En la
literatura abunda la discusión sobre el género. Esto no es algo nuevo en este
blog; de hecho, han sido innumerables las entradas en las que he tratado el
tema. Un género pretende ser una sistematización de lo expuesto, de lo escrito
y de su forma; así, entendemos que la narrativa cuenta historias, la poesía
desentraña sentimientos y el drama expone a los personajes entre sí a través de
una trama. Pero no es tan sencillo: se entremezcla lo formal con el contenido,
se añaden géneros a los géneros, se hibridan, se cambian las reglas y, por
ejemplo, un texto narrativo desentraña evocaciones subjetivas del ser
acercándose a lo lírico, sino siendo lírico. Estos géneros híbridos me parecen
fascinantes, el hecho de ir más allá, de mezclar el reportaje con el libro de
viajes; la poesía con el drama o el ensayo con la novela. Hay más opciones. Se
pueden explorar los límites de lo que escribimos dentro de lo canónico,
reflexionando más allá de los límites.
