La lectura es un placer indescriptible. Escribir un sufrimiento asumible
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07 mayo 2026
Coloquio de invierno, Luis Landero
Volver a nuestros autores de referencia se convierte en una acción obligatoria en un mundo sin referentes. Tal vez podríamos pensar que decir que estamos ante un mundo en el que impera el relativismo moral es un exceso verbal propio de un boomer; no digo yo que no lo sea, pero algo de verdad hay en muchas de las afirmaciones rotundas que afloran desde nuestro pensamiento. Concedo, y no es un acto de generosidad, que la gente, entendida como conglomerado sin alma, se refiere a los otros e incluso a sí misma a través de ese suflé cutre que son las redes sociales: reflejan ya no solo lo que un día fue el alma; también ofrecen sus cuerpos construidos en la modernidad de la ilusión de una belleza impuesta, o de un ser en el espacio ficcional de la IA. No somos como fuimos, ni somos como seremos; por supuesto, todavía nos queda un largo recorrido en la cochambre de los espacios compartidos. En este contexto no puedo, sin embargo, sucumbir a la tentación de volver a los autores que conozco, como si fueran un refugio, más aún si lo que se nos propone es coloquiar, hablar, razonar, escuchar y diferir el placer de ser.
16 diciembre 2024
Una historia ridícula, Luis Landero
Partir de cero cuando alguien se hace mayor es todo un reto. Hay cosas que nos cuesta dejar, otras, simplemente, desaparecen y otras, bueno, otras hay que empezarlas de nuevo. En el ámbito profesional, todo cuesta, te acostumbras a rutinas, a lugares comunes y estableces un espacio de confort que, difícilmente, quieres abandonar: no te marean, no te molestan y lo dominas. Sin embargo, esto no es tan fácil como parece, la mayoría de la gente prefiere descansar en la inacción de lo conocido, temerosa, supongo, de lo que está por venir. En ocasiones, lo que acontece es tan conocido como lo antiguo y, entonces, el cambio no invita al optimismo, da pereza, no engancha. Pero sí que hay cambios, sí que hay valor para lanzarse al vacío apenas antes de jubilarse y eso, eso es difícil, estimulante y vital. Sentir que uno está vivo es más que un objetivo; es la única razón para no morir.
31 diciembre 2021
El Huerto de Emerson, Luis Landero
Llegamos a final de año, de este año, no de otro, del año de nuestras vidas, qué triste, del que hemos vivido como si fuéramos conejos y luego halcones, tal vez ni lo uno ni lo otro, solo personas que quieren respirar, que quieren y desean, hombres y mujeres que necesitan aire y ver a otras personas. Pero la información se desata sobre nosotros sin misericordia, agolpada en olas, como las del virus, sin control, siendo sistemáticamente controlada, todo una contradicción; mis amigos dicen que esperan que la mediocridad vacua de los políticos sea la responsable, pero hay intereses, miedos, incapacidades y, sobre todo, postmodernidad. Pero no quiero pensar más en ello, no lo deseo, vengo a hablaros de mi aniversario, vengo a celebrarme entre los hombres, a reivindicarme en el silencio asombroso de las redes, sí, vengo como un vocero de sobremesa a cantar las alegrías de mi literatura, a cantar con vosotros mi espíritu lector, a transmitiros mis impresiones, mis momentos de pasión, soy un bardo con la voz ronca que celebra vidas, ficciones y personajes que se agolpan en mi mente, pero que tienen, increíble, cabida en mi memoria, todos: tramas encubiertas de imposibilidades para escribir, escrituras sin tramas, buenos y malos. Cuatrocientos cincuenta libros, sí, cientos de historias, de momentos agradables, de decepciones, de reflexiones sobre la vida, sobre mí mismo. Leía a una persona que invitaba a leer sin importar la cantidad, desde luego no es mi reto (para eso todos sabéis exactamente cuáles son los libros que deberíais escoger) ni mucho menos, yo leo pausadamente, llevo varios libros a un tiempo: novelas, cuentos y siempre alguno de relatos (he acabado con los de Pearlman y estoy con los de Joy Williams), suelo posponer la lectura de los que me invitan a reflexionar o con los que gozo de una manera que vosotros sabréis interpretar, puedo estar meses porque me niego a que se acaben. Este año me han acompañado Cercas, Márkaris, Camilleri, Leon, Bilbao, Marías, O’Brian, Thuy, Mendoza, Vargas Llosa, Țîbuleac, Bukowski, McEwan, Vonnegut, Gornick, Offut, Flagg, Roony, Ugrešic o el que hoy nos acompaña: Landero.
05 marzo 2020
Lluvia fina, Luis Landero
20 enero 2018
La vida negociable, Luís Landero
Es muy hermoso
volver a encontrar a un autor. El novelista profesional debe escribir para
vivir, aunque no siempre lo consigue, y eso hace que los compromisos con las
editoriales mermen, en algunos casos, la calidad de la obra. La necesidad de la
entrega, la necesidad de hacerlo bien, en fin, muchos factores que determinan
la obra. Obviamente un buen escritor escribe bien, pero necesariamente no
escribe muy bien siempre: argumentos manidos, la escritura como excusa, o la
trama como factor nucleador de la creación. Así cuando seguimos toda la obra de
un creador notamos sus altibajos, sus miedos, la prisa con que ha escrito algo.
Por eso reencontrarnos con alguno de nuestros escritores favoritos es
maravilloso, es como cuando nos encontramos con un amigo al que hace una
eternidad que no vemos, la sensación de que vuelven los recuerdos más gratos,
las sensaciones de bienestar, compensan el tiempo. Bienvenido Landero.
08 marzo 2016
Retrato de un hombre inmaduro, Luis Landero
Hoy me apetece hablar sobre la referencia, sí sobre una palabra de la que últimamente oído mucho hablar, de la que escucho comentarios, susurros, informaciones cruzadas y secretos inconfesables. Me explico. Soy bilingüe, sí, parece imposible, pero lo soy, además no tengo ningún complejo de inferioridad por usar una lengua y no otra y me entra la risa cuando el enterado de turno me dice que esa diferencia entre lengua de cultura y lengua familiar es una gilipollez porque todas son de cultura en un sentido antropológico, claro, deben pensar que los demás somos gilipollas y que su buenismo hipócrita y su pensamiento vacío son una contribución a la historia de la humanidad, y les digo, sí, sí, claro, claro, y pienso, vaya, ni siquiera el español es el inglés, y lo hablan cerca de 500 millones de personas, pero nada, me quedo con lo del complejo de inferioridad, sonrío, y sigo con mi vida, uso las lenguas para lo que son, y leo, leo y viajo a las dimensiones que me apetece, cuando me apetece y como me apetece.
09 diciembre 2014
El balcón en invierno, Luís Landero
No me gustan las biografía. Lo debo haber expresado en alguna ocasión. No me gustan las vidas ajenas, ni sus anécdotas. No soy megalómano, no admiro a nadie en particular, no me gustan los cotilleos. Sin embargo en estas afirmaciones hay una mentira, una verdad escondida que debería mirar a los ojos. ¿Qué diferencia hay entre la vida real de Landero y la ficcional de Sancho? Acaso, ¿Ambas vidas no son sino ficciones con rasgos de verosimilitud? Esta nueva afirmación hace que se tambalee un poco mi mundo, si fuera cierto sería tan cotilla como un espectador habitual de Gran hermano o de algún programa televisivo con Salsa rosa. Eso debe ser, compañero, la ficción no deja de ser una realidad creada, así como la realidad no deja de ser una ficción de la memoria. Aquí, pues, tenemos la biografía.
20 marzo 2013
Absolución, Luís Landero
Hemos estado dándole vueltas a mi concepto de literatura, qué diferencias voy encontrando, a lo largo de este periplo consciente, entre literatura entretenimiento y literatura, en un sentido casi canónico. He llegado a algunas conclusiones que he ido compartiendo con vosotros, lectores, a lo largo de este tiempo. La literatura entretenimiento tiene algunas de las virtudes de la literatura, como, por ejemplo, el propio placer del lector, el placer diferido, para mí, fundamental y, en ocasiones, la intención de la obra artística, imprescindible. Es cierto que en algunas ocasiones el autor, deliberadamente, elige un género de ficción que lleva al entretenimiento, casos de cierta novela policíaca o histórica, pero no renuncia a su intención de realizar una obra de arte. Si hay talento, es posible crear una obra literaria. Por otra parte la literatura, tal vez con mayúsculas, prescinde mucho más de la trama para centrarse en el placer de la escritura, en la profundización de los elementos sintácticos y gramaticales y devenir hacia un estilo propio que la convierte en arte.
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