Los
medios, cuando lanzan una novela, utilizan clichés para enganchar a cierto
sector del público lector. Últimamente, utilizan etiquetas como feminista, woke
o impactante; en ocasiones, más arriesgados, asaltan conceptos como obra
maestra, libertad creativa o el más vendido en el mundo (¡Más de cien mil
ejemplares vendidos! ¡Cuarta edición (con mil ejemplares reales cada una)!). El
márquetin literario engaña al lector; su finalidad, como toda disciplina de
ventas, es colocar un producto; así, la literatura se convierte en mercancía
que compite en un mercado con exceso de oferta. ¿Cómo, acaso, un lector no
avezado, podría desenvolverse con garantías en el océano inescrutable de las
novedades literarias? Pero, claro, eso es un riesgo que no todos quieren
aceptar y una guía que muchos quieren tener.
