No
acabo de centrarme, es como si este año me hubiera tomado unas vacaciones o que
la desgana se hubiera apoderado de mí de una manera extraña. Leo poco, leo,
claro, pero la lectura no se ha convertido en principio y fin, o podría decir,
se ha reconvertido en un multiaventura o parte de un ocio difuso, inclusivo
que se ha ampliado al fútbol, que no me
gusta, pero que me mantiene en una calma chicha de lo más alucinante. Aun así
sigo leyendo, me imagino que ni mucho ni poco, vamos, que no hago los alardes
adolescentes de llegar a las cien novelas, cien, o lecturas, o libros de
poemas, o lo que sea, al año, más bien me conformo con encontrar lecturas que
me entretengan, opción importante en un plan multifacético, o que me estimulen,
verdadero y principal motor de esta herida profunda que sigo teniendo en el
corazón.
He
escrito el primer párrafo y todavía no he decidido sobre qué libro voy a
escribir, así que abro mi ebook y veo los últimos que esperan el comentario pertinente.
Me decido por la ciencia ficción, también la leo y me gusta, porque la ciencia
ficción siempre tiene algo de metáfora ilusoria sobre la vida y la muerte,
sobre el nosotros mismos, nuestros temores y prevenciones.
Una
especie alienígena se instala entre nosotros, pero parecen perros, más o menos,
y, mediante una operación compleja, se convierten en aparentemente humanos. Su
fin está claro, usarnos como nosotros usamos a los animales.
-Pero, Amlis, ¿es que no ve que caminan
a cuatro patas, que tienen pelo por todo el cuerpo, que tienen rabo, que sus
rasgos faciales no son muy diferentes a los nuestros?
Ellos
solo quieren sobrevivir en otro planeta y vienen aquí a explotar nuestros
recursos, uno al menos muy concreto. La novela lo plantea desde una perspectiva
muy inteligente, al estilo de una road
movie donde la protagonista recorre las carreteras de Gran Bretaña a la
búsqueda de autoestopistas. La técnica da muy buenos resultados porque se establece
un diálogo y una reflexión sobre diferentes tipos de personas.
Lo que sucedía con los vodsels era que
la gente que no sabía nada de nada sobre ellos podía llegar a conclusiones muy
equivocadas. Siempre existía una tendencia al antropomorfismo. Los vodsels podían
hacer cosas que recordaban los actos humanos; emitir sonidos o hacer gestos
análogos a los de la aflicción o los de la súplica de los hombres, y eso hacía
que un observador ignorante sacara conclusiones precipitadas.
Pero
no debemos engañarnos, es una reflexión sobre el consumo, sobre la explotación
de los recursos, sobre la vida, sobre la soledad, sobre la búsqueda de la
identidad.
La
podemos encontrar en Anagrama, es muy entretenida, a mí
me ha gustado.
- Nº
de páginas: 336 págs.
- Encuadernación: Tapa
blanda
- Editorial: ANAGRAMA
- Lengua: CASTELLANO
- ISBN: 9788433969545
Isserley, una mujer menudo de grandes y
perfectos pechos, escote profundos y gafas de gruesos cristales, conduce por
solitarias carreteras de Escocia y recoge autoestopistas. Pero no a cualquiera,
sólo a hombres fornidos, saludables y solitarios que pueda
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