Llevo
tanto tiempo con este blog, tantas entradas, tantos libros leídos que me
resbalo en mí mismo buscando nuevos temas sobre los que escribir, buscando qué
libros pueden interesarme. Es una sensación extraña; sin embargo, cuando me
encuentro desencantado o leo que Mendoza dice en Puerto Rico que “Me da igual
que la gente no lea, la mayoría de libros son una birria”, podía haber dicho
que una basura, me enfrento a mí mismo y al
abismo de miles de libros que todavía no he leído y que no son basura,
que merecen ser leídos, escrutados, así me pregunto qué finalidad tiene mi
blog, si lo que pretendo realmente es establecer un canon, pero sé que no es
así, que no quiero decir a nadie qué leer o qué no leer, solo quiero guardar en
la memoria los argumentos, las historias y las dimensiones recreadas por
cientos de autores en un momento de su vida, y que, cómo no, han contribuido a
recrear un mundo de sensaciones y virtualidad que me ha hecho tal y como soy,
pero sigue siendo innegable, no os voy a engañar, que este canon tan particular
lo es porque se cimenta en mis lecturas, en las casualidades que me han llevado
a cada una de ellas. Puedo contaros que leí Libertad, del mismo autor, porque
oí una tertulia con Andrés Amorós y lo que dijo me pareció muy interesante,
seguro que ya lo he contado en este espacio, o que me lancé a Miller porque mi
amigo Vicente me dijo que era sublime, vi un Trópico en casa y me dije, ya que
le he mentido como un bellaco, al menos me lo he de leer, o cómo busco en
Internet unas llamas, una Nueva York porque he leído en algún sitio que es un
libro excelente y se queda en ciudad en llamas, título poco sugerente.
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