No
acabo de centrarme, es como si este año me hubiera tomado unas vacaciones o que
la desgana se hubiera apoderado de mí de una manera extraña. Leo poco, leo,
claro, pero la lectura no se ha convertido en principio y fin, o podría decir,
se ha reconvertido en un multiaventura o parte de un ocio difuso, inclusivo
que se ha ampliado al fútbol, que no me
gusta, pero que me mantiene en una calma chicha de lo más alucinante. Aun así
sigo leyendo, me imagino que ni mucho ni poco, vamos, que no hago los alardes
adolescentes de llegar a las cien novelas, cien, o lecturas, o libros de
poemas, o lo que sea, al año, más bien me conformo con encontrar lecturas que
me entretengan, opción importante en un plan multifacético, o que me estimulen,
verdadero y principal motor de esta herida profunda que sigo teniendo en el
corazón.
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