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31 diciembre 2024

Mientras agonizo, As I Lay Dying. William Faulkner

 


No hay nada más complejo que las relaciones familiares. Dicho así, lleva a que alguien diga, «oye, que nos llevamos fenomenal». O no.  La familia es un microuniverso, estamos cansados de leer sobre el cuñado, el hermano de turno en las reuniones donde se nos hace difícil de soportar sus comentarios, su histrionismo, su desidia o su soberbia; también nos cuesta entender el pasotismo, las ausencias o el ignorarnos como si fuésemos un cero a la izquierda. El problema es que ese microcosmos refleja el cosmos universal de lo humano. No se nos hace raro tener mal ambiente en el trabajo o relaciones difíciles con amigos, chocar en una reunión social; porque somos universos particulares, independientes, incluso únicos; porque nuestro ego nos invita a diferenciarnos, a significarnos y a tolerar solo cuando nos vemos forzados a hacerlo. Las obligaciones en las relaciones son eso, compromisos consentidos. No puede existir una buena relación sin libertad y consentimiento, y lo de la sangre, da lo mismo.