La lectura de los clásicos se hace compleja en tiempos modernos al menos por dos razones: una de carácter temporal y otra de carácter moral y afectivo. La complejidad temporal radica en la distancia: sintáctica, gramatical y léxica, ya que, en muchas ocasiones, el lector moderno se encuentra ante arcaísmos, giros o elementos sintácticos lejanos a sus conocimientos culturales. La otra dificultad es afectiva, porque existe una presión cultural que nos empuja a leer o sí o también estos clásicos que conforman el canon, esto hace que queramos leerlos aunque nuestra distancia frente a ellos sea infinita; de este problema afectivo se deriva uno moral, una obligación para con nuestra cultura para que nos guste y nos encontremos cómodos con su lectura. Sin embargo, hemos de ser honrados con nosotros mismos. ¿He leído, de verdad, El Quijote, Gargantúa y Pantagruel, La Iliada, La divina comedia, En busca del tiempo perdido, El Ulises? Nuestra respuesta nos sorprenderá a nosotros mismos, y debemos aceptar que no siempre es posible adentrarnos en una lectura placentera con libros que nos son, en muchos sentidos, distantes y engorrosos.
.jpg)