No siempre podemos leer a la velocidad que nos gustaría, incluso hay ocasiones en que no queremos leer a la velocidad habitual. La lectura es algo íntimo, que se ve afectada seriamente por acontecimientos extraños: un ruido, una palabra dicha a destiempo, una pregunta, la televisión, la luz insuficiente, el sueño invencible. La lectura requiere calma, al menos en mi caso, y aunque he conseguido ser un virtuoso del trapecio y leer, ¡los vicios!, con niños a mi alrededor, últimamente estoy cansado y el sueño me vence en una batalla que tengo perdida de antemano.
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