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10 septiembre 2026

Los Sorias, Alberto Laiseca

Andamos estos días alucinados ante los cambios políticos que observamos a nuestro alrededor y, entre todo lo que ocurre, hay algo que me preocupa de un modo especial: la facilidad con que se trata a la ciudadanía como si fuera menor de edad, como si estuviera formada por niños a los que hay que tutelar porque desconocen qué les conviene, qué deben pensar o incluso qué deben hacer. Hay un instante en que el poder deja de conformarse con gobernar. Ya no le basta con dictar leyes, distribuir cargos, controlar y decidir fronteras o señalar enemigos; empieza a sentir la tentación de entrar en la lengua, ordenar los afectos, administrar los cuerpos, fabricar el pasado y anticipar incluso aquello que todavía no ha ocurrido. Quizá ese sea uno de los síntomas más inquietantes de cualquier forma política que ha perdido conciencia de sus límites: su vocación de totalidad. El exceso del poder no empieza cuando mata, sino mucho antes, cuando pretende decidir qué palabras pueden pronunciarse, qué nombres corresponden a cada uno, qué debe recordarse y quién merece existir dentro del relato común. La política se convierte entonces en una forma de imaginación, pero en una imaginación peligrosa: quiere inventar el mundo y obligarnos después a vivir dentro de lo que ha inventado. Amigos, observad además cómo casi siempre aparece un enemigo al que se deshumaniza, sobre el que se descarga la violencia y al que se responsabiliza de cualquier alteración del modus vivendi que se pretende preservar. Ahí empieza el peligro: cuando gobernar deja de consistir en administrar una sociedad plural y empieza a significar decidir, también, cómo debemos comprenderla.

27 junio 2025

La llamada, Leila Guerriero

El lenguaje periodístico tiene una virtud que a menudo se subestima: su capacidad de acercarse al lector con naturalidad, sin artificios. No se trata de restar valor a la literatura tradicional, sino de reconocer que cuando el periodismo se convierte en narrativa —en forma de crónica, reportaje o novela basada en hechos reales—, también puede alcanzar una dimensión artística profunda, aunque menos aparente. Narrar la realidad en un libro de 400 páginas no es una tarea menor; exige precisión, sensibilidad y oficio. Lo que a veces se confunde con simpleza, es en realidad una forma de honestidad narrativa. Claro que no todo lo que publican los periodistas o los personajes públicos bajo el rótulo de “literatura” merece ese nombre; muchas veces es apenas un producto de mercado. Pero conviene no olvidar que la industria editorial, como toda industria cultural, necesita sostenerse, y en esa tensión entre lo que se vende y lo que vale, también se cuelan obras que, sin prometer grandes cifras, aportan profundidad, memoria y verdad.

12 septiembre 2024

Fortuna, Trust. Hernán Díaz

 

El poder es algo que fascina a los hombres. El poder es la capacidad de transformar la voluntad, el destino y el criterio del otro sin su consentimiento, nada más que obedeciendo a parámetros de voluntad. Este concepto, tan weberiano, está poco asumido y lo confundimos con autoridad, con la delegación a los servidores que ejecutan los deseos de quien está en disposición de dar órdenes. Los estados modernos entienden que la única manera de controlar ese poder, tradicionalmente en manos de muy pocos, es con la creación del estado y el imperio de la ley que, de facto, actúa como garante de que el poder, que ha sido depositado de manera indirecta en los gobernantes, se va a ejecutar con garantías y que los actos de autoridad están controlados por el imperio de la ley. Evidentemente, esta ilusión democrática tiene sus fugas de agua, por ejemplo, las democracias no suele ser directas, es más bien un acto interpuesto que deriva en los representantes o los partidos; al fin y al cabo, el ansia de control de los poderes que se contrarrestan. Pero no nos engañemos, es más sencillo que todo esto, como si existiese un estado natural de las cosas, muchas democracias copian los patrones que, tradicionalmente, han ejecutado los poderosos: aniquilar cualquier posibilidad de contrapeso.

27 febrero 2022

Lo de dentro fuera, Mariano Peyrou

 

Lo de dentro fuera, espacios que invade la voz interior y que se manifiestan en la vida; la poesía tomando la vida para explicarla, para explicarse. Mientras, Rusia invade Ucrania, nunca sabremos si Ucrania existe, o si lo hace la Rusia, si la nación necesita del espacio vital para su expansión, si Ucrania es el solar sobre el que se asienta el imaginario del imperio, pero las voces salen a la luz, lo de dentro fuera, en este caso la nación como sujeto con conciencia, individuo, ¿no? O, tal vez, ¿sujeto? Se me difuminan los límites de la lengua y de los significados filosóficos, no quiero discutir, en todo caso el espíritu requiere el sacrificio para conseguir donde ser, el canto que no acaba, el anhelo enfermo del hombre que se identifica con lo abstracto, intangible, con ese imaginario que se nos acerca tanto a nuestro ficcional literario. La guerra no es una ficción gramatical, seguro, son muertos, son gente que huye, es ausentarse del bienestar, mientras, pero, nosotros nos preocupamos por el precio demencial de los combustibles muertos, que salen del interior al exterior. La metáfora eterna, morir para vivir. Pero los muertos no son extras de una serie de Netlix.

19 mayo 2019

Fractura, Andrés Neuman



Se producen fracturas en la vida, en el devenir de la vida. No es una cronología lineal, ni todo está previsto de antemano, más bien es un continuo de alternancias que produce sucesos extraordinarios e inesperados. La vida es una realidad a la que no podemos renunciar, en principio, porque aunque renunciemos vivimos, a menos que decidamos acabar con la vida, en ese caso desaparece, se esfuma es no-vida, no nos interesa; es el paso a las otras dimensiones, a las otras alternativas, a las otras vidas. Por eso se producen acciones, aventuras, hechos que, en ocasiones, alteran el marco de expectativas y, en consecuencia, nuestra percepción. Es entonces cuando debemos dejar la mente en blanco, cuando debemos ver qué hay de proyección en lo que ocurre, cuanto de nuestra sombra, cuanto de lo que esperábamos se produce o no y entonces, solo entonces, valorar lo acontecido y así, en la mayoría de casos, nos daremos cuenta de que los demás no nos decepcionan, no, nos decepcionamos nosotros a nosotros mismos.

05 junio 2018

La uruguaya, Pedro Mairal


Hay ocasiones en que se instala el desánimo, se van las ilusiones por hacer cosas que siempre te han parecido fascinantes y te abandonas a una rutina insoportable. Dar clases de literatura es algo así. Es cierto que podemos encontrar gusto en todo, disfrutar con los momentos, pero la ficción va abandonando las letras para pasar a los espacios indefinidos de la electrónica; no obstante, aún ocurren milagros: sustituimos un examen sobre narrativa por la elaboración de un relato libre de no más de tres caras de folio y, ¡oh, milagro! Aparecen como por ensalmo, historias que estaban guardadas en algún punto remoto de ese universo ficcional en el que yo viví alguna vez cuando me engañaba a mí mismo y pensaba que podía ser escritor. Es vacua la soberbia porque está llena de autoengaño.

09 diciembre 2017

Cuentos completos, Fogwill


El cuento me acompaña siempre, funciona como un estimulo en tiempos de guerra. Cuando estoy cansado de leer una trama, el cuento actúa como revulsivo y me recentra en una lectura concentrada donde el autor acampa a sus anchas. El relato es mucho más difícil de lo que nos pensamos, el espacio juega en contra del autor porque lo determina todo, acaso, ¿cómo es posible contar tanto en una o en una decena de páginas? Se me antoja difícil, requiere concentración y dominio de la técnica literaria, requiere saber qué queremos contar y cómo y, además, a mí particularmente, me resulta mucho más sencillo encontrar los elementos que constituyen al autor.

06 junio 2016

La invención de Morel, Adolfo Bioy Casares


Siempre, como os he comentado, me ha costado Bioy C
asares, me ha costado porque había algo en él inquietante, extraño, ciertos matices literarios que lo alejaban de Borges, pero lo acercaban a otra manera de entender la literatura. Ese miedo se ha manifestado en cierta lejanía respecto al autor, hecho que me ha permitido leerlo sin apasionamientos, como si me encontrara con un extraño que me cuenta una historia por fin, después de haberla estado esperando años. Ese es el escritor para mí, un completo extraño presentado por multitud de lectores que me han hablado de sus libros, por artículos, por literaturas queme han permitido acercarme a él.

07 mayo 2016

Distancia de rescate, Samanta Scweblin


Como no puede ser de otra manera voy leyendo nuevos autores, escritores que se acercan al mercado y que yo, algo despistado, voy conociendo por casualidades. Los intelectuales de pro, las grandes mentes pensantes de  la crítica dicen, en ocasiones, que la novelística actual es poco más que una mierda, ¡Oh! exclamo para mí, y pienso en los grafitis egipcios, romanos y sumerios, si los hubiera, en que se dice que los jóvenes son peores que sus mayores, ¡ja! Reconozco cierta tentación a pensarlo, quiero creer en el mantra burgués de que la recreación está en los grandes autores clásicos, que no fueron nunca jóvenes, claro, o no tan clásicos, pero remotos, tampoco fueron jóvenes, como si nos debiéramos anclar en literaturas lejanas, o no tan lejanas, pero de inequívoca pátina crítica. No sé, se me ocurre la perra con los siglos de oro, con la novelística decimonónica, con el novecentismo, con los autores de post guerra, con la revolución de los sesenta, ellos nunca fueron jóvenes, claro. Y yo adentrandome en los cincuenta, tan tranquilo, dejándome tentar por las formas, por las inteligencias, voluptuosidades y escrituras, ¿soy tan joven?

12 enero 2016

Diario de la guerra del cerdo, Adolfo Bioy Casares


Es cierto que en ocasiones nos encontramos con alguien y nos comenta que tal autor es fantástico, que es parte de su canon, que su descubrimiento fue algo importante en su vida. Otro tiempo nos encontramos con otra persona que se manifiesta en los mismos términos, que loa y admira a tal autor y es entonces cuando nos peguntamos por las razones por las que nosotros nunca hemos leído nada de tal autor. Parece inverosímil, parece una postura de autismo concienciada y es así como el lector casual de historias saca su artillería para afearte tu mal gusto, tu falta de sensibilidad artística y de decoro, ¿cómo puedes haber leído a fulano y nunca a tal? En el fondo me imagino que es cierto, que tienen razón, que su intelectualismo mal entendido esconde una voluntad didáctica por llevarnos al gozo literario o estético; pero esto pasa con cualquier parcela de la vida: nos solemos creer que nuestro canon, nuestro microuniverso es el único y configura la universalidad absoluta. ¿Existen obras básicas, universalmente aceptables para todo ser humano sobre la tierra? Lo dudo, lo dudo mucho.

18 diciembre 2012

La mano del amo, Tomás Eloy Martínez


¡Y yo que creía que el realismo mágico había pasado de moda! Piensas, mea culpa, que algo no es cuando los grandes gurús de la literatura dicen que algo ha acabado. Lees sesudos tratados sobre el cambio de tendencia, o sobre cómo muere un etilo. Ya no está el realismo de García Márquez, Asturias, Rulfo, Carpentier, de Oneti, fue en un tiempo y ahora hay otra literatura, más trivial  o falsamente intelectual, encumbrada por los intereses editoriales, o la crítica que vive de esos intereses. No lo digo yo, lo dicen ellos mismos. Igual la nómina no es correcta, imperdonable para el profesor de literatura, o sí, o no existe un realismo de los fantástico. Me da lo mismo.