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30 julio 2025

Un animal salvaje, Joël Dicker

El verano es la época del año que nos ayuda a desconectar, bueno, ayuda a desconectar a los otros, porque yo trabajo. Pero si lo vemos en perspectiva, es una época para leer en la piscina o en la playa, también, con las temperaturas que hay, en el sofá de tu casa, bajo el aire. Lo cierto es que salir, socializar, no apetece nada. Por eso nos dejamos llevar por recomendaciones, artículos más o menos especializados, o lo que es peor, por los comentarios de las redes sociales. El otro día, en una comida de trabajo, una compañera se aventuró a recomendarme varios libros, todos superventas, claro. Me habló de la magnífica escritura, de las tramas tan bien desarrolladas, de la consistencia de los personajes. Nos dejamos influir por las series de televisión y confundimos una historia con literatura. La literatura cuenta historias, pero, necesariamente, las historias no tienen por qué ser literatura. Son los riesgos del calor.

07 junio 2023

El enigma de la habitación 622, Joël Dicker


No me acabo de hacer con las nuevas literaturas. Eso no significa que no me gusten o no las lea, significa que la carga ideológica, la culpabilización o la asunción de roles no los acabo de ver. El tema de la inmigración es complejo, el desarraigo, el movimiento a sitios nuevos, la soledad, son temas que se han de tratar, evidentemente, igual que las relaciones familiares que se desprenden de lo que ocurre cuando alguien decide irse. Pero los aspectos que sugieren cancelación o el nuevo y poderoso pensamiento woke no acaban de encontrar su camino porque obvian la libertad del individuo y parecen querer englobarlo todo bajo el manto protector de lo que debe ser que, es curioso, se identifica siempre en un ámbito muy concreto del buenismo bien. Así el inmigrante siempre es víctima, la mujer siempre es víctima, el diferente siempre es víctima, por lo tanto, son susceptibles de abusos. Entiendo que la literatura ha de denunciar, pero algo no funciona, es probable que no lo haga en mi manera de procesar la realidad.

10 septiembre 2022

El caso Alaska Sanders, Joël Dicker

 

La novela policíaca ha ido cambiando y, aunque se centra en un personaje que nuclea las acciones y sirve de epicentro de las tramas, juega con el entorno para convertirla en algo más global. La novela policíaca me gusta más llamarla, cuando sus protagonistas son policías, así, de policías, porque las acciones se desarrollan en la legalidad del sistema y dentro de investigaciones criminales que parten de las unidades policiales. Hay ocasiones en que lo policial es una excusa para presentar un alter héroe, como una duplicación del presunto personaje principal, que es quien en realidad desarrolla la acción y protagoniza los conflictos.

08 septiembre 2020

La verdad sobre el caso Harry Quebert, La Vérité sur l’Affaire Harry Quebert, Joël Dicker

 

La normalidad es una ilusión de la mente para equilibrar los deseos y ambiciones, el modus vivendi y la conciencia, no deja de ser un entendimiento con nosotros mismos y con la sociedad para poder convivir más o menos en paz. No hay nueva normalidad, la normalidad es siempre un imaginario, diferente en el tiempo, que consensuamos para ser, así los flujos con mascarillas, la limpieza compulsiva de las manos, los codos del saludo, no son más que sustitutos de otras normas como antes fueron las de tocarse el ala del sombrero o dejar que una señora se sentara en el autobús; nadie habló de nuevas normalidades, habló de modernidad, en todo caso, de superación del machismo o de, con esa capacidad inagotable para el eufemismo, nueva era. Pero no nos engañemos, vivimos inmersos en un cambio histórico, y cuando digo cambio histórico me refiero en cambio de era y de paradigmas, todo a la vez, para no aburrirnos, por eso la ceguera se impone, el aturdimiento y la dificultad de ser racionales.

12 octubre 2016

El libro de los Baltimore, Le Livre des Baltimore,Joël Dicker


Lle
vo un año buscando en mi cerebro, como si fuera un aventurero de otros tiempos, un título para mi novela. La semana pasada di por concluido el trabajo de revisión, de adecuación de estilo y de armonización, fue ahí cuando me di cuenta de que esto de ser escritor, editor, corrector de estilo y especialista en impresión me supera: Acaso, ¿no se suponía que solo me tenía que preocupar por la voluntad de estilo, por la obra artística? Debe ser cobardía, no lo sé muy bien, pero no me apetece buscar un representante, ni siquiera promocionarme en los espacios que me ceden, no me apetece, o no me atrevo. Creo que llevo bien la crítica, la hago conmigo mismo, y este estado de ambigüedad, me permite transitar por mí mismo, por lo que me apetece escribir sin necesidad de alimentar mi ego más de lo imprescindible. La eternidad un lamento, joder, en 1999.