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19 marzo 2026

1794, Niklas Natt Och Dad

El otro día, en mi tertulia literaria, una asistente dijo: «A mí me preocupa la banalización del mal», y la frase se me quedó adherida como se quedan ciertas verdades incómodas, no por su novedad, sino por su evidencia. Desde entonces no he dejado de pensar en la manera en que la sociedad moderna trata el mal, tanto en su régimen de imágenes como en su administración política y moral de la guerra. El mal forma parte de nuestra naturaleza; no lo extinguimos, apenas lo civilizamos, lo sometemos a códigos, lo rodeamos de argumentos y aprendemos así a tolerar la muerte violenta cuando se nos presenta como necesaria, aunque nos produzca pudor, rechazo o malestar. Pero, al mismo tiempo, la vida moderna es pornográfica: todo se exhibe con una crudeza obscena, entregado al hiperrealismo incontrolable de la mutilación, del desmembramiento y de cualquier otra salvajada servida como parte del menú cotidiano. El mal, repito, lo civilizamos en esa lucha interminable contra nuestra condición bárbara, porque no dejamos de ser animales enjaulados en la norma del derecho, cuando esta existe; y siempre aparece quien, en un arranque postcivilizatorio, decide volver a ser bestia, dar rienda suelta a lo bárbaro o, sencillamente, satisfacer los deseos reprimidos de esa fiera que nunca ha dejado de respirar bajo la piel.

24 septiembre 2025

1793 (Trilogía de Estocolmo 1), Niklas Natt och Dag

El thriller histórico es un subgénero que no suelo abordar, como no abordo otros. La literatura de consumo no suele atraerme, sin embargo, de vez en cuando, me gusta ver novedades editoriales que puedan aportarme una perspectiva general de cómo está el mercado. En ocasiones los subgéneros pueden alimentarse de otros, por ejemplo, de la novela policíaca, que me gusta. Hubo un tiempo en que leí mucha literatura policial nórdica (mi adorado Wallander), y la muestra es este blog. Suele caracterizarse por la violencia de los casos y cierto apego a los asuntos sociales, por ello, es interesante que los métodos y tópicos de esta se puedan incorporar a otra perspectiva narrativa, como la histórica, porque la dota de una novedad que me gusta. No solo leo sobre acontecimientos importantes como el final del s. XVIII, sino que, además, me divierto con la trama.