El
viaje a los infiernos personales es un anhelo del intelectual, o
debería serlo, viaje, al fin y al cabo, determinado por la necesidad
del autoconocimiento que libera al ser de la esclavitud del miedo.
Convivir con fantasmas y recuerdos es complejo, mucho, porque nuestro
cerebro se ha ido amoldando a los elementos que nos han herido o
animado. Así el viaje iniciativo,
en el que se necesita una actitud abierta y flexible, no está al
alcance de la mayoría de los mortales: en algunos casos no es
posible, la necesidad de supervivencia no deja que nos abandonemos a
la reflexión;
en otros, el recuerdo se ha bloqueado porque el dolor es grande y
bucear en el abismo es siempre peligroso,
es posible que mentirnos sea el camino por el que se ha optado;
algunas veces dejamos que pequeños destellos alumbren nuestra
psique, los observamos y, o bien los volvemos a bloquear, o bien
intentamos volver a amoldarnos a ellos. Pero siempre
está quien vence el
miedo,
quien mira al dolor a la cara y lo analiza porque necesita saber
quién
es el señor que lo mira todas las mañanas reflejado en
el
espejo.
La lectura es un placer indescriptible. Escribir un sufrimiento asumible
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14 mayo 2020
28 febrero 2019
Diario de una vagabunda, 放浪記 Horoki, Fumiko Hayashi
A veces tengo un deseo irrefrenable de abandonar el blog, pero como tengo el deseo de abandonar el trabajo, la vida o el territorio, como tengo ganas de abandonar a los amigos, los hijos o las aficiones. El blog me devora sin hacer absolutamente nada, me fagocita con una lentitud exasperarte y dolorosa porque es insaciable como lo puede ser la vida, el trabajo, los hijos o los amigos: has de estar siempre a tope, sin errores, satisfaciendo necesidades que no sabes muy bien cómo llegaron a tu vida, pero que están tan presentes como el hecho de cenar o de ir en bicicleta. Es una obligación hacia mí mismo, imagino como lo demás, una decisión que tomo consciente y sin esperar nada a cambio, pero en realidad, ¿quién no espera nada a cambio?
02 enero 2018
Años salvajes, Barbarian Days : A Surfing Life, William Finnegan
Empezamos un nuevo año, un nuevo rumbo por la literatura sin dejar el ánimo ni la ilusión por compartir y conocer nuevos mundos, nuevas tramas, nuevos personajes. Me ilusiona saber que la literatura forma parte determinante de mi vida, que siempre encuentro algún libro que me devuelve la ilusión, que me hace disfrutar con el hecho literario, esa es, pues, la virtud de la literatura, de la lectura, en consecuencia, porque leer es un placer para el espíritu, un dolor que se asume con voluntad, un entretenimiento que te permite la vivencia de millones de situaciones que no podrías conocer de ningún otro modo. En el mundo de las verdades a medias, la literatura es la ficción perfecta de la verdad, su manipulación y recreación hasta el extremo, y eso la hace tan veraz, la convierte en la verdad con que todos soñamos.
23 mayo 2012
Cartero, Post Office Charles Bukowski
Con Bukowski me pasa algo curioso. Yo conocí primero a Henry Miller, no me acuerdo si leí primero el Trópico de Cáncer o el de Capricornio, pero tampoco es importante, el caso es que con 17 años estaba fascinado por una literatura que difería de la que estaba acostumbrado a leer, era impactante, poco servil, nada delicada, real e incluso hostil. Sí, fue un descubrimiento que me acompaña hasta este mismo momento. el caso, tengo un amigo que por aquel entonces me ofreció alguna de las novelas de nuestro autor, y claro, con esa soberbia típica de la postadolescencia le dije, sin tener la más mínima idea, que cómo íbamos a comparar a Miller con Bukowski, era un sacrilegio. Conclusión, no leí nada de nuestro autor hasta veinte años después.
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