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17 septiembre 2026

La revuelta de las cariátides, Η εξέγερση των Καρυάτιδων, Petros Márkaris

Vivimos en un mundo sometido a cambios profundos. Dicho así parece un lugar común y, si ampliamos la perspectiva, podríamos aplicar la frase a casi cualquier periodo de la historia de la humanidad; cada generación ha tenido la sensación de asistir a una transformación decisiva de su tiempo. Sin embargo, hay algo distinto en el nuestro: desde hace años los cambios sociales, políticos y culturales los vivimos en directo, pero ese directo se ha acelerado hasta casi eliminar la distancia entre lo que sucede y nuestra obligación de comprenderlo. Y eso tiene consecuencias emocionales, culturales y personales, porque intentamos digerir realidades del siglo XXI con categorías heredadas del XX y, en no pocas ocasiones, del XIX. El patrimonio cultural participa también de esa tensión. Siempre ha existido una concepción casi purista de su conservación, empeñada en preservar objetos, edificios o restos arqueológicos como si contuvieran una esencia original que pudiera mantenerse intacta, una especie de pureza histórica que, si se piensa bien, resulta bastante discutible; frente a ella aparece otra forma de entender el patrimonio, aquella que considera que conservar no basta, que el vestigio debe dialogar con quien lo contempla, explicarse, adquirir contexto, permitir que el visitante comprenda no solo qué tiene delante, sino qué significó para quienes lo construyeron, utilizaron o habitaron. Ahí está la diferencia entre recorrer las salas inmensas del British Museum, donde el objeto parece imponerse por acumulación y solemnidad, y entrar en otros museos que intentan reconstruir contextos, ambientes y experiencias para convertir al espectador en algo más que un visitante que pasa ante una vitrina. Lo mismo sucede con las ruinas, con los yacimientos, con esos restos de civilizaciones que han sobrevivido al tiempo y ahora deben encontrar su lugar dentro de una modernidad que corre el riesgo tanto de embalsamarlos como de banalizarlos. El Museo Arqueológico de Alicante (MARQ), por ejemplo, ha trabajado con acierto en esa dirección, combinando la conservación con una museografía que introduce al visitante dentro del relato histórico y permite que escolares, turistas o curiosos entiendan qué están viendo y por qué aquello importa. El debate, por supuesto, está servido, porque entre convertir el patrimonio en una reliquia intocable y transformarlo en un parque temático existe un espacio enorme en el que todavía estamos aprendiendo a movernos. Algo habrá que hacer si no queremos que preservar acabe significando ocultar y que interactuar termine convirtiéndose en destruir. Como casi todo lo que merece la pena discutir en nuestro tiempo, se trata de encontrar un equilibrio difícil; y quizá por eso mismo estemos ante uno de esos pequeños grandes retos civilizatorios que dicen mucho más de nosotros de lo que parece.

16 julio 2026

La conjura de los suicidas, Η συνωμοσία των αυτοκτονητών, Petros Márkaris

Cuando llega el calor, la gente quiere disfrutar. En realidad, es algo que no entiendo, ya que, en los últimos tiempos, ese calor es sofocante y se está mejor con aire acondicionado al abrigo de la oficina. Antes disfrutábamos de la fresca, es decir, salíamos a la calle cuando caía el sol y, con las sillas en la puerta de la casa, uno se refrescaba y departía con vecinos y transeúntes. Ese fresquito invitaba a hablar, a cotillear o a vivir la vida dejando que pasara; era, en sí mismo, un acto de liberación de los rigores del verano y un soplo de revitalización social. A mí me gustaría que las vacaciones fueran con buen tiempo, no sé, en mayo, en octubre, pero para eso deberían estar climatizados los centros escolares y los lugares de trabajo. Son cosas que uno escribe cuando le agobia el calor; estamos en verano.

25 junio 2026

1795, Niklas Natt och Dag


La violencia por la violencia se ha convertido en un elemento cotidiano en nuestras vidas. Los medios, las redes en general nos muestran una cantidad inusitada de actos que nos anclan a lo ancestral, a lo primitivo; es ahí cuando uno se pregunta si el afán civilizatorio ha quedado en segundo plano, si retrocedemos para encontrarnos ante la barbarie. Mi respuesta es que no. La violencia es consustancial al ser humano; somos muy violentos. Sin embargo, la civilización ha conseguido moderar y atemperar el ansia de destrucción hasta convertirnos en seres sociales más o menos domesticados, porque no os engañéis, somos seres domesticados. La amplificación que los mass media hacen de la radicalidad del enfrentamiento no deja de ser un escaparate al que solo hemos podido acceder de una manera reciente. A lo largo de la historia, la violencia nos era ofrecida por las literaturas y, después, por el periodismo, pero era una ejemplificación parcial que se centraba en lo excepcional, en lo político o, más tarde, en lo escabroso. No podíamos decir que las sociedades anteriores a la modernidad fueran especialmente violentas; sabemos que había violencia. Mas, hoy en día, cualquier acto, cualquier agresión se convierte en algo cotidiano con lo que convivimos sin remedio y eso lleva, como he defendido en muchas ocasiones en este blog, a una trivialización insoportable, a una anestesia que atonta ante lo bárbaro.

24 septiembre 2025

1793 (Trilogía de Estocolmo 1), Niklas Natt och Dag

El thriller histórico es un subgénero que no suelo abordar, como no abordo otros. La literatura de consumo no suele atraerme, sin embargo, de vez en cuando, me gusta ver novedades editoriales que puedan aportarme una perspectiva general de cómo está el mercado. En ocasiones los subgéneros pueden alimentarse de otros, por ejemplo, de la novela policíaca, que me gusta. Hubo un tiempo en que leí mucha literatura policial nórdica (mi adorado Wallander), y la muestra es este blog. Suele caracterizarse por la violencia de los casos y cierto apego a los asuntos sociales, por ello, es interesante que los métodos y tópicos de esta se puedan incorporar a otra perspectiva narrativa, como la histórica, porque la dota de una novedad que me gusta. No solo leo sobre acontecimientos importantes como el final del s. XVIII, sino que, además, me divierto con la trama.

03 julio 2025

La conciencia de Montalbano, Andrea Camilleri

Cuando llega el final de algo, nos embarga una sombra de tristeza que nos ronda como un brazo invisible que atenaza nuestro ser. Los finales son necesarios, como los principios, determinan lo que significa estar vivo y estar junto a lo otro. Ese ser ajeno puede ser una cosa, una persona o un libro. Con los libros, las pérdidas son de los autores, que desaparecen, lo dejan o, más simple, nos llevan a perder el interés por ellos. Me aburro. Esa expresión, que vale para todo, se aplica a la cultura, a los personajes y a la vida. No siempre es posible mantener el interés por algo, por mucho que lo hayas adorado, querido o venerado. Sí, puede haber una pérdida o un final, el que sea, pero sería bueno para nosotros que llegáramos a comprender todo lo que nos ha dado.

26 febrero 2025

Riccardino, Andrea Camilleri


Este blog suelo comenzarlo, al menos en los últimos tiempos, con una reflexión sobre aspectos que me sugiere la trama: la vida, las relaciones o la muerte. Son, de alguna manera, mis meditaciones sobre mi propia existencia, el fresco que configura mi pensamiento. De ese modo, la literatura ha ido contribuyendo a conocerme de una manera profunda, sincera. Pero hoy no reflexiono sobre la vida, lo hago sobre Andrea Camilleri, sobre qué ha significado para mí desde la perspectiva lectora. Cuando lo leí por primera vez, lo hice porque mi amiga Maite me pasó una bolsa con unos veinte libros, entre los que estaban los diez primeros de Montalbano. Fue un descubrimiento maravilloso. Me encantaba cogerlos uno a uno, y por las tardes, tumbado en mi cama, me los leía de tirón. Fue recobrar una costumbre de la adolescencia, reencontrarme con una experiencia cercana a la felicidad, me hacía sentir bien. Con el tiempo fui leyendo todos y cada uno de los libros, me reconforté en los personajes arquetípicos, en la experiencia de no necesitar pensar para entender la historia. Entendí que no había ninguna necesidad de presentar una calidad literaria extraordinaria para que yo sintiera el libro como propio. Pero en realidad no era un libro, era una serie completa, han sido 34 libros y este es el último que nos presenta como novela, ya que mi querido Andrea falleció (prometo que a medio plazo os presentaré la última lectura, que ya he hecho, presentada como relatos breves, La conciencia de Montalbano). Ha sido un placer y un honor, es una despedida cariñosa, él pretendía, simplemente, entretenernos, y lo consiguió. Así se pasa a la eternidad.

19 enero 2025

El fuego purificador, A refiner's fire, Donna Leon

 


La violencia la observamos y padecemos a diario en la calle. Los medios de comunicación han propiciado que esto sea así, pero más que los medios, las redes sociales donde aparecen videos virales en los que vemos cómo esta se ejerce en las calles, en un universo hipercomunicado donde es difícil elegir y distinguir el grano de la paja. Es un fenómeno global, es un fenómeno humano. Es una lucha del individuo contra un Goliat aún, si cabe, más gigantesco. ¿Acaso, creéis que esto no pasaba antes? Error. Ha pasado siempre, entre nosotros, entre ellos, entre cualquiera. Hay muchos factores: drogas, alcohol, frustración, educación. Creo, con sinceridad, que la violencia es consustancial al ser, tal vez, digo tal vez, la educación puede mitigar el efecto, pero tampoco lo tengo claro. De hecho, en períodos de guerra, personas cultas y tranquilas, han desplegado todo su potencial homicida y destructor. Es posible, por lo tanto, que algo sí que esté en nosotros, en mí y en ti, en todos, que sea parte de nosotros, de esa naturaleza que queremos acallar, engañar, soslayar. En cualquier caso, es un tema que me preocupa y sobre el que reflexiono.

02 diciembre 2024

Cosecharás tempestades (So Shall You Reap, 2023) Donna Leon

 


Programo la entrada y no miro el día, es posible que cuando vea la luz, no sea de actualidad o, sin embargo, siga vigente como una espada de Damocles que ronda un cuello anhelante. La devastación bíblica que veo todos los días en la carretera es difícil de imaginar. Creía, iluso, que las imágenes eran fiel reflejo de lo que ocurría; debí sospechar, no obstante, cuando he hecho descensos temerarios por senderos de montaña en bicicleta, porque las imágenes grabadas en vídeo apenas reflejaban la ansiedad y el peligro que se cernían sobre cada una de las piedras, escalones o trampas de la bajada. Era, la imagen, un mero icono frugal de la tensión, un aperitivo que podías ver en el ordenador sin sentir el más mínimo desasosiego. Algo así ocurre a mi alrededor, algo así ocurre con los responsables políticos cuando los ves en televisión o los escuchas en la radio, son mero aperitivo, apenas un entretenimiento que, si no fuera por el dolor incalculable, el caos gobernante, la pérdida, producirían cierta hilaridad como la que producen los cómicos de televisión: prescindibles, sin gracia y superficiales. Al menos cuando me lanzo cuesta abajo y experimento la sensación de peligro, sé qué estoy haciendo, tomo las riendas y la responsabilidad de mi acto.

26 octubre 2024

Cuarentena, Η τέχνη του τρόμου και άλλα διηγήματα, Petros Márkaris

 

Uno no se puede considerar un profesional de todo, puede, en todo caso, entender el mundo, interesarse por lo que le pasa alrededor. Mi formación me lleva a la literatura (aquí está el testimonio vivo), pero también al análisis social. Esta vertiente es menos conocida. Observar qué ocurre es algo que me fascina desde niño, tal vez por eso, la literatura que aporta elementos que podemos llamar, sociales, me gusta. Muchas veces no estoy de acuerdo, otras, simplemente, observo tópicos ideológicos que no resisten el más mínimo análisis. Sin embargo, que la acción ponga en primer plano un problema real, independientemente de la solución que aporta el autor derivada de su ideología, no deja de ser un valor. Estar comprometido no es mejor que no estarlo, uno puede estar comprometido con su literatura, con la vida o con lo que quiera, mas cuando esta novela policíaca incorpora una crítica social, pone de relieve algo que nos preocupa como sociedad, debemos oírlo, al menos, nos va a servir para pararnos a reflexionar mientras leemos la obra, y como eso no se hace en los segundos que usamos para un X o un Instagram, nos obliga a dedicarle un tiempo. Eso nunca puede ser malo.

14 octubre 2024

Dad y se os dará, Give Unto Others; Donna Leon

 


¿Hasta dónde llega el compromiso que adquirimos hacia los otros? Es una pregunta que satisface el morbo de los lectores y espectadores de las series de televisión. Íntimamente unido al conservadurismo moral imperante, hay un verdadero bombardeo de moralinas encubiertas en tramas aparentemente progresistas. La ortodoxia aparece y supura por todos los poros de las historias. Conceptos como mentira, lealtad, fidelidad, cogidos con alfileres y encaminados, no puede ser de otra manera, a perpetuar la obediencia de los esclavos. Pensar por uno mismo, pues como que no, así se establece un marco ético que somete a una supuesta voluntad general, un bien común difuso, al que todos debemos de ser fieles, sin alejarnos si no queremos ser disruptivos y amorales. Por eso nuestra moral debe supeditarse a esa ética de esclavos, a ese redil que, según rezan las teorías, establece la demarcación justa para vivir en paz. Más que vivir en paz, ayuda a que no haya voces discordantes, morales divergentes e individualidades sobresalientes. Hay límites en los comportamientos públicos, pero debemos saber quiénes queremos ser, no quiénes esperan que seamos. Va a ser complicado, os lo digo yo.

30 agosto 2024

El cocinero de Alcyon, Il cuoco dell'Alcyon, Andrea Camilleri

 


Una vez vuelvo al blog, me dedico a mirar todos los libros que he leído en este tiempo. Mi sensación es que no habían sido más que unos cuantos, pero esos cuantos se convierten en muchísimos, libros sobre los que tengo anotaciones, sobre los que he reflexionado y no quiero perder esos instantes, al fin y al cabo, este blog no es más que un repositorio de la memoria que he ido realizando para no perder precisamente eso, la capacidad de recordar aquello que me ha gustado y no quiero olvidar. El trabajo es muy placentero, lees y vas anotando conforme lo haces, tomas un fragmento que te gusta por algo, una frase, un pensamiento. En ocasiones, haces una reflexión directamente ligada a lo subrayado, otras muchas veces, simplemente tomas el fragmento como excusa para pensar en algo. Además el blog es mi repositorio, mi canon particular, el reflejo de lo que he ido leyendo y de las vidas en las que me he inmiscuido sin ser invitado. Un placer diferido, cierto, pero placer al fin y al cabo.

17 abril 2023

El método Catalanotti, Andrea Camilleri

 


Hay pocas cosas tan placenteras como recordar un buen momento. Estos días rememoro una de las sensaciones maravillosas que siempre me han acompañado, la de despertarme, coger un libro nuevo, comenzarlo y acabarlo antes de comer, sin interrupciones, sin preocuparte nada más que por tu placer. En mi infancia, mientras otros gustaban de salir a la calle, jugar al fútbol o hacer de exploradores accidentales, yo disfrutaba metiéndome en la cama, en realidad no salía de ella, cogía un libro y disfrutaba de mil aventuras diferentes, de realidades en las que podía sentirme bien. Un niño con mis problemas, ausente de
relaciones, amigos y esas cosas, encontraba un placer infinito en mi mismidad, en ese círculo propio y difícilmente exportable del placer de la literatura. Es un gusto que no me ha abandonado nunca, como sabéis, pero hacía tiempo que no tenía la oportunidad de recordar estas sensaciones, esa libertad, el saber que, de nuevo, me doy la libertad de ser yo mismo.

02 enero 2023

El castillo de Barbazul, Javier Cercas

 

Dieciocho horas. Meses. Días en la enfermedad, observando, cuidando, haciendo a quien no puede hacer, vigilando. Dieciocho horas. Sin agosto, sin Navidad, con la extrañeza de que todo ocurre por algo y tú haciendo lo que necesitas hacer; no tienen por qué entenderte. Dan para mucho, para pasar horas tirado en un sillón, para no ver el móvil, para leer un libro y otro, este por ejemplo, pensar y no hacerlo. Dan para no felicitar a nadie, no porque no haya que felicitar, no, por no tener ganas, ni de un café, vaya, de ver, entonces, quién no escribe, quién no felicita, no lo necesitarán tampoco, escritor no hagas trampas ellos también pueden querer silencio. Papi dice que la gente no está a la altura de su amistad, lo respeto, nadie está a la altura de nuestra amistad, incluidos nosotros mismos, que no somos mejores, pero sí únicos, nos confunde la lengua, si no felicita no felicito, pues bien, si no me llama no llamo, mejor, igual no quiere hacerlo papi, igual que tú no lo has hecho, pues igual, así que piensas en cuando decidiste que no , que buscarías la amistad en un partido de futbol, en una bicicleta, en un almuerzo (sí, pero sigues sin hablar de literatura con nadie, mentira, escritor, lo haces aquí con todos los que te leen, vaya, hablo de literatura). Papi son las expectativas, siempre tan elevadas para los otros, tan condescendientes con nosotros mismos, sabes, lo he dicho, que dejé de tenerlas, las tendré de alguna manera, supongo, pero no espero nada de nadie, exageras, exagero, soy otro, de verdad que me satisface, un poco, hablar de futbol,  pero si no te gusta, mas me mantiene en el mundo, y ¿la literatura, lo elevado? En mi cabeza, en las dieciocho horas, en saber que volveré a hablar del campo con quien no me ha felicitado, ni falta que hace, algún día volverá la vida. Dieciocho horas de alarmas en los aparatos, de habitación aislada, de enfermeras y antibióticos, de sangradas y de silencio, de agotamiento. No importa, es lo que he decidido, seguro que lo entiendes, papi, no lo hago por ti, lo hago por mí.

23 octubre 2022

Seis cuatro, 64 Rokuyon, Hideo Yokoyama

 

Estaba el otro día a vueltas con la felicidad, reflexionando sobre todo lo que se dice de ella: la imposibilidad de llegar, los límites, el drama del hombre moderno que no ve nada a su alrededor que le dé esperanza ni que le invite al optimismo. La felicidad como quimera, el lastre de la inteligencia sobre el que habla Cioran, pero algo no encajaba en mi discurso, en el rumiaje interminable sobre las razones que no nos dejan ser felices. La casualidad es siempre compañera inesperada de lo que se espera, así, en un programa de radio, escuché al profesor Rojas en una entrevista, la cogí tarde, no le hice mucho caso, pero dijo algo que me fascinó, a la pregunta del entrevistador de que se calificara sobre su nivel de felicidad él contestó con un índice de satisfacción, y ahí fue cuando me di cuenta de que mi pensamiento, es generalizado, deja la felicidad solo en el ámbito de lo sentimental. Pero si analizas todo lo que te pasa, todo, te das cuenta de que muchos ámbitos son satisfactorios y que nunca se es completamente infeliz, si no que no todo te llena como esperabas. He de seguir pensando en ello.

13 agosto 2022

Esclavos del deseo, Transient Desires ,Donna Leon

 

Hace un calor insoportable, sudo todo el día, caigo en un proceso de desidia complejo, estar cansado es mi estado. Pienso en quien trabaja al sol, en la calle, quien lo hace en una cocina, el que conduce un vehículo y carga y descarga o el que está en el campo, pero no me satisface el dolor ajeno, necesito sentirme bien, sin agobios, en el fondo el egoísmo determina bastante. Mas leer es un ejercicio que uno puede hacer bajo la sombrilla, en la playa, en el sofá de su casa o en la cama, en el metro o en cualquier otro sitio insospechado, incluso en las noches interminables de un hospital. Leer no combate el calor, claro, pero sí la idiocia que vemos en cuanto levantamos un poco la cabeza del móvil.

05 agosto 2022

La red de protección, La rete di protezione, Andrea Camilleri

 

No me atrevo, en ocasiones, a volver a este blog y escribir sobre lo que siento o leo; es un pudor adolescente que deriva de inseguridades que me agobian; a ¿quién interesa?¿Es posible disfrutar leyendo lo que otros dicen sobre lo que han leído? Pero nada satisface al EGO, se nutre de nuestros miedos, de nuestras inseguridades, es un globo que necesita más energía, más y más, y esta nace de todo lo que creemos que nos merecemos, lo que deseamos o aquello de ser felices eternamente. Escribir no escapa a esto, escribir es, con probabilidad, una prueba definitiva de sucumbir a la tentación del yo o de combatir esa hinchazón de los sentidos. Pero la voz nos habla, nos susurra constantemente al oído, al nuestro.

20 noviembre 2021

Ética para inversores, Ο φόνος είναι χρήμα , Petros Márkaris

 

Los cambios sociales se suceden a una velocidad vertiginosa, al menos la percepción que nos hacen tener de dichos cambios. Hay un bombardeo mediático que, en ocasiones, me parece planificado, otras creo que hay una mano invisible que mece los hilos del pensamiento colectivo, pero lo que no tengo claro es si esa mano invisible tiene nombre o es simplemente la propia inercia de los mercados; cuando existen intereses contrapuestos, no uno, sino cientos, las fuerzas de los diferentes vectores hacen que la información se encamine por uno u otro lugar, pura física, por eso si hay pocas fuerzas dominantes, como parece, la información va más hacia una dirección. Sin embargo pienso que la manipulación a que nos someten es una constante, pero quiero alertar que la presión psicológica no es siempre la misma, me explico: el mercado tiene la intención de que consumamos, luego sus políticas son en ese sentido; los políticos locales tienden a perpetuarse en el poder porque es su inercia natural, lo del bien público siempre ha sido pura especulación filosófica, no nos engañemos; los estados mueven ficha en las guerras postmodernas que se hacen en las  diferentes redes, mas no todas las redes son o tienen la misma tendencia ideológica, pero es cierto que algo hay; el pensamiento woke va arrasándolo todo bajo la premisa, falaz, entiendo, de que se puede cancelar el pasado en vez de estudiarlo y aprender de él; el neopuritanismo, como consecuencia, crea una nueva religión laica que sustituye a la tradicional iglesia de fieles; la economía tiende hacia la socialización controlada de ese mantra tan dieciochesco de todo para el pueblo pero sin el pueblo (ahora, te harán creer que todo emana del pueblo); sistemas impositivos confiscatorios, para eso se han de cargar el mérito y la capacidad por ser una aspiración burguesa, quien más tiene es un privilegiado y debe compartir, como eso no es algo natural, se le confisca parte de su esfuerzo sin tapujos, solidaridad impuesta. Todo es complejo, por eso nacen movimientos que se preguntan qué hacer, cómo hacerlo, para qué hacerlo, qué tipo de sociedad queremos crear, para qué vale el esfuerzo, qué debe de proveer el estado moderno.

15 noviembre 2021

El hombre inquieto, Den orolige mannen, Henning Mankell

 

Las despedidas las asociamos a las pérdidas. Creemos que despedirnos de algo, o de alguien, lleva inequívocamente a la extinción de la relación, es un finiquito inevitable. Pero no siempre es así. Hay despedidas que son un hasta  luego, se necesita aire, se necesita perspectiva o, simplemente, se reivindica un espacio alternativo. Es cierto, no obstante, que hay despedidas que son pérdidas, sobre todo cuando no ha habido despedida. Una pérdida es la ausencia definitiva de lo otro y eso crea una sensación de inseguridad, necesita de duelo: perdemos por la muerte o por los cambios de espacio, perdemos porque desaparece el objeto o parte del objeto o porque decidimos que se desvanezca de nuestras vidas, en todos los casos la momentánea liberación, si la hay, lleva el dolor de la ausencia, menos cuando es una liberación.  Por eso, una vez más, la literatura resuelva como nadie este dilema: las pérdidas podemos recuperarlas volviendo a leer el libro que nos ha hecho felices, hasta el infinito si hiciera falta; y las despedidas, bueno, las despedidas son adioses momentáneos, siempre podemos recuperar a nuestro personaje favorito rememorando lo bueno y la felicidad que nos proporcionó a lo largo de nuestra vida.

26 septiembre 2021

La hora de los hipócritas, Η εποχή της υποκρισίας ,Petros Márkaris

La hipocresía está tan interiorizada en nuestra sociedad que los comportamientos egoístas los confundimos con manifestaciones inequívocas del ser, actos de libertad y de reivindicación de la mismidad. Pues va a ser que no. Los hipócritas, entre los que nos encontramos, bajo la apariencia del bien común o del otro, en un plano mucho más interrelacional, fingen la preocupación por los intereses ajenos para la reivindicación de lo propio. Es una realidad que no podemos obviar en una sociedad enferma de yoidad, de egoísmo rancio y de universos tan propios como vacíos. No es que sea pesimista, simplemente constato una realidad que vivo a diario, que sufro y que, en muchos aspectos, he decidido no padecer más, de hecho, me reivindico ante los hombres, con mis insoportables particularidades y manías, con mis contradicciones, sí yo también lo soy, aunque a veces no lo parezca.

09 septiembre 2021

Tirar del hilo, L'altro capo del filo, Andrea Camilleri

 

En un mundo tan convulso, un mundo en que algunas noticias nos golpean como barras de hierro en una reyerta, pasa desapercibido el drama humano de la emigración, de los movimientos de gente causados por guerras o hambrunas, sí, es terrible, y lo es porque occidente se enfrenta a una paradoja fundamental, casi irresoluble. Los urbanitas, sí, la mayoría vivimos en ciudades o áreas metropolitanas, tenemos una idea parcial, romántica e irreal de la vida y del mundo, lo pasamos todo por el filtro de la corrección social y política despreciando no solo lo que no entendemos, que son muchas cosas, sino también pontificando sobre todo lo que ha de ser. Una ortodoxia identitaria, una estupidez sin límites. Eso nos lleva a olvidarnos de los territorios despoblados, de las subvenciones de supervivencia de actividades ruinosas porque es más fácil así que enfrentarnos al problema de que nuestra profunda estulticia nos ha llevado a preferir vivir como marqueses mientras no veíamos cómo otros seres humanos producían para nosotros a precios de risa, pero eso tiene consecuencias que se llaman geoestratégicas, consecuencias letales porque las personas, en un mundo conectado, pueden querer vivir con dignidad, pecado capital. Paro importante, puestos sin cubrir y territorios que se mueren frente a ciudades cada vez más grandes; necesidad de gente frente a ciudadanos inactivos, lo dicho, una paradoja muy compleja. A mí me preocupan mucho los temas relacionados con los refugiados y los movimientos migratorios, sé que siempre han sido fundamentales en los auges y declives de las sociedades, pero asistir en directo a dramas como Siria o Afganistán (evidentemente los dramas brutales de África ni  nos los muestran) es duro, complejo porque odio la ortodoxia ideológica.