Es difícil gestionar las emociones, te atrapan y velan por que seas lo más contradictorio posible. El amor, la lealtad, la amistad, gestionar los procesos por los cuales nos relacionamos con los demás de alguna forma, por qué acabamos con unos y no con otros, por qué gestionamos de una manera tan determinada nuestra vida y no de otra manera que puede ser más racional, más atractiva a nuestros ojos. Vemos una película o leemos un libro y nos identificamos con los personajes, con las situaciones que viven, nos preguntamos si, acaso, nosotros podríamos haber tenido esa actitud ante la vida y no otra, la que tenemos. Ahora pienso en mis hijos, en la distancia generacional que se abrirá, presuponiendo, es arriesgado, que hoy en día los saltos generacionales son más difusos, vivimos todos pendientes de la tecnología que nos iguala de alguna manera. Pero sí, pienso en el compromiso ético para con ellos, pienso en las nuevas paternidades, pienso el cómo se ha ido perdiendo la autoritas del padre entendida como elemento máximo de justicia, cómo el hombre ha ido perdiendo, difuminando, sus roles y reconstruyéndose a pasos de gigante. Si esto es así, ¿por qué no lo hacemos en todos los ámbitos de la vida, en la gestión de todas nuestras emociones, por qué nos cuesta tanto ser nosotros mismos?

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