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13 agosto 2026

La bailarina, La Danseuse, Patrick Modiano,

A pesar de que en este blog suelo comenzar las entradas con una reflexión más o menos general sobre la vida —esa costumbre tan mía de dar un pequeño rodeo antes de llegar al libro—, no es menos cierto que, en ocasiones, conviene entrar directamente en materia literaria, aunque sea con la elegancia de quien finge que no lo hace. Hace tiempo descubrí que este modo de empezar resultaba más amable, quizá más eficaz, porque había más gente dispuesta a seguir leyendo si antes de hablar de un libro abríamos una puerta, encendíamos una luz o dejábamos caer una idea que pudiera rozarle la vida. Digamos que es una manera sutil, o no tanto, de atraer a quienes podrían convertirse —hermosa ilusión vital— en potenciales lectores. Por eso hoy os hablo de la novela breve, ese género que parece menor solo para quienes confunden la extensión con la profundidad. La novela breve viene de lejos: de la novella italiana, de Boccaccio y sus relatos afilados, de esa tradición renacentista que entiende que una historia no necesita ocupar medio bosque para dejar huella; y ahí, claro, aparece Cervantes, maestro en concretar la acción, elegir lo mollar, apartar lo accesorio y recordar que el lector no siempre tiene que atravesar centenares de páginas para sentir que ha vivido algo verdadero. La brevedad no garantiza la precisión, desde luego; también una novela corta puede divagar, perderse o entretenerse en adornos innecesarios. Pero, por pura exigencia de espacio, se le permiten menos florituras: ha de decir lo que quiere decir con una exactitud casi moral. Por eso me gustan tanto el relato y la novela breve, porque me permiten disfrutar de la literatura sin convertir la lectura en un acto de resistencia, sin exigir ese esfuerzo de la voluntad que a veces uno reserva, con razón, para asuntos mucho menos felices.

16 octubre 2025

Los ojos de Mona, Les yeux de mona, Thomas Schlesser

Hay momentos en que se necesita sanar el alma. En ocasiones esto aparece asociado a una cura relacionada con el cuerpo. Entre las soluciones que nos da la literatura, el viaje iniciático es una de ellas. El viaje hacia uno mismo, recorriendo elementos del conocimiento humano, ofrece soluciones que en otros han sido. A veces no buscamos un manual ni una clase magistral, sino un relato que nos tome de la mano y nos saque a caminar. Libros donde el conocimiento no se explica: sucede. Si lo que deseas es un rito de paso netamente espiritual, Siddhartha (Hermann Hesse) es la brújula: breve, diáfano, infalible como un río que enseña sin sermonear. A su lado, El caballero de la armadura oxidada (Robert Fisher) propone una parábola amable sobre soltar defensas y volver a sentir; El alquimista (Paulo Coelho) recuerda que buscar fuera es, al final, encontrarse dentro: fábula sencilla, pero con ese pulso que a veces enciende la voluntad.

16 julio 2025

El soldado desafinado, Le Soldat désaccordé, Gilles Marchand

Imaginamos que la guerra es un espacio épico, aunque sórdido, que se produce en escenarios que nos son ajenos: la televisión, geografías lejanas o evocaciones literarias. La guerra como recurso de la historia para su evolución, Margaret MacMillan; la guerra como elemento inherente a la condición civilizatoria, un pecado necesario de la política, Arendt; la guerra, al fin y al cabo, como elemento cotidiano de lo humano. Todo ello nos hace asustarnos cuando parece que se acerca y llevarnos a la indiferencia cuando la percibimos lejos de nosotros. Es condición y contradicción, realidad y ficción. Pero me temo que, para los más jóvenes, es un elemento más de la gamificación general que sufre lo social.

28 abril 2025

El ancho mundo, Le grand monde, Pierre Lemaitre

En ocasiones, el día es lluvioso, querríamos estar en la cama y no levantarnos, al menos yo. Hay gente que gusta de la lluvia, del ambiente mojado con su olor mohoso a tierra. Lo entiendo. No me deprime, pero me he enterado de que soy metereosensible, que la tristeza de los días grises, afecta mi estado general: migraña, ansiedad y cansancio. Nada nuevo, estamos hechos de la materia que configura el universo y eso no puede ser baladí. Otros gustan, como he dicho, de sentirse húmedos, de notar sobre la piel el agua que sí que huele a universo, a vida. A mí me gusta la sensación de tierra mojada, no nos equivoquemos, pero eso no impide que deseara estar leyendo un best seller en la cama, solo, ausente del mundo, de la gente, del ruido que me agobia. Un buen libro, dicen, no. No quiero un buen libro, prefiero una trama, juegos florales y malabarismos sin más pretensión que entretener.

14 enero 2025

Querido capullo, Cher connard, Virgine Despentes

 


Dentro de la modernidad asfixiante, de la estupidez imparable y de la idiotez absoluta, hay un término que me encanta: la cancelación. Este concepto es un fenómeno social contemporáneo que se refiere a la retirada de apoyo a individuos, empresas o instituciones debido a comportamientos o declaraciones considerados inaceptables o controvertidos. Se conoce como “cultura de la cancelación”, que se ha popularizado principalmente a través de las redes sociales. Se caracteriza por la exposición y condena pública, basadas en la denuncia y el rechazo de las acciones o palabras de alguien; en la afectación, el impacto en la reputación, y en el uso de las redes sociales, lo que conlleva una difusión rápida que amplifica su alcance y efecto. La cancelación puede ser vista como una forma de justicia social, pero también es un linchamiento mediático que limita la libertad de expresión. Parece que no es posible separar al autor de su obra, al artista, de la persona que ejerce de tal.

29 octubre 2024

Una salida honrosa, Une sortie honorable, Éric Vuillard

 

En mis tertulias literarias de Xàbia, tuvimos un encuentro en que cada cual manifestó qué tipo de libros les gustaba más. Yo había hecho una lista para orientarnos, les comenté cuáles habían sido los criterios y el porqué. Me sorprendió cuando el género predominante fue el histórico. Es un concepto vago. No todas las novelas históricas son historia novelada, hay novelas que usan la historia para hacer, además, literatura. Otras, en cambio, recrean los hechos históricos con mayor o menor fortuna. Todos sabemos que la Edad Media, la antigua Roma o el mundo faraónico han sido la fuente de escritores más o menos talentosos. Nos gusta leer historia que no es historia, no sé si por un ansia oculta de saber o, lo más probable, porque ir al ensayo histórico, profesional, científico, es infinitamente más farragoso. Pero también existe otra novela histórica que no pretende hacer historia, sino a partir de la historia reflexionar sobre las consecuencias o sobre la trascendencia de los protagonistas. En este blog he incluido un poco de todo. Del primer grupo tenéis a Colleen McCullough, Erik Larson,  Adelheid Van Beuningen, Pérez Reverte o Santiago Posteguillo. Del segundo tenemos a Laurent Binet, Imre Kertesz, André Malraux, Joseph Conrad o Éric Vuillard.

28 septiembre 2024

La tercera mentira, Le Troisième mensonge; Agota Kristof

 


No nos puede sorprender, después de haber leído tanto, que la realidad sea solo una configuración de la psique, una adecuación a lo esperado y conocido. La realidad parece amoldarse a nuestra percepción, se empeña, se esfuerza por congraciarse con lo que esperamos de ella, pero eso no es así. La realidad es un todo intangible que el racionalismo se ha empeñado en objetivar como si la percepción o lo irracional, no tuviera ningún peso en lo percibido. Es posible que sea cierto. Es posible que no lo sea. Hay estudios recientes (argumento falaz) que nos dicen que percibimos programados por el entorno y la genética. No podría haber nada más falso, pues, que lo que creemos observar. Evidentemente, este relativismo no es bueno, saber de él, menos todavía, pone en cuarentena preceptos, seguridades y certezas que no son como deberían ser, como esperaríamos que fuesen. Eso es inquietante. Lo he dicho en alguna ocasión, Cioran fue explícito sobre esto: pensar nos aleja de la felicidad. Sin embargo, el mundo es hermoso.

24 septiembre 2024

La prueba, La Preuve, Agota Kristof

 


La perspectiva es tan fundamental como los hechos. Algo acontece pretendidamente como verdad, es decir, reflejo fiel de la realidad, pero no es exactamente así. Vemos y contamos conforme entendemos el mundo. Si alguien ve lo que no conoce, o bien lo ignora, o bien usa la metáfora para explicarlo, es decir, inventa. Esa característica de lo humano nos sirve para defendernos y saber, es un instrumento evolutivo poderosísimo, porque permite interaccionar con la realidad a pesar de esta. Los hechos acontecen, incluso los podemos grabar, sin problemas, pero habrá una perspectiva e, incluso, cuando dos personas visionen lo mismo, con toda probabilidad, lo expresarán con diversidad. Al fin y al cabo, lo acontecido es una impresión de nuestros sentidos, difícilmente objetivable con certeza absoluta, más bien lo que pasa en una trama, la vida es una trama, se distorsiona a través de nuestra manera peculiar de entender y sentir. Dos personas pueden diferir y comprender de manera muy diferente siendo ciertas ambas perspectivas. O falsas.

18 septiembre 2024

El gran cuaderno, Le Grand Cahier, (Claus y Lucas 1) Agota Kristof

 


U
na vez más vienen las voces, las diferentes voces a ocupar los espacios de la realidad. Cuando ocurre algo, la vivencia es muy diferente dependiendo de quién es el que vive la experiencia, así, se puede vivir una experiencia traumática desde la distancia personal, o no, vivirla como la tragedia que es, llorarla y quedar traumatizado. Las experiencias vitales se perciben según la psicología y la sociología del individuo; su cultura, su personalidad u otras experiencias similares son capaces de configurar la vivencia y dotarla de un sentido particular que será el propio de cada cual. Sí, una realidad parece una realidad, un hecho contrastable, tridimensionalmente, cierto, pero no es así, está suficientemente demostrado que la interpretación de un hecho es multifactorial y no siempre coincide con la interpretación objetivable.

09 septiembre 2024

Las benévolas, Les Bienveillantes, Jonathan Littell

 


Como os había dicho, habría un segundo capítulo sobre la huida de los nazis tras la caída de Hitler. El primer libro del que os hablé fue Ruta de escape, libro enfocado desde la investigación y el ensayo, así que ahora os traigo este libro donde se trata el tema desde la literatura. El tema del nazismo fascina, nos fascina, y da lugar a multitud de documentales y literatura histórica y ficcional. ¿Por qué? Esa fascinación deriva de la necesidad de conocer el lado oscuro de las personas, focalizar el mal y entender los mecanismos de la destrucción. Son muchos los personajes que, a lo largo de la historia, han explorado el lado del infierno: Falaris, Calígula, Yang Guang, Iván el terrible, Leopoldo II de Bélgica, Stalin, Bocassa, Mao o el propio Hitler; todos ellos tienen en común que han suscitado un interés que se plasma en los libros. El mal es tan consustancial al ser como el bien y los límites éticos son los únicos que serían capaces de equilibrar la crueldad. ¿Nadie se pregunta por qué desaparece la ética y la filosofía en la enseñanza básica?

05 septiembre 2024

Fóllame, Baise-moi, Virgnie Despentes

 


Hay una literatura feminista que rompe con los parámetros de lo que ha sido la literatura femenina y alcanza límites que solo se permitían los hombres. Así, el lenguaje, el sexo o las relaciones se transforman para dar paso a las fantasías, miedos y esperanzas. No es una literatura esperable, sino revolucionaria en el sentido de que no tiene reparo en utilizar el realismo sucio o hacer de la visibilizacion y sororidad los núcleos de la misma. La cultura hace difícil su gestión como lectores, las costumbres que hemos adquirido nos hacen tolerable a Bukowski, pero no a esta Despentes, de ahí la hipocresía, de ahí los sistemas educativos canalizadores del pensamiento, la programación. En absoluto digo que no estemos ante un panorama educativo mejor, para nada, la prevalencia de lo woke es peligrosa porque victimiza, oculta y alcanza el objetivo contrario a sus deseos, pero ese es otro tema, lo que me interesa es ver cómo se rompen los esquemas de lo políticamente correcto y se lleva al lector al límite de su tolerancia intelectual. Fijémonos en este extremo, nuestros límites son sociales, es difícil escapar a esto, por eso debemos educarnos para entender y procesar otras literaturas, porque esta, la literatura, nos puede abrir horizontes que no esperábamos. Otra cosa es que sea buena o mala literatura.

12 diciembre 2022

Las partículas elementales, Les Particules élémentaires, Michel Houellebecq

 


Me interesan mucho las novelas en las que se reflexiona sobe el final de una época. Es importante estar atento a lo que dicen los escritores, su intuición va más allá de otros, son capaces de ver la luz donde los demás solo observamos el ojo del huracán. Cuando una civilización decae, no lo hace de la mañana a la noche, hay signos, pequeños cambios que contribuirán a que haya, en algún momento, una sustitución, un nacimiento de algo nuevo. Siempre hay alago nuevo, por eso los escritores no solo intentan descubrir los elementos que hacen que algo vaya muriendo, sino que son capaces de imaginar qué vendrá después, cómo tendrá lugar el nuevo nacimiento.

03 septiembre 2022

Aniquilación, Michel Houellebecq

 

Es posible que las élites económicas no hayan sido capaces de imponer sus gustos estéticos, o al menos la élite intelectual se ha quedado en eso, un anacronismo indigerible. Parte de esta tesis la defiende Houellebecq en su último libro, donde piensa que se ha impuesto el gusto popular, al menos, desde la muerte de la revolución francesa con el advenimiento del romanticismo. Es posible que esta época de los baby boomers, o al menos donde se impone el gusto mayoritario, sea consecuencia directa de la Segunda Guerra Mundial, no tengo clara la tesis, pero sí he defendido que los gustos burgueses han ido cayendo en una marginalidad hortera frente al aumento imparable de lo popular. Si nos fijamos con atención en los tiempos actuales, donde cualquiera puede acceder al entramado mundial de redes sociales, publicación de contenido e, incluso, de difusión masiva, cualquiera, literalmente, puede ofrecer su talento o su concepción del talento al mundo. Estamos hartos de ver concursos de talentos donde el cantante desafina, no tiene ninguna aptitud o, simplemente, necesita del segundo de gloria para sentirse vivo, el ridículo no forma parte de su universo. Lo sublime es una concepción intelectual de la élite, lo cotidiano es más sencillo de aceptar por cualquier consumidor. La imposición cultural programada por la élite no es tan fácil en un mundo como el actual, de hecho, los agoreros de la imposición de lo anglosajón se han visto superados por la fuerza imparable de lo latino, de lo hindú o de lo kitsch, directamente. Que yo siga disfrutando con Mozart, no significa que no me active con ACDC; que me encante Botticelli, no implica que no me pueda emocionar con El lama blanco. Futilidad y trivialidad, pensamiento líquido, eso me preocupa mucho más. Pero es cierto que el mundo no se explica igual con un vocabulario de mil palabras, ni se transforma, ni se entiende, que con un vocabulario de diez mil; otra cosa es el talento.

06 abril 2022

Las gratitudes,Les Gratitudes, Delphine De Vigan

 

Siempre se puede hablar de muchas cosas elegir, pues, un tema es algo relativamente sencillo. Hay desencadenantes internos como el estado de ánimo, la experiencia personal o externos como la lectura, el observar algo o el leer una noticia. La enfermedad es algo espantoso, todas tienen su grado de tremendismo: las enfermedades mentales que anulan a la persona y las aísla de su entorno, las hace vulnerables e incluso violentas; el cáncer que se convierte en un Armagedón contemporáneo que amenaza y atenaza, que asusta y con el que vivimos en nuestro hábitat; las enfermedades neurodegenerativas, crueles, que dejan a la persona con su cascarón y las despoja de dignidad, de recuerdos, de su mismidad; cardíacas, pulmonares, físicas, degenerativas. Todo un muestrario infinito con el que convivimos intentando no preocuparnos más de la cuenta. Ante tanta información, pienso, la hipocondría es casi una consecuencia lógica.

20 diciembre 2020

La guerra de los pobres, La Guerre des pauvres, Éric Vuillard

 

Vengo a hablaros de mi libro, no dejo de hacerlo en este espacio virtual en que no veo a los invitados, por eso siempre quiero hablaros de mi poesía, de lo excelso de mi escritura, de mi capacidad abrumante de trasformar la realidad y ligar, en buena literatura, personajes y aconteceres varios, porque qué mejor manera de comenzar este encuentro literario, pero cuando empieza el moderador desconcertado pretende dirigir con inteligencia la reunión que ha preparado con tanto mimo, presentar los libros que ha elegido para disfrutar en un goce colectivo en que todos puedan expresar qué les ha movido a llegar a unas conclusiones o a razonar los desacuerdos lectores, pero los participantes están ávidos del disfrute del ego, de la vanidad expuesta del conocimiento, qué mejor manera que con el malabarismo dialéctico, con la diatriba del filósofo rampante, de la inteligencia por descubrir. El recuerdo de mi adolescencia me apabulla, esos cenáculos en el barrio del Carmen donde los escritores solo hablaban de su libro y jamás, con educación, escuchaban hablar al otro del suyo; reconfortante espectáculo que me hizo comprender que la soberbia no es una consecuencia de la estupidez, sino un fin en sí misma, como el poder. Qué penita tiene el rapsoda (nadie habla de su libro) que nadie habla de sus libros, ni de Retrato, ni Decídselo, ni Concierto, ni nada de nada, deberé, más bien me reconfortaré con la autocomplacencia y el victimismo de que nadie me quiere, pobre poeta, mis groupies, que no conozco, me adorarán en silencio y querrán ejercer su poder de madres amantísimas, qué calor Dios, pero mientras, querida lectora, me diré a mí mismo muchas veces mientras venero en su santuario a Umbral como un Calimero postapocalíptico: nadie ha venido a presentar mi libro.(Apunte de bitácora en el año de nuestro señor de 2020, el onanismo es ejercicio magno, más si el fin es escucharse a uno mismo)

27 noviembre 2020

Vernon subutex 3, Virgine Despentes

 

Leo el blog de Cornelivs reflexionando sobre la amistad, recuerdo a Cicerón y rememoro el pensamiento fascinante del jurista, como que el parentesco lo impone la sangre, pero el amigo nos lo impone la naturaleza de nuestro corazón, primera clave, primera emoción, esa predisposición del ánimo que nos hace quererlo. El amigo verdadero está más preocupado por la salud, bienestar y buen nombre de su amigo que por el suyo propio. Por ejemplo se pregunta: ¿Qué cosa más dulce que tener con quien te atrevas a hablar de todo igualmente que contigo? ¿Cómo disfrutarías tanto en las prosperidades si no tuvieras quien de ellas se alegrase igual que tú mismo? También comunicando las adversidades al amigo se hacen estas más llevaderas, porque la amistad concluye donde termina el interés, porque el primer precepto del amigo es pedir al amigo solo lo honesto y hacer por él solo lo honesto. Y creo imprescindible recordarme estas cosas, decirme que el corazón siempre debe estar abierto a recibirlo, ponerlas ante mí para no olvidar el tremendo privilegio de quien cuenta con uno, de quien sabe que alguien se alegra por él, por su felicidad, por que sea él mismo en todas las dimensiones que le acompañan. Que difícil, que falto de yoismo, que alejado de la posmodernidad blandita y triste, del pensamiento etéreo y líquido, de las aguas cristalinas de las imposturas de las redes; importa tanto tenerlo que perderlo duele como una muerte sin cadáver.

24 octubre 2020

Suite francesa, Suite française, Irène Némirovsky

 

Una persona que trabaja conmigo ha decidido vivir la adolescencia líquida contemporánea a sus cincuenta en un carpe diem con condón de sabores y una ortodoxia kitsch. La horterada no pasaría a mayores, ni sería significativa, si no viviéramos tiempos de futilidad absolutos, alucinados y entretenidos con este nuevo puritanismo guay que lo impregna todo y propicia el tremendismo de la ofensa, la lengua con eufemismos y la estupidez permeable que lo fía todo al consumo desbocado. Es risible, aunque trivial, si no fuera paradigmático de unos tiempos que parecen un tsunami distópico y que pretenden borrarlo todo: la memoria, la dignidad, la inteligencia, el decoro. Estas nuevas víctimas de la guerra no sucumben con sangre, si no que mueren de inanición y estupidez dentro de un marco que se han creado para no mirar fuera con ojos críticos. La pandemia lo cambia todo porque estábamos preparándonos para cambiar, la pandemia pone en primera línea la dificultad para acercarnos a conceptos complejos como la muerte o enfrentar la hipocresía suicida de no saber qué somos como humanidad cayendo en el buenismo fetén de la armonía universal, el equilibrio y la solidaridad para el otro. Gilipolleces sin límites: la muerte es nuestro fin y los cadáveres son lo que seremos, en ellos nos convertiremos para revertir a la tierra que nos creó. Es más sencillo vestir, comportarse con ese ademán adolescente casual, cool, que nos permite alejarnos del olor que hace en la calle. Esa persona debe pensar que así será aceptado entre la juventud eterna que nunca va a desaparecer, entre las mareas juveniles que perpetúan la aceptación de todos los marcos que se nos proponen. Solo tiene miedo, es un cobarde.

21 noviembre 2019

El amor dura tres años, L'amour dure trois ans, Fréderic Beigbeder

El amor son tres años, o cuatro, o cinco, o ninguno. ¿Amor o deseo? ¿Pasión, compromiso? No lo sé, no conozco los tiempos, no me interesan, pero sí me interesa pensar en ello, especular, buscar argumentos, un día, sobre el amor eterno, otros sobre la futilidad inconsistente. ¿Amor o deseo, o pasión? ¿Es lo mismo darse que desear? Puede que sea cierto que el deseo y la pasión duran tres años, o dos o cuatro, pero el amor, no sé, parece que el amor es más duradero, ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo, o deseo, o pasión? Igual es el sexo el que dura tres años a duras penas, en otras ocasiones es más efímero y no pasa de una noche triste, o gloriosa. Pero igual el amor se agota cuando se quiere poseer al otro, cuando no se deja ser. No importa, seguiré especulando, seguirás especulando, seguiremos convenciéndonos de lo que necesitemos convencernos.

01 mayo 2019

Serotonina, Sérotonine, Michel Houellebecq


Quería haber escrito tres entradas, al menos al mes, pero la desidia me lo impide, una descorazonadora desidia que me invade y me lleva a una inacción preocupante. Me sigo excitando con cada lectura, lo reconozco, y mi ritmo es adecuado, pero ponerme a escribiros, escribir, sobre lo que pienso o siento con cada una de ellas cada vez me resulta más complejo, diría, si no fuera porque lo considero muy cursi, insoportable. Pero muchas cosas me resultan insoportables, para qué engañarme: moverme, entrenar, escribir, dirigir, enseñar, disfrutar, amar, odiar, ser, no ser. La vida es difícil siendo muy fácil, por eso, a veces, el vacío.

30 enero 2019

El orden del día, L'Ordre du jour, Eric Vuillard

Estoy dando una clase de literatura en un bachiller científico. Buena gente, buenos alumnos, parece que escuchan, parece que se interesan, pero sé que no van a leer, sé que he de dar una clase de literatura sin que hayan leído un solo libro. Es algo paradójico, a mí me parece absurdo, me parece ridículo hablar del realismo mágico y que no hayan leído a Carpentier ni a Márquez, pero es el mal de nuestro tiempo, porque tendría que hacer preguntas aún más complejas como si todos los profesores que dan literatura realmente se han leído los libros canónicos que marca el currículo, tú lo sabes, lo sé yo: muchos no.