La lectura es un placer indescriptible. Escribir un sufrimiento asumible
30 julio 2025
Un animal salvaje, Joël Dicker
07 junio 2023
El enigma de la habitación 622, Joël Dicker
10 septiembre 2022
El caso Alaska Sanders, Joël Dicker
La novela policíaca ha ido cambiando y, aunque se centra en un personaje que nuclea las acciones y sirve de epicentro de las tramas, juega con el entorno para convertirla en algo más global. La novela policíaca me gusta más llamarla, cuando sus protagonistas son policías, así, de policías, porque las acciones se desarrollan en la legalidad del sistema y dentro de investigaciones criminales que parten de las unidades policiales. Hay ocasiones en que lo policial es una excusa para presentar un alter héroe, como una duplicación del presunto personaje principal, que es quien en realidad desarrolla la acción y protagoniza los conflictos.
08 septiembre 2020
La verdad sobre el caso Harry Quebert, La Vérité sur l’Affaire Harry Quebert, Joël Dicker
La normalidad es una ilusión de la mente para equilibrar los deseos y ambiciones, el modus vivendi y la conciencia, no deja de ser un entendimiento con nosotros mismos y con la sociedad para poder convivir más o menos en paz. No hay nueva normalidad, la normalidad es siempre un imaginario, diferente en el tiempo, que consensuamos para ser, así los flujos con mascarillas, la limpieza compulsiva de las manos, los codos del saludo, no son más que sustitutos de otras normas como antes fueron las de tocarse el ala del sombrero o dejar que una señora se sentara en el autobús; nadie habló de nuevas normalidades, habló de modernidad, en todo caso, de superación del machismo o de, con esa capacidad inagotable para el eufemismo, nueva era. Pero no nos engañemos, vivimos inmersos en un cambio histórico, y cuando digo cambio histórico me refiero en cambio de era y de paradigmas, todo a la vez, para no aburrirnos, por eso la ceguera se impone, el aturdimiento y la dificultad de ser racionales.
12 octubre 2016
El libro de los Baltimore, Le Livre des Baltimore,Joël Dicker
Llevo un año buscando en mi cerebro, como si fuera un aventurero de otros tiempos, un título para mi novela. La semana pasada di por concluido el trabajo de revisión, de adecuación de estilo y de armonización, fue ahí cuando me di cuenta de que esto de ser escritor, editor, corrector de estilo y especialista en impresión me supera: Acaso, ¿no se suponía que solo me tenía que preocupar por la voluntad de estilo, por la obra artística? Debe ser cobardía, no lo sé muy bien, pero no me apetece buscar un representante, ni siquiera promocionarme en los espacios que me ceden, no me apetece, o no me atrevo. Creo que llevo bien la crítica, la hago conmigo mismo, y este estado de ambigüedad, me permite transitar por mí mismo, por lo que me apetece escribir sin necesidad de alimentar mi ego más de lo imprescindible. La eternidad un lamento, joder, en 1999.



