La lectura es un placer indescriptible. Escribir un sufrimiento asumible
16 agosto 2020
El idioma imposible, El día del Watusi-3, Francisco Casavella
15 agosto 2020
Viento y joyas, El día del Watusi-2, Francisco Casavella
Sigue el verano con su espléndida luz ayudándome a mirar hacia dentro, a no pensar, o menos, y a seguir leyendo en los ratos que puedo. El poder es la capacidad de trasformar a pesar del otro, de ejercer sin consentimiento, de intimidar sin posibilidad de defensa; el poder, en el sentido weberiano lo es todo, un fin en sí mismo, una meta a la que se aspira. Error. Ese es el error. La ilusión del poder se puede recrear, lo hacen los malvados, lo disfrutan los malos jefes, lo saborean ciertos periodistas y creen ejercerlo los políticos. Imbéciles, el poder se profesa desde otro sitio, desde instancias que nos están vedadas, desde atalayas desde donde se mira, si se mira, cómo caminamos como hormigas. De todos el político es el más estúpido porque realmente cree que con las leyes es capaz de modificar la historia, sin embargo este no es más que un instrumento acomodaticio de intereses que son los que realmente cambian el mundo. ¿Acaso creéis que podemos con las grandes corporaciones, con las transnacionales, con las farmacéuticas, con las grandes industrias automovilísticas o químicas, con el comercio de armas mundial o la trata de seres humanos? Ja. Pero la ilusión del poder es la zanahoria que siempre está presente para el pobre, y la mayoría de políticos lo son, es decir, pequeño burgueses con cierta ilustración y la ilusión de la riqueza. Dejemos que sigan su camino, amigos, la literatura nos proporciona las dimensiones imaginadas que se recrean en otras mentes. Al menos nos queda la ilusión de la felicidad.
14 agosto 2020
Los juegos feroces. El día del Watusi-1, Francisco Casavella
Hace tiempo que no me esperáis, estoy ausente en un verano descomunal y lleno de sinsabores, un verano atípico como lo es la vida extrañada que llevamos estos meses, este año. Pensaba en las expectativas, concretamente en el marco de expectativas, en los umbrales de nuestros deseos, en las zonas de confort que nos inventamos para ser nosotros mismos, o al menos, alguien reconocible en el espejo. Es difícil. Esperamos en el otro y del otro, esperamos que nuestra pareja sea nuestro deseo, nuestra proyección, no queremos ver quién es ella en realidad, qué es lo que espera de sí misma o qué es por sí misma, su ser, su configuración, es un alien para nosotros que intentamos, muchas veces, configurar según qué deseamos, es decir, según las expectativas que tenemos de ella. Pareja, digo, pero digo amigos, compañeros o quien sea que pase por nuestro camino. Así si no conduce decimos, pensamos, vaya, qué torpe debe ser, si no tiene pareja, pensamos, homosexual seguro, o pobrecito/a, debe ser insoportable para estar solo/a; si estudia, porque estudia, si trabaja y es muy joven, ha tirado su vida al retrete, no es capaz de tener el valor y la voluntad para llegar a nada, fíjate; si deja la carrera universitaria y pasa a formación profesional, es que no servirá, de algo ha de vivir; el común, qué poco habla, seguro que es porque tiene mucho que ocultar;l as expectativas. Nosotros proyectamos nuestras sombras que fagocitan al otro, que se extienden hacia sus límites e intentamos invadirlos no para comprender, en muchas ocasiones, sino para adaptarlos a nosotros. Es difícil decirse a uno mismo:,«lo que yo soñaba respecto a mi vida no fue más que una construcción de adolescencia, una ilusión, he tenido que hacer la vida conforme venía, igual soy un cobarde, o soy simplemente un hombre, nada, al fin y al cabo, lo acepto e intento vivir mirando al frente». Pero es difícil, muy difícil.


