Así
que me enfrento a un nuevo libro de Franzen, y no espero Libertad ni las
Correcciones, pero espero a Franzen, espero su estilo enérgico, su inteligencia
desbordante, el alter ego de Wallace, algo así como un desorden muy organizado,
una densidad inteligible, digerible. Por eso no me importa lanzarme a los
cientos de páginas del libro, ir entendiendo su estructura y los motivos del
título, y pronto lo descubro. Descubro a Purity, al personaje principal y creo
que el título es en honor a ella.
Y
ahora se vinculaba con la palabra «pureza», que para ella era la más embarazosa
del diccionario porque era su nombre de pila. Le daba vergüenza su carnet de
conducir, aquel PURITY TYLER junto al retrato sombrío de su rostro, y rellenar
un formulario se convertía siempre en una pequeña tortura.
Sin
embargo, voy descubriendo que ella es un motivo de virtú, de pureza original
que comparte con el resto de personajes. La pureza es una cualidad primigenia
que configura al ser, que le ayuda a ir construyéndose, por eso todos los
personajes tienen un principio de honradez original, de pureza en un sentido
general del término. Todos. La madre, el padre, incluso Andreas que se mueve en
los principios de una transparencia universal de denuncia de la opacidad desde
la densidad. Es posible que la trama sea el descubrimiento de la virginidad, de
la transparencia, o no, que Purity sea solo un personaje que se configura,
porque al final es eso lo que va ocurriendo que el personaje se hace a través
de la dificultad de la escritura. Es como estar en un laberinto gramatical
donde conforme leemos tapamos el camino andado, por eso es difícil, es una
lectura que requiere tesón, ánimo, donde el lector se pregunta por qué tantas
páginas, por qué es necesario entrelazar tantas historias personales para
contar la vida y el autodescubrimiento de una joven; sin embargo, es posible
que la literatura fuera eso, fuera, digo, construir historias encadenadas para
poder entender los mundos recreados. Así ese descubrimiento de la pureza
primera va derivando en el posibilismo de la realidad, en la perversión de los
fines y, en definitiva, en la vida misma.
Así el
libro se va construyendo poco a poco con un esquema clásico en que las
historias se van encadenando para trabar la trama. Las historias sirven para
entender los fines de los diferentes personajes y las conexiones que establecen
entre ellos. Debo decir que, en ocasiones, me ha parecido algo forzado.
Por
delante, los pozos de gas y petróleo, las perforadoras para el fracking, los
pastos sobreexplotados, los cebaderos para el ganado, los acuíferos exhaustos.
Todas las facetas de Amarillo ofrecían el testimonio de una nación que
destacaba en todo lo malo: líder en población carcelaria, líder en consumo de
carne, líder en cabezas nucleares estratégicas y operativas, líder en emisiones
de dióxido de carbono per cápita, líder en la lista de espera para el arrebato
del juicio final. Guste o no guste a los estadounidenses progresistas, Amarillo
se parecía mucho a la imagen que el resto del mundo tenía del país entero...
Andreas
es un Snowden-Asange moderno, limpio, de fines honrados, puro en cierto
sentido, que pretende desenmascarar las superestructuras del poder desde un
punto de vista de absoluta coherencia; no obstante, la pureza puede construirse
desde el dolor y la opacidad, o desde la casualidad. Los medios de la nube
permiten la interconexión absoluta y el control general de la información y la
población. Los nuevos mecanismos de control favorecen, paradójicamente, un
control absoluto sobre la información.
Gracias al ejemplo de Assange, había aprendido que las manifestaciones mesiánicas a propósito de su misión eran una locura y, aunque haberse hecho famoso por su pureza le producía una satisfacción irónica, no se hacía ilusiones acerca de su capacidad de alcanzar esa pureza. La vida con Annagret lo había inmunizado contra eso.
Franzen
sigue siendo un maestro a la hora de diseccionar quirúrgicamente a los
personajes, de adentrarse en sus almas, en sus vidas de ficción y dotarlos de
verdaderos procesos existenciales, de tocar diferentes aspectos se la vida.
La irracionalidad de su resentimiento habría sido más demostrable de no haber persistido en sentirse secundaria en la vida interior de Tom...
Como
en La broma infinita de su amigo Wallace, este libro es una contradicción
infinita con ciertos guiños a la obra maestra, tenis, cortos imposibles y arte
fílmico, espionaje, causas incomprensibles que se adentran en la ficción de la
propia realidad.
Entre
la pila de basura de Stephen había encontrado una vieja raqueta de tenis Pro
Kennex...
Gracias
a algunas lecciones de tenis que había recibido en las clases de educación
física del instituto, sabía que debía mantener la mirada fija en la bola y
atacarla de costado...
Tenía
una cámara que se activaba sola en la gorra de los Yankees que siempre llevaba
puesta, y un aparato diminuto que filmaba vídeos colgado de un cordón alrededor
del cuello...
Sólo
me quedaba intentar calmarla para que pudiera seguir adelante con la
contemplación y la filmación de sus genitales.
Además trabaja diferentes temas, es muy interesante el del matrimonio como una fusión de dos personas hasta la anulación y la apertura a nuevas fronteras relacionales. Tal vez el problema de las relaciones sea el exceso de conversación.
—¿Seguir
con alguien a quien quieres y que te necesita es un acto de cobardía?...
Me ha
parecido irregular, denso, diferente a la frescura de los libros anteriores,
aun así, es recomendable, claro. Lo podemos encontrar en Salamandra, y os dejo
todo lo que os interesa.
Título
original: Purity
Número
de páginas: 704
Si la
literatura es el instrumento ideal para que el ser humano ilumine los recovecos
más oscuros de su mundo interior y perciba con mayor nitidez la realidad que lo
circunda, Jonathan Franzen es el novelista contemporáneo que más se ha atrevido
a explorar las fronteras que condicionan nuestra existencia. Con Pureza,
Franzen ha logrado superar el listón marcado con su anterior novela, Libertad,
que en su momento supuso un hito admirado y reconocido en todo el mundo tanto
por voces expertas como neófitas.
A
partir de las vidas entrecruzadas de un puñado de personajes retratados con un
grado de realismo que hipnotiza al lector, el relato gira en torno a una joven
de nombre dickensiano, Purity «Pip» Tyler, que tras su paso por la universidad
se afana en encarrilar su vida acorde con unos principios que considera
irrenunciables. Atrapada en una relación malsana con su madre, que nunca ha
querido revelarle el nombre de su padre ni por qué se cambió el apellido antes
de que ella naciese, Pip sobrevive con trabajos intrascendentes hasta que el
encuentro fortuito con una mujer involucrada en el activismo antibelicista se
traducirá en unas prácticas en el Sunlight Project, una organización radicada
en Bolivia que se dedica a revelar secretos de personas, corporaciones y
gobiernos. El fundador y artífice del negocio es Andreas Wolf, un carismático
agitador de la ex RDA reciclado durante el caótico período posterior a la caída
del Muro de Berlín. El sospechoso interés de Andreas por Pip trastocará sus
ideas convencionales sobre el bien y el mal, empujándola hacia un destino que
no figuraba ni remotamente en su imaginación.
El
talento excepcional de Jonathan Franzen para volcar en palabras las hebras más
finas del pensar y del sentir se pone de manifiesto una vez más en esta
trepidante historia cargada de humor, por momentos sombría, inquietante, osada,
incisiva, pero siempre cautivadora y de amplitud universal, confirmando su
sitial entre los más importantes escritores de nuestro tiempo.
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