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02 enero 2026

Antes de que se enfríe el café, コーヒーが冷めないうちに, Kohi ga Samenai Uchi ni, Toshikazu Kawaguchi

Empieza el año y he estado leyendo sobre la barbaridad de libros que lee la gente, claro, la gente que lee. Yo he leído lo que me ha apetecido; ni es mucho ni poco, ni nada, son solo lecturas que me han acompañado y que han ayudado a que mi mundo se expanda y sea más interesante. Leer contrasta con otros placeres; el nuestro —como he dicho muchas veces— es diferido, postergado. Es genial saber que hay una historia inacabada esperándote, que está ahí y que no se va a perder, que seguirá la leas o no. Es cierto que, si no acabas con ella, queda inconclusa; lo que te aporta es incompleto, pero da lo mismo, algo queda, y ese poso es el que se incorpora a tu vida para expandir el pensamiento, pero también la propia experiencia de lo vital. En conclusión, no sé si leo mucho o poco; lo que sí sé es que leo. Es algo que siempre me ha acompañado y que espero que siga acompañándome.

19 noviembre 2024

Los misterios de la taberna Kamogawa, Kamogawa shokudô, Hisashi Kashiwai

La comida ha estado presente siempre en la historia de la literatura como elemento caracterizador, bien psicológico, bien social. Comer es tan natural como cualquiera otra actividad humana, por eso su presencia la hemos visto desde la epopeya de Gilgamesh, pasando por la caracterización de lo comido en Sancho y Quijano en el Quijote,  o de Bloom en el Ulises  de Joyce. También en novelas como la de Jean-Patrick Manchette, Fatal; la Gran Soufflé de Lola Piera Todos muertos de Chester Himes . También en clásicos de la novela negra y policíaca como   El largo adiós de Raymond Chandler; en detectives o policías como los adorados Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán, Montalbano de Camilleri, Jaritos de Márkaris o Brunetti de Dona Leon; incluso en clásicos canónicos como Moby Dick de Herman Melville; en la literatura hispanoamericana con   Afrodita de Isabel Allende o en la japonesa con la novela  Amrita de Banana Yoshimoto. Hay muchos más casos, porque la gastronomía configura los caracteres, retrata la sociedad y dice mucho de los personajes. No es lo mismo la comida rápida e insana de la novela negra americana, que la sensibilidad e importancia que adquiere en la japonesa o en la mediterránea. En cualquier caso, el hecho de que esté presente me ha parecido siempre algo agradable, hermoso y que dice mucho del ambiente general de las tramas y personajes.

23 octubre 2022

Seis cuatro, 64 Rokuyon, Hideo Yokoyama

 

Estaba el otro día a vueltas con la felicidad, reflexionando sobre todo lo que se dice de ella: la imposibilidad de llegar, los límites, el drama del hombre moderno que no ve nada a su alrededor que le dé esperanza ni que le invite al optimismo. La felicidad como quimera, el lastre de la inteligencia sobre el que habla Cioran, pero algo no encajaba en mi discurso, en el rumiaje interminable sobre las razones que no nos dejan ser felices. La casualidad es siempre compañera inesperada de lo que se espera, así, en un programa de radio, escuché al profesor Rojas en una entrevista, la cogí tarde, no le hice mucho caso, pero dijo algo que me fascinó, a la pregunta del entrevistador de que se calificara sobre su nivel de felicidad él contestó con un índice de satisfacción, y ahí fue cuando me di cuenta de que mi pensamiento, es generalizado, deja la felicidad solo en el ámbito de lo sentimental. Pero si analizas todo lo que te pasa, todo, te das cuenta de que muchos ámbitos son satisfactorios y que nunca se es completamente infeliz, si no que no todo te llena como esperabas. He de seguir pensando en ello.

26 agosto 2022

La fórmula preferida del profesor, 博士の愛した数式, Yoko Ogawa

 

Enseñar. El hecho de ser profesor siempre me ha producido contradicciones entre el querer ser y el ser. Hay algo dentro de nosotros que nos lleva a creer que, si no tuviéramos la vida que tenemos, la que nos hemos construido, tendríamos otra mucho mejor; en la ilusión, tal vez, está el motor de la esperanza, de poder ser quienes no somos o no hemos sabido ser. Ese anhelo tan humano de perseguir los sueños a través de los deseos, alimenta la esperanza de un futuro mejor, feliz. Y esta palabra, feliz, se convierte en el centro de nuestra vida, “quiero ser feliz, “me merezco ser feliz”, pero la realidad es que hemos de comer todos los días y la vida tiene muchos sinsabores, es posible, solo posible, que tengamos que prepararnos para el dolor, así, seguro, sabremos que la felicidad, el bienestar, es un bien apreciado que hemos de saber disfrutar. Enseñar, pues, es algo complejo porque podemos afrontarlo desde varias perspectivas: la de la satisfacción personal, ya que transmitimos aquello que nos hace sentir bien; la técnica, porque somos capaces de transmitir lo que sabemos; la humana que contribuye a mostrar otros puntos de vista y a favorecer, al que aprende, la configuración de su personalidad mientras aprende. (Pequeño apunte: aprender lo que aparenta ser innecesario es fundamental para conocer los límites de la frustración, saber administrarla y generar disciplina.)

07 junio 2022

La policía de la memoria, 密やかな結晶, Yoko Ogawa

 

La memoria es la madame de nuestra vida: nos aturde, nos somete, nos engaña y se permite cualquier lujo a su alcance para conseguir el control. La memoria se ancla en nuestra vida para ayudarnos a no caer en los mismos errores o para aprender. En un mundo en que se intenta erradicar, en que la historia ya no es la historia, en que el pasado se manipula y se presenta al antojo del idiota de turno, casi me atrevo a reivindicar la memoria. Por ejemplo, reivindico la parcialidad histórica en la memoria viviente y sangrante de guerra,hambre y muerte de mi abuela; reivindico los conocimientos acumulados inservibles que me ayudan a comprender con rapidez muchas cosas que pasan a mi alrededor; reivindico mis recuerdos, aun sabiendo que son ficciones, porque me han configurado en todas mis dimensiones; reivindico el amor que no encontré en la niñez, pero que creo ver en ecos rememorados; reivindico el viaje a Brasil que jamás hice, pero que siempre creí haber hecho (somos así los lunáticos); reivindico todos y cada uno de los momentos que me han dolido, que me han machacado, que me han construido; reivindico la historia y la filosofía. La memoria es un ente manipulado, claro, reconstruido, por supuesto, pero fundamental para ser. Reivindico, sí la memoria, jamás la añoranza. Bendito Orwell. 

30 enero 2020

Arrancad las semillas, 芽むしり仔撃ち, Fusilad a los niños, Kenzaburo Oé

En este mundo inquietante en el que vivimos, rodeados de falsedades y alucinaciones hipnóticas, la literatura es un refugio necesario para sobrevivir, para no dejar el cerebro en apagado preventivo y poder gritar con fuerza que somos personas, que pensamos, que nos entristecemos, que vivimos la ansiedad como buenamente podemos, que somos imperfectos, que no nos gustan ciertas cosas, que nos da repelús el ofendidito, que no tenemos piel de acero, que lloramos, incluso, en ocasiones, que nos emocionamos con una escena de amor, que tenemos miedo cuando la soledad nos invade en la palabra, que queremos, que odiamos, menos, que necesitamos correr, que queremos ser, que viajamos a las ficciones recreadas especialmente por nuestro cerebro, en una palabra, que nos dejamos vencer por el deseo irrefrenable de ser inspirados por el placer de leer lo que nos da la real gana

28 febrero 2019

Diario de una vagabunda, 放浪記 Horoki, Fumiko Hayashi


A veces tengo un deseo irrefrenable de abandonar el blog, pero como tengo el deseo de abandonar el trabajo, la vida o el territorio, como tengo ganas de abandonar a los amigos, los hijos o las aficiones. El blog me devora sin hacer absolutamente nada, me fagocita con una lentitud exasperarte y dolorosa porque es insaciable como lo puede ser la vida, el trabajo, los hijos o los amigos: has de estar siempre a tope, sin errores, satisfaciendo necesidades que no sabes muy bien cómo llegaron a tu vida, pero que están tan presentes como el hecho de cenar o de ir en bicicleta. Es una obligación hacia mí mismo, imagino como lo demás, una decisión que tomo consciente y sin esperar nada a cambio, pero en realidad, ¿quién no espera nada a cambio?

01 marzo 2018

El señor Nakano y las mujeres, 古道具 中野商店, Hiromi Kawakami


Tengo cierta fascinación por la literatura oriental, su preciosismo, su capacidad para describir espacios al tiempo que es capaz de inquietarme. He leído algunos autores japoneses, chinos,  Murakami, Higashino, Sijie, en este blog y otros antes de que la memoria se fuera depositando, en un ataque de narcisismo, por escrito como Mishima, Katayama u Oé. He hablado alguna vez del hecho de escribir: tiene varias dimensiones; la narcisista, el hecho de poner en valor una actividad; la de recoger elementos de la memoria que de otro modo serían imposibles de retener en mi cabeza; y la frustración por no ser un buen escritor, probablemente es la más dolorosa, pero el tiempo ayuda a aceptarla, a asumir los límites de tu talento. La literatura, de cualquier manera, se convierte en una dimensión a la que puedo acceder y procurarme una satisfacción, ya que como escritor no puede ser, pues al menos como lector o como guardián de unas memorias lectoras.

10 enero 2018

El gigante enterrado, The Buried Giant, Kazuo Ishiguro



En ocasiones nos encontramos en la encrucijada del género, es decir, sabemos qué leemos, pero determinar el alcance de lo que es no  nos resulta tan sencillo. Eso nos pasa cuando estamos inmersos en lo más canónico y esperamos que se nos presente lo formalmente esperable, así una novela desarrolla espacios y personajes en una trama, un ensayo reflexiona y argumenta y un relato abrevia los espacios y los personajes para centrarse en algún punto concreto de lo literaturizado. Si vamos a los subgéneros, pues pasa algo parecido: novela negra, novela policial, libro juvenil, de aventuras, novela histórica o poesía, depende. Así que esperamos conocer lo que leemos y lo clasificamos casi sin darnos cuenta porque nuestro cerebro es así, está preparado para clasificar de antemano y juzgar sin tener todos los elementos en la mano.

11 diciembre 2015

Hombres sin mujeres, 女のいない男たち, Onna no inai otokotachi, Haruki Murakami


El relato. El cuento. Os he hablado tantas veces de mi pasión por la capacidad de síntesis, de hacer literatura excelsa con retazos de trama, en un microespacio tiempo único, que me temo aburriros con mis ensoñaciones de lector alucinado. El relato. El cuento, arte supremo, cumbre de la narrativa: trama, entrelazado, creación de personajes, desenlaces, todo en ese tiempo en que tomamos una copa, o nos acercamos a la ventana para ver cualquier gilipollez. La capacidad de sintetizar es un don y un ejercicio lleno de complicaciones, de trampas y de engaños; las tentaciones de dormirse en la escritura complaciente son cada vez más intensas para el escritor, me imagino que piensa, ¿dónde coño voy con veinte páginas escritas?¿Quién va a comprar esto?¿Quién va a leerlo? Yo, yo y tú, nosotros que disfrutamos con la intensidad, con el subidón sin paliativos, con la inteligencia reforzada en cada página, en cada enunciado seleccionado de entre muchos otros para brindarnos este placer que no cesa.

01 febrero 2015

Los años de peregrinación del chico sin color, Shikisai wo motanai Tasaki Tsukuru to, Kare no Junrei no Toshi,Haruki Murakami


Existen autores a los que esperas como si fuera un miembro de tu familia, con ansiedad, ilusión y esperando que la experiencia que te va a proporcionar sea la que esperas. Autores cotidianos, autores a los que incorporas como lector a tu imaginario y sin los cuales no te encuentras, parece que te falte alguna cosa. Haruki Murakami es uno de ellos, de los pocos que me inspiran ternura y expectación. Cuando lo leo siempre espero lo inesperado, cómo va a adentrarse, en esta ocasión, en el mundo figurado de las otras dimensiones, si lo va a hacer, si los personajes van a ser capaces de compaginar su vida con la extrañeza de las otras vidas posibles que vive a través de los sueños, de la ficción o de las vivencias extrasensoriales.

05 mayo 2012

Genji Monogatari, Esplendor, 源氏物語 Murasaki Shikibu


Portada de Ed.Destino
 Cuando nos acercamos a los clásicos de alguna literatura, parece que nos dé miedo la profundidad, la distancia o la complejidad de la obra. Nos preguntamos, ¿Quién ha dicho que esto es un clásico? ¿Por qué es un clásico? El lector menos avezado pensará, "fíjate, entre la novela de Genji y un culebrón venezolano, pues tampoco hay tanta diferencia" o incluso, "entre esta novelita y un best seller de amor contemporáneo, pues tampoco veo yo muchas distancias" fijaros, es posible que tengan razón sin tenerla en absoluto. Un clásico marca una diferencia, un antes y un después, rompe con lo anterior, y lo supera, va más allá para crear una base sólida sobre la que volver a hacer literatura. esta novela lo hace, ¡vaya si lo hace!

02 mayo 2012

La devoción del sospechoso,Yōgisha Ekkusu no Kenshin, Keigo Higashino



La literatura oriental siempre me ha fascinado, su capacidad para contar cuentos, para imaginar, la dulzura del lenguaje, la inteligencia de los autores, etc.
Sin embargo, en esta novela no encuentro esos factores que tanto me han fascinado en otras ocasiones, sí, es cierto que está escrita por un japonés y que ha vendido, fijaros que digo ha vendido, por lo que el valor de la nueva literatura se mide, muchas veces, por lo que ha vendido, vaya, como decía, sí, es un japonés, pero carece de los elementos que a mí tanto me han fascinado de esa literatura que llegó a mí como un soplo de aire frente a la literatura, en ocasiones, densa e incomprensible, de los autores occidentales. 

1Q84, Libros 1,2,3 Haruki Murakami



¿Os imagináis una obra de ciencia ficción escrita entre 2009 y 2010 y ambientada en 1984? ¿Os imagináis esa ciencai ficción sin teléfonos móviles, naves interestelares, ni rayos láser? ¿Os imagináis una obra que, en boca de su autor,
esté escrita siguiendo  El clave bien temperado de Bach, dos ciclos de preludios y fugas compuestos en todas las tonalidades mayores y menores de la gama cromática. Cada libro de esa obra, como el mío, tiene 24 partes. Alterno la historia de la chica, la del chico, la chica, el chico... de modo absolutamente simétrico. Cada pequeño fragmento puede leerse por sí solo y el conjunto aspira a contener todos los elementos de nuestro mundo actual. Tenía que ser una estructura repetitiva e ir variando la intensidad en cada capítulo