No sabemos cómo se mueven los jóvenes porque no somos jóvenes ni vivimos en su mundo. Intuimos, acaso, los movimientos que se producen a través de las redes sociales, artículos más o menos informados o la propia observación. Somos jóvenes, claro, pero no compartimos esa juventud física; ya ha pasado. La juventud como estado de la edad, de una en concreto, adolescencia prolongada, unos años específicos que se viven en los espacios que se habilitan ellos mismos. Oímos ecos, por eso se asiste, de manera extrañada, al baile de sus ritos, que nos dejan perplejos, nos sorprenden o nos producen rechazo. La juventud lo ha sido siempre, lo fue en la antigua Roma y lo es en nuestro espacio de la IA incipiente, por eso, cuando se nos muestra el fresco de sus vidas, quedamos perplejos porque sabemos que una época se nos ha ido. Aunque somos jóvenes.
La lectura es un placer indescriptible. Escribir un sufrimiento asumible
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17 junio 2025
15 mayo 2012
El prisionero del cielo, Carlos Ruiz Zafón
Con Carlos Ruiz Zafón me pasa algo extraño: veo en él a un buen profesional, a un tío sensible, sin embargo -temo los conectores contraargumentativos- le falta algo para que me quede con la sensación de haber leído una gran novela.
Sí, es cierto que sabe tocar las emociones, de hecho su literatura es casi para adolescentes, tengo una amiga que sostiene, con no poca razón, que este autor es el mejor autor juvenil de España. Y aquí probablemente radica el problema, es un autor de novelas juveniles, reconvertido en autor encumbrado a literatura adulta por la editorial Planeta, y por el éxito abrumador de La sombra del Viento. Siguiendo la teoría de mi amiga, es un autor de Barco de Vapor que hace novelas algo más extensas, añadiendo personajes del gusto adulto.
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