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26 agosto 2022

La fórmula preferida del profesor, 博士の愛した数式, Yoko Ogawa

 

Enseñar. El hecho de ser profesor siempre me ha producido contradicciones entre el querer ser y el ser. Hay algo dentro de nosotros que nos lleva a creer que, si no tuviéramos la vida que tenemos, la que nos hemos construido, tendríamos otra mucho mejor; en la ilusión, tal vez, está el motor de la esperanza, de poder ser quienes no somos o no hemos sabido ser. Ese anhelo tan humano de perseguir los sueños a través de los deseos, alimenta la esperanza de un futuro mejor, feliz. Y esta palabra, feliz, se convierte en el centro de nuestra vida, “quiero ser feliz, “me merezco ser feliz”, pero la realidad es que hemos de comer todos los días y la vida tiene muchos sinsabores, es posible, solo posible, que tengamos que prepararnos para el dolor, así, seguro, sabremos que la felicidad, el bienestar, es un bien apreciado que hemos de saber disfrutar. Enseñar, pues, es algo complejo porque podemos afrontarlo desde varias perspectivas: la de la satisfacción personal, ya que transmitimos aquello que nos hace sentir bien; la técnica, porque somos capaces de transmitir lo que sabemos; la humana que contribuye a mostrar otros puntos de vista y a favorecer, al que aprende, la configuración de su personalidad mientras aprende. (Pequeño apunte: aprender lo que aparenta ser innecesario es fundamental para conocer los límites de la frustración, saber administrarla y generar disciplina.)

07 junio 2022

La policía de la memoria, 密やかな結晶, Yoko Ogawa

 

La memoria es la madame de nuestra vida: nos aturde, nos somete, nos engaña y se permite cualquier lujo a su alcance para conseguir el control. La memoria se ancla en nuestra vida para ayudarnos a no caer en los mismos errores o para aprender. En un mundo en que se intenta erradicar, en que la historia ya no es la historia, en que el pasado se manipula y se presenta al antojo del idiota de turno, casi me atrevo a reivindicar la memoria. Por ejemplo, reivindico la parcialidad histórica en la memoria viviente y sangrante de guerra,hambre y muerte de mi abuela; reivindico los conocimientos acumulados inservibles que me ayudan a comprender con rapidez muchas cosas que pasan a mi alrededor; reivindico mis recuerdos, aun sabiendo que son ficciones, porque me han configurado en todas mis dimensiones; reivindico el amor que no encontré en la niñez, pero que creo ver en ecos rememorados; reivindico el viaje a Brasil que jamás hice, pero que siempre creí haber hecho (somos así los lunáticos); reivindico todos y cada uno de los momentos que me han dolido, que me han machacado, que me han construido; reivindico la historia y la filosofía. La memoria es un ente manipulado, claro, reconstruido, por supuesto, pero fundamental para ser. Reivindico, sí la memoria, jamás la añoranza. Bendito Orwell.