Jamie
Ford, en El sabor prohibido del jengibre, nos transporta a la Seattle de
mediados del siglo XX, en medio de las tensiones raciales y sociales que
marcaron la Segunda Guerra Mundial. Ford aborda con delicadeza la dualidad
cultural, el choque de tradiciones y los sacrificios personales en tiempos de
conflicto. Lo que caracteriza a esta obra es su capacidad para capturar la
nostalgia y el dolor de un pasado que nunca termina de irse. La narrativa
alterna entre los recuerdos de Henry y su vida presente, revelando secretos
enterrados que moldean su identidad. Con una prosa sencilla, pero profundamente
evocadora, Ford logra que el lector sienta el peso de las decisiones de los
personajes y las heridas que dejan.
La
novela analiza la difícil situación de la comunidad japonesa tras Pearl Hearbur,
cómo los confinaron en campos y las dificultades que pasaron. Es interesante porque
usa el diálogo como sustento y ese aire cinematográfico ayuda a visualizar la
trama. Al fin y al cabo, como os he dicho, es una novela que cuenta una
historia.
A
muchas familias se les había animado para que se marchasen de forma voluntaria.
Algunas habían creído que de esa manera evitarían el internamiento. El problema
era que nadie quería venderles gasolina a las familias que escapaban de la
ciudad, o alquilarles una habitación. Incluso en lugares que estaban casi vacíos
las rechazaban, o colgaban el cartel de cerrado antes de que se bajasen del
coche. El tío Keiko había conseguido llegar hasta Wenatchee, en Washington,
hasta verse obligado a dar la vuelta porque nadie le quería llenar el depósito.
Regresaron y acabaron prisioneros como todos los demás.
En
Duomo ediciones.
Categoría
Literatura Contemporánea
Autor/a
JAMIE FORD
Traductor/a
Alberto Coscarelli
Colección
Nefelibata
Encuadernación
Tapa blanda
Fecha
de publicación 13/10/2010
ISBN 9788492723485
Páginas
346
En el
Panamá, un hotel del antiguo barrio japonés de Seattle que ha estado cerrado
durante años, Henry Lee descubre algo increíble: el sótano está lleno de
objetos que las familias japonesas, antes de ser enviadas a los campos de
internamiento americanos durante la Segunda Guerra Mundial, dejaron allí,
abandonados.
El
hecho le hará emprender un viaje a través del tiempo y recordar, más de
cuarenta años después, su infancia como un niño de origen chino, enamorado de
Keiko Okabe, una niña americana de origen japonés. Henry Lee buscará al gran
amor de su vida del que fue separado en tiempos de guerra, durante el ataque a
Pearl Harbor, y cuyo recuerdo pervive como un sabor prohibido.
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