Se producen fracturas en la vida, en el
devenir de la vida. No es una cronología lineal, ni todo está previsto de
antemano, más bien es un continuo de alternancias que produce sucesos
extraordinarios e inesperados. La vida es una realidad a la que no podemos
renunciar, en principio, porque aunque renunciemos vivimos, a menos que
decidamos acabar con la vida, en ese caso desaparece, se esfuma es no-vida, no
nos interesa; es el paso a las otras dimensiones, a las otras alternativas, a
las otras vidas. Por eso se producen acciones, aventuras, hechos que, en
ocasiones, alteran el marco de expectativas y, en consecuencia, nuestra
percepción. Es entonces cuando debemos dejar la mente en blanco, cuando debemos
ver qué hay de proyección en lo que ocurre, cuanto de nuestra sombra, cuanto de
lo que esperábamos se produce o no y entonces, solo entonces, valorar lo
acontecido y así, en la mayoría de casos, nos daremos cuenta de que los demás
no nos decepcionan, no, nos decepcionamos nosotros a nosotros mismos.
