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13 junio 2025

La marrana negra de la literatura rosa, Carlos Velázquez

Es difícil acertar con la nueva literatura, me explico. Existe una subcultura, algo así como el underground, que gusta de la irreverencia y el canallismo. Se manifiesta en el cómic, en artículos del Penthouse o en folletos autopublicados. No siempre llega al gran público, paso también con la música. Hay grupos incapaces de entonar una canción, hacer bien un acorde o llevar el ritmo el baterista. Pero a veces son cultura. Hay ocasiones, las menos, en que son capaces de encontrar el camino del alma humana, de las pasiones, de los anhelos, de ese grito visceral mórbido que nace del propio hígado. Es una cultura que se ocupa de lo aburgués, de lo que está fuera de la plácida comodidad de la butaca o el sofá con series de Netflix. Es, al fin y al cabo, expresión popular del descontento, de la amorfa realidad que no podemos entender ni empeñándonos en ello.

11 marzo 2025

Las muertas, Jorge Ibargüengoitia


El periodismo ha aportado mucho a la historia de la humanidad, lo digo en serio. No soy especialmente amigo de los periodistas, ese género de personas que sabe de todo, aconseja sin pudor al otro y juzga sin despeinarse igual una masacre en México, como un evento gastronómico en Dallas, todo ello con una soberbia moral, con una displicencia digna de reyes. Sin embargo, su labor nos acerca a lo que ocurre y quiero creer que se hace con lo que cada uno de ellos entiende como honradez intelectual. Por eso, cuando algunos periodistas abordan lo real desde lo literario, aportan a la literatura un matiz muy interesante que, desde la falsa objetividad, recrea la trama en lo literario. Son varios los ejemplos de primer nivel. Márquez, Joan Didion, Tom Wolfe o Hunter S. Thompson. Algunos, además, plasman en las obras el objeto de la noticia, como A sangre fría de Capote o La canción del verdugo de Mailer.

19 diciembre 2024

Recuerdos del provenir, Elena Garro

 

Vivimos tiempos confusos, los cambios de ciclo tienen estas cosas, que la vorágine es difícilmente detectable hasta que los cambios vienen en cascada. Hoy en día, el acceso a la información a través de los medios, facilita el hecho de poder encontrarnos con innumerables fuentes y, en muchos casos, con el contraste de las comunidades que pueden hacer comentarios o marcar las informaciones como falsedades. Dentro de esta barbaridad de noticias, el acceso o caída de dictadores modernos, es un síntoma de los tiempos. Siempre los ha habido, pero ahora asistimos en directo a la obscenidad inherente a estos: sus desmanes, excesos y acciones nos son presentados sin filtros. Vivimos una época

19 abril 2023

Ceniza en la boca, Brenda Navarro

 


El tema de la inmigración es complejo, y el del arraigo, más. Vivimos en un mundo que cambia a velocidades incontrolables, bloques políticos, geoestrategia, manipulación de la información. Pero a estos acontecimientos macro, se le unen acontecimientos micro: desplazamientos de población, refugiados, migraciones por necesidad. Nos ha tocado vivir en la parte del mundo que recibe, que ofrece seguridades que no hay en aquellos lugares de donde vienen. Eso implica una perspectiva, la de quien lo sufre, la del miedo a las violencias de origen y a las de la recepción; los miedos, al fin y al cabo, que rigen el destino de millones de personas en el mundo.

13 marzo 2022

Páradais, Fernanda Melchor

 

Lo único que no me ha fallado nunca es la literatura, siempre tan flexible, tan variada, es un hecho, lo reconozco, su diversidad me atrae irremediablemente, me siento a gusto, no me abandona cuando me encuentro triste, cuando entro en fases introspectivas, cuando puedo estar frustrado o a disgusto con el mundo, no, la literatura ha sido siempre ese reducto de mismidad en el que soy yo mismo, en el que puedo trasladarme  a cualquier sitio, puedo ser infeliz, puedo abandonarme o encontrarme con quienes me entienden, con quienes comparten conmigo lo ficcional, esa imaginación que tanto me ayudó cuando nada me ayudaba, cuando me ofreció los universos posibles que, paradójicamente, explicaban mi propia dimensión. Sí, fui un niño solitario y triste, pero no infeliz. La literatura me ayudó a no estar nunca solo, a tener amigos, a superar mis problemas físicos, la compasión que los otros tenían por mis manos o mis pies, que tanto me dolía, el dar pena, no fue un obstáculo para convertirme en un hombre, para entender el mundo y poder convivir con los demás, efectivamente, la literatura siempre está ahí.