa de la Cruz, pero seguro que ya lo había dicho, os lo había contado, pero esta molicie ancestral se apodera de mi cerebro no puedo activarlo ni con las proverbiales salpicaduras de esos ángeles que se bañan como si no hubiera mañana.

18 marzo 2019

Hijo de satanás, Septuagenarian Stew: Stories & Poems Charles Bukowski


Resultado de imagen de hijo de satanás bukowskiMañana es el día del padre, me emociona la capacidad del márquetin moderno para poner el punto sobre algo que debería ser normalidad, es decir, relaciones paterno filiales sanas. Sin embargo es del gusto de la industria, esa mano  negra entrañable que nos gobierna, al menos, desde hace ciento cincuenta años, el inventar el día de, después promocionarlo y, para acabar, obligar con sutil amenaza de ser un ser anti social, consumir como si no hubiera mañana, posiblemente no lo haya, pero, ¡qué coño! a mí me importa una higa de las buenas. Uno de los regalos estrella, por seguir el discurso, es un libro, objeto de veneración, casi mítico, objeto, repito, dotado de un carácter místico e inalcanzable que se ofrece tal tesoro maya y que el padre, ser comprensivo, recibe con éxtasis teresiano porque quedará divino en su estantería de premios planeta y, si es muy mayor, en la colección completa del reader digest, obra de referencia en los anales de la literatura.

24 diciembre 2018

Cuentos completos, Juan Carlos Onetti

Llega el tiempo de Navidad y siempre creo que debo algo a los lectores del blog, les debo, al menos, entrar con cierta regularidad y poner mis impresiones de lo que leo. Este mes ha sido imposible abrirlo, hacer lo que me gusta hacer, que es escribir, reflexionar y ofrecer diferentes libros que han llegado a mí de algún modo.  Por eso os pido disculpas, cuando uno acepta la responsabilidad de escribir, la acepta en toda su extensión, con todos sus problemas.