Miro por la ventana, pero no me hace falta, el aire se cuela por los oídos, la vista y el tacto, creo que todo sabe a aire. El clima me tiraniza, consigue agotarme o hacer que sonría nada más levantarme. Son tiempos difíciles, como los aires de Almudena Grandes, época en que se huelen los cambios, en que la gente vive alterada, nerviosa, sin saber muy bien cuál es el camino que deben tomar. Así transcurren las vidas en las ciudades, igual no en el campo, en los lugares recónditos, pero sí donde la gente se agolpa, y es ahí donde la moral se ausenta y la política se convierte en una lucha de acólitos enfermados por la pereza de pensar. Son momentos de incertidumbre, sin embargo, en el espacio público, solo vemos certezas, actitudes ortodoxas que no admiten movimientos. La heterodoxia, como he dicho muchas veces, es para otro tiempo, para otro ánimo, para otra vida.
El libro que os presento me ha parecido sensacional. Sí. Consigue tomar lo bueno de la tradición novelística sajona. Prosa brillante, trama engarzada en los pensamientos que el autor presenta con literatura. Si bien la historia, las historias, toman con fuerza la actualidad, y lo hacen con la fuerza de la lengua, o sea, la literaturidad va forjando la trama, no la trama usa de la lengua.
No es casual que la crítica haya recibido esta novela con entusiasmo. Se ha hablado de ella como una gran novela social contemporánea, una obra ambiciosa que retrata el estado moral y político de nuestro tiempo. Algunos han subrayado su capacidad para capturar el pulso de Londres como microcosmos de Occidente; otros han destacado su energía narrativa y su inteligencia satírica. Incluso ha sido comparada, por su amplitud y ambición panorámica, con la tradición decimonónica inglesa.
No obstante, también se han señalado sus riesgos: la densidad de personajes, la complejidad estructural y la extensión pueden exigir del lector una atención sostenida. Pero acaso esa exigencia forma parte de su propuesta. No es una novela complaciente; es una novela que obliga a pensar, a posicionarse, a soportar la incomodidad de reconocerse en lo que denuncia.
El libro es prolijo en temas, fluido, describe muy bien la soberbia de la élite cultural y dirigente, la caída en la corrupción o la emergencia de movimientos sociales reivindicativos. Occidente contaminado, su enfermedad, la podredumbre de una ética que cada vez más adolece de valores. La uniformidad, esa visión nihilista de la moral, la denuncia progresista o la delincuencia carente de escrúpulos. Impacta y atrapa. Evoca, es precioso, lecturas cruzadas.
«—No, odian que tengas lectores. Odian que tengas un punto de vista que no es una fotocopia del suyo, y que aterrizaras de improviso en el departamento sin un doctorado. Odian que digas cosas que no pueden controlar.»
Con independencia de la complejidad inicial de los personajes que requiere una guía ad hoc, esta reflexión me golpea en un mundo en que se establece un único pensamiento tolerable, dirigido y acrítico. Es una afirmación contrarrevolucionaria.
«—Sí me da, Jennifer. ¿Puedo llamarla Jennifer? Estoy profunda y permanentemente avergonzado por usar mi cerebro de una manera tan absolutamente independiente.»
A veces, el tono elevado de muchos diálogos y las reflexiones artísticas, políticas o filosóficas le dan un tono muy agradable. El análisis del mundo de los media es implacable. La obscenidad es palmaria. Parte de nuestra era.
«Ahora mismo, mientras hablamos, está sentada en St. John’s Wood, jugándose el pellejo por opiniones que ayer no tenía. Cuando menos te lo esperes, la invitarán a unirse al gobierno.
—Está cualificada para ello —dijo Campbell.
—Así es. Por periodista y por mentirosa.»
La política juega con el sentimiento del ciudadano. Intenta atraerlo y que se convierta en una suerte de cliente postmoderno a través de los impuestos, pero el poder entiende de interés, normalmente el propio, y se mueve en ámbitos que el votante no intuye. Su ética está bien diferenciada, pensada para perpetuar el estatus y juega con la desigualdad para mantener, precisamente, ese mismo estatus. En el buenismo, la percepción del político como ser bueno contrasta con la acción política que busca cubrir las necesidades de este poder y lleva, en ocasiones, a la corrupción. Primero del espíritu, luego la de la virtú. Total, no importa, se mueven en un ámbito moral diferente donde los límites son otros.
«Es lo que le pasa a la mayoría de los liberales —se dijo William—, por eso son incapaces de gestionar el poder, por eso sus partidos políticos son un desastre: no comprenden su verdadera naturaleza, sus verdaderas aspiraciones y el sentimiento, ¡la certeza!, de que lo que quieren para sí mismos es mucho mayor que lo que quieren para los demás. Los supera. Por eso se concentran tanto en los sentimientos y en hacerse los dolidos, en ponerles nombres a las cosas, en la corrección, porque no tienen estómago para la desigualdad de la que dependen.»
En ese sentido, su recepción crítica confirma lo que el lector atento percibe desde las primeras páginas: estamos ante una obra que no solo narra, sino que interviene. No busca agradar, sino exponer. No pretende ofrecer consuelo, sino diagnóstico. Y en tiempos como estos, donde la ortodoxia se disfraza de virtud y el pensamiento independiente se castiga con el aislamiento, una novela así no solo es literatura: es también un acto político en el sentido más noble del término.
ISBN: 978-84-10178-37-3
Nº de colección: 340 / Mayo 2025
Número páginas: 672
Editorial: Libros del Asteroide
Idioma: Castellano
Idioma original: Inglés
Formato: 21,5 x 14 cm
Precio: 29.95 €
Londres, mayo de 2021. Campbell Flynn es un profesor universitario de mediana edad casado y con dos hijos que ha dejado atrás sus orígenes humildes y se ha convertido en un prestigioso intelectual. Su vida en apariencia idílica esconde una serie de deudas, que Campbellpretende liquidar publicando un polémico libro de autoayuda. Mientras, Milo Mangasha, su alumno más brillante y transgresor, lo adentra en el mundo de la darknet y las criptomonedas; William Byre, su mejor amigo, está atrapado en un monumental escándalo; su cuñado, el duque de Kendal, mantiene turbios tratos con varios oligarcas rusos; y la vida de Campbell terminará cruzándose con la de gente de lo más diversa: migrantes ilegales, políticos corruptos, pobres pensionistas, aristócratas venidos a menos, periodistas militantes, traficantes e influencers.
Caledonian Road es un afilado retrato de la sociedad, la política y el dinero británicos, una monumental novela social sobre un Londres aceleradamente corrosivo, que ha sido aplaudida como la novela definitiva sobre la Gran Bretaña postbrexit.

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