Empieza el año y he estado leyendo sobre la barbaridad de libros que lee la gente, claro, la gente que lee. Yo he leído lo que me ha apetecido; ni es mucho ni poco, ni nada, son solo lecturas que me han acompañado y que han ayudado a que mi mundo se expanda y sea más interesante. Leer contrasta con otros placeres; el nuestro —como he dicho muchas veces— es diferido, postergado. Es genial saber que hay una historia inacabada esperándote, que está ahí y que no se va a perder, que seguirá la leas o no. Es cierto que, si no acabas con ella, queda inconclusa; lo que te aporta es incompleto, pero da lo mismo, algo queda, y ese poso es el que se incorpora a tu vida para expandir el pensamiento, pero también la propia experiencia de lo vital. En conclusión, no sé si leo mucho o poco; lo que sí sé es que leo. Es algo que siempre me ha acompañado y que espero que siga acompañándome.
Los libros de relatos me encantan, son inmediatos, requieren menos concentración o memoria. La literatura japonesa me parece más minimalista, sencilla, se fija en aspectos que otras igual ignoran. No creo que los autores estén obsesionados por la inmortalidad en la obra, creo que les preocupa mucho más la forma, el momento que describen o la idea que desarrollan. Este libro me ha parecido reiterativo, trabaja con la idea de la recuperación del pasado, o al menos, de que el trauma presente quede explicado, mitigado, por la posibilidad de revivir ese hecho concreto que pudo darle sentido a lo que ahora vivimos.
Por eso, requiere de una redacción sencilla, parecida a la que tienen Las deliciosas historias de la taberna Kamogawa, lo que ayuda a crear un ambiente cotidiano donde el lector no es más que un espectador que interviene como de casualidad en la construcción del libro.
Fumiko dio mil y una vueltas a estas reglas. Entre las muchas cosas en las que pensó se preguntó una y otra vez si regresar al pasado tenía de verdad algún sentido y si, aunque el presente no fuera a cambiar, era mejor volver y soltarle a Gorō todo lo que le quería decir.
Revisó mentalmente las reglas tantas veces que acabó por no saber qué pensar y, al final, se durmió reclinada encima de la mesa.
Volver al pasado para rememorar un hecho puede ser una cura para el alma mucho más que un cambio circunstancial. Los hechos son acontecimientos que, una vez acontecidos, desaparecen para siempre o bien son reprocesados por el recuerdo para asentarlos en nosotros. Por eso hemos de saber que, si volvemos al pasado, no vamos a cambiar el presente, pero igual ayuda a comprenderlo.
La señora Kōtake por fin entendió por qué el señor Fusagi había querido entregarle la carta a su mujer del futuro.
Hay pasajes que me recuerdan un cuadro japonés y me encanta cómo a Rubén Darío le fascinaba lo oriental, el exotismo, los espacios que fueron ignotos, hoy saturados en el manga delicado y hermoso.
A diferencia de lo que pasa con la cigarra marrón y la min min, no es habitual oír el canto de la cigarra higurashi en las ciudades, porque esta prefiere los lugares umbríos donde no toca el sol durante el día, como los bosques o las florestas. Sin embargo, en el vecindario de la cafetería Funikuri Funikura vivía una higurashi. Cuando empezaba a caer la noche de repente se oía su cri, cri, cri: un chirrido efímero que parecía que fuera a desvanecerse.
Traductor: Marta Morros Serret
Editorial: Plaza & Janes
ISBN: 9788401024191
Idioma: Castellano
Número de páginas: 272
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento: 21/01/2021
Año de edición: 2021
Plaza de edición: Es
Colección: Éxitos
Alto: 19.5 cm
Ancho: 15.8 cm
Grueso: 1.8 cm
Peso: 314.0 gr
Una mesa, un café y una decisión. Eso es todo lo que hace falta para ser feliz.
Una novela sobre el amor, el tiempo perdido y las oportunidades que están por llegar.
Un best seller internacional que ya ha vendido 1.000.000 de copias.
Un rumor circula por Tokio... Oculta en uno de sus callejones hay una pequeña cafetería que merece la pena visitar no solo por su excelente café, sino también porque, si eliges bien la silla donde sentarte, puedes regresar al pasado. Pero como incluso lo increíble está sujeto a limitaciones, no podrás salir de la cafetería mientras dure el viaje, volverás cuando el café se enfríe y, hagas lo que hagas, el presente no cambiará.
A través de las emocionantes historias de cuatro clientes que se atreven a embarcarse en esta aventura por motivos diferentes, Antes de que se enfríe el café nos ofrece un relato atemporal sobre el amor, las oportunidades perdidas y la esperanza de un futuro que siempre está por llegar.

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