Siempre se puede hablar de muchas cosas elegir, pues, un tema es algo relativamente sencillo. Hay desencadenantes internos como el estado de ánimo, la experiencia personal o externos como la lectura, el observar algo o el leer una noticia. La enfermedad es algo espantoso, todas tienen su grado de tremendismo: las enfermedades mentales que anulan a la persona y las aísla de su entorno, las hace vulnerables e incluso violentas; el cáncer que se convierte en un Armagedón contemporáneo que amenaza y atenaza, que asusta y con el que vivimos en nuestro hábitat; las enfermedades neurodegenerativas, crueles, que dejan a la persona con su cascarón y las despoja de dignidad, de recuerdos, de su mismidad; cardíacas, pulmonares, físicas, degenerativas. Todo un muestrario infinito con el que convivimos intentando no preocuparnos más de la cuenta. Ante tanta información, pienso, la hipocondría es casi una consecuencia lógica.
