Tengo
cierta fascinación por la literatura
oriental, su preciosismo, su capacidad
para describir espacios al tiempo que es capaz de inquietarme. He
leído algunos autores japoneses, chinos, Murakami,
Higashino, Sijie,
en este blog y otros antes
de que la memoria se fuera depositando, en un ataque de narcisismo,
por escrito como
Mishima, Katayama u Oé.
He hablado alguna vez del hecho de escribir: tiene
varias dimensiones; la narcisista, el hecho de poner en valor una
actividad; la de recoger elementos de la memoria que de otro modo
serían imposibles de retener en mi cabeza; y la frustración por no
ser un buen escritor, probablemente es la más dolorosa, pero el
tiempo ayuda a aceptarla, a asumir los límites de tu talento. La
literatura, de cualquier manera, se convierte en una dimensión a la
que puedo acceder y procurarme una satisfacción, ya que como
escritor no puede ser, pues al menos como lector o como guardián
de unas memorias lectoras.
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