28 enero 2025

El sabor prohibido del jengibre, Hotel on the Corner of Bitter and Sweet, Jamie Ford

 


Dentro de mis contradicciones está la relación que establezco con los best sellers. Es difícil. He escrito mucho sobre el tema, a veces pienso que me puede mi mente cultureta, otras que la soberbia es superior al sentido común. La literatura no deja de nacer como entretenimiento, de verdad que lo pienso, pero desde sus principios hemos caído en la tentación de analizar la vida, al hombre y sus contradicciones, reflejar, en una palabra, las contradicciones y virtudes del hecho de vivir. Pero es entretenimiento. Ha cumplido muy bien su función a lo largo de la historia, claro, pero los medios de comunicación de masas, el cine, la radio, la televisión, han cubierto espacios que antes ocupaban las letras. Así, hoy accedemos a muchos espacios de ocio inmediatos y agradables, que suplen eficientemente el espacio de la narrativa. Yo soy de los que han caído en la trampa, en el engaño infinito del entretenimiento, tal vez por eso, tiendo a buscar una literatura que indague en la vida, más que una literatura que entretenga la vida. Aun así, sigo leyendo, de vez en cuando, libros que cuentan historias, que quieren entretener (cuestión aparte es la intención conseguida o no del escritor, que no siempre está en consonancia al resultado final). Y no hay ningún problema en ello.

Jamie Ford, en El sabor prohibido del jengibre, nos transporta a la Seattle de mediados del siglo XX, en medio de las tensiones raciales y sociales que marcaron la Segunda Guerra Mundial. Ford aborda con delicadeza la dualidad cultural, el choque de tradiciones y los sacrificios personales en tiempos de conflicto. Lo que caracteriza a esta obra es su capacidad para capturar la nostalgia y el dolor de un pasado que nunca termina de irse. La narrativa alterna entre los recuerdos de Henry y su vida presente, revelando secretos enterrados que moldean su identidad. Con una prosa sencilla, pero profundamente evocadora, Ford logra que el lector sienta el peso de las decisiones de los personajes y las heridas que dejan.

La novela analiza la difícil situación de la comunidad japonesa tras Pearl Hearbur, cómo los confinaron en campos y las dificultades que pasaron. Es interesante porque usa el diálogo como sustento y ese aire cinematográfico ayuda a visualizar la trama. Al fin y al cabo, como os he dicho, es una novela que cuenta una historia.

 

A muchas familias se les había animado para que se marchasen de forma voluntaria. Algunas habían creído que de esa manera evitarían el internamiento. El problema era que nadie quería venderles gasolina a las familias que escapaban de la ciudad, o alquilarles una habitación. Incluso en lugares que estaban casi vacíos las rechazaban, o colgaban el cartel de cerrado antes de que se bajasen del coche. El tío Keiko había conseguido llegar hasta Wenatchee, en Washington, hasta verse obligado a dar la vuelta porque nadie le quería llenar el depósito. Regresaron y acabaron prisioneros como todos los demás.

 

En Duomo ediciones.

 

Categoría Literatura Contemporánea

Autor/a JAMIE FORD

Traductor/a Alberto Coscarelli

Colección Nefelibata

Encuadernación Tapa blanda

Fecha de publicación 13/10/2010

ISBN 9788492723485

Páginas 346

 

En el Panamá, un hotel del antiguo barrio japonés de Seattle que ha estado cerrado durante años, Henry Lee descubre algo increíble: el sótano está lleno de objetos que las familias japonesas, antes de ser enviadas a los campos de internamiento americanos durante la Segunda Guerra Mundial, dejaron allí, abandonados.

El hecho le hará emprender un viaje a través del tiempo y recordar, más de cuarenta años después, su infancia como un niño de origen chino, enamorado de Keiko Okabe, una niña americana de origen japonés. Henry Lee buscará al gran amor de su vida del que fue separado en tiempos de guerra, durante el ataque a Pearl Harbor, y cuyo recuerdo pervive como un sabor prohibido.

 

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