Partir de cero cuando alguien se hace mayor es todo un reto. Hay cosas que nos cuesta dejar, otras, simplemente, desaparecen y otras, bueno, otras hay que empezarlas de nuevo. En el ámbito profesional, todo cuesta, te acostumbras a rutinas, a lugares comunes y estableces un espacio de confort que, difícilmente, quieres abandonar: no te marean, no te molestan y lo dominas. Sin embargo, esto no es tan fácil como parece, la mayoría de la gente prefiere descansar en la inacción de lo conocido, temerosa, supongo, de lo que está por venir. En ocasiones, lo que acontece es tan conocido como lo antiguo y, entonces, el cambio no invita al optimismo, da pereza, no engancha. Pero sí que hay cambios, sí que hay valor para lanzarse al vacío apenas antes de jubilarse y eso, eso es difícil, estimulante y vital. Sentir que uno está vivo es más que un objetivo; es la única razón para no morir.
Landero es un
especialista en este tipo de situaciones, en oportunidades tardías, en
circunstancias rocambolescas que aparecen cuando nada invita al optimismo. Sus
personajes son funambulistas, muchas veces, de la vida, verdaderos artistas del
hambre: social, cultural, afectivo. Por ello vemos un leitmotiv constante en la
obra, en sus obras, tanto de tintes autobiográficos (es el personaje que se ha
construido), como sobre la fantasía de la oportunidad. Todo ello, además, con
un tono irónico que acompaña perfectamente a los desarraigados, a los soñadores
que configuran el mundo con palabras diferentes al resto del mundo: lo inventan
a su gusto, lo transforman en ese arriesgado juego de opacidades que es tan
difícil de aceptar.
Las disquisiciones
de la novela de tipo moral, las reflexiones sobre la vida o las acciones de los
hombres en Landero, me recuerdan siempre a Alonso Quijano. No
puedo evitarlo, la verdad, son obras que nos acaban ayudando a entender
diferentes aspectos de lo social. Y creo que nos hacen mejores.
Quiero
volver, aunque sea brevemente, a esa expresión afortunadísima y esencial, y
sobre la que he reflexionado en más de una ocasión: Estar
a la altura de las circunstancias. Del manejo y dominio de ese arte de
convivencia que es saber estar o no estar a la altura de las circunstancias,
dependen nuestras relaciones con los otros, y, por tanto, nuestra armonía anímica
y hasta nuestra propia felicidad. Pues bien, lo primero que hay que decir sobre
este primordial asunto, a modo de teorema o de ley, es lo siguiente: «Dada una
reunión social, la altura de las circunstancias, sean estas las que sean, es
siempre inamovible», y, por tanto, nadie la puede cambiar.
Como
he comentado, los guiños quijotescos son evidentes, no ya solo el tono o la
referencia directa, sin la inclusión de disertaciones o relatos en la trama,
dotan al relato de fuerza.
He
pensado que es mejor no intercalar el cuento entero. Es demasiado largo, tiene
más de veinte páginas, y creo que con lo que he puesto es suficiente para
hacerse una idea de él.
El
personaje se ahoga en suspicacias, en el engaño, en el pensamiento de que el
universo confabula para acarrearle desgracias, pero tal vez no sea cierto, no
hay nadie lo suficientemente importante para que el universo quiera hacerlo
desgraciado. El universo se ofrece, abre caminos que se cogen o no. La
literatura de Landero explora precisamente este aspecto, lo exprime, lo
lleva a sus últimas consecuencias, pero siempre dejando abierto el camino a
coger la oportunidad, que suele llevar al fracaso. Sus personajes son ricos
porque la paranoia es real, verosímil, su exagerada reacción, su actitud hostil
hacia la vida es, desgraciadamente, demasiado normal.
Pero
yo ya conocía los turbios caminos por los que transitaban, la pequeña obra
burlesca que habían preparado para mí. Yo podía leer en sus almas, o mejor
dicho, en sus mismos rostros, y en ellos estaba el miedo, la duda, el vértigo
del actor que olvida de pronto su papel. Yo sé de lo que hablo.
La
tenemos en Tusquets
Temática
Novela literaria
Publicación
2 feb 2022
Sentido
lectura Occidental
Colección
Andanzas
Presentación
Rústica con solapas
Formato
14.8 x 22.5 cm
Editorial
Tusquets Editores
ISBN
978-84-1107-069-0
Páginas
288
Marcial
es un hombre exigente, con don de palabra, y orgulloso de su formación
autodidacta. Un día se encuentra con una mujer que no solo le fascina, sino que
reúne todo aquello que le gustaría tener en la vida: buen gusto, alta posición,
relaciones con gente interesante. Él, que tiene un alto concepto de sí mismo,
es de hecho encargado en una empresa cárnica. Ella, que se ha presentado como
Pepita, es estudiosa del arte y pertenece a una familia adinerada. Marcial
necesita contarnos su historia de amor, el despliegue de sus talentos para
conquistarla, su estrategia para desbancar a los otros pretendientes y sobre
todo qué ocurrió cuando fue invitado a una fiesta en casa de su amada.
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