viernes, 13 de agosto de 2021

Independencia, Javier Cercas

 

Hay tormentas secas que revierten el flujo de la lluvia y evaporan el agua para sustituirla por un aluvión de rayos que nos aterrorizan. Terra Alta, Gandesa, ahora en La Pobla de Massaluca se quema la vida, el bosque mediterráneo se incendia, vive y se regenera, es su virtualidad, la incomprensible dinámica que nos lleva a la especulación. Esta maña una política abogaba por bajar la masa forestal y sustituirla por pastos, siempre todo tan rural, locus amoenus que nos reencuentre con el Edén perdido, manipulación, tiros al aire para revertir la dinámica de millones de años, ese período inabarcable de oscilaciones térmicas, de Co2  a gogó, de oscuridad inconcebible e inaprensible, cambios, cambios, todo fluye en el infinito irrelevante de la vida en nuestro planeta, masas polares, cálidos vergeles, tormentas incontrolables, inundaciones, paraísos cálidos, desapariciones, apariciones, adaptaciones y desaptaciones, todo observado con la soberbia de nuestros ojos miopes. Ha habido un incendio, pues, hay una ola de calor, vaya, y el milenarismo se abate sobre nosotros porque necesitamos que algo vaya mal. Algún día alguien respirará.

 

Barcelona se está poniendo insoportable, chico; tan sucia como Nápoles y tan puritana como Ginebra.

 

Independencia, mi querido Cercas nos ofrece el segundo libro de la serie que se desarrolla en Terra Alta, por eso, claro, veo la noticia y me decido a hablaros del libro. Sorpresa extraordinaria, fluidez en la escritura, trama verosímil e inteligente, el libro no se resiente y avanza que la trilogía va a ser, al menos, lo esperable por los lectores. Mi afición a las novelas policíacas viene de lejos y he escrito tanto es este blog al respecto que no merece la pena marearos más, pero detenerme en este libro me causa satisfacción porque observo cómo el escritor es capaz de readaptar su forma de escribir, redefinir su estilo para seguir unas pautas canónicas y reconocibles que nos ayuden a sentirnos cómodos en su lectura.

 

El libro no se para en el crimen, en la atrocidad que determina la trama posterior –que será determinante en su momento-, sino que transita por la política catalana, por lo tanto española, de la modernidad, por la burguesía intocable y avara, por la política corrupta que no busca el bien del ciudadano, por los entresijos que determinan la pérdida de valor de lo político para convertirlo en parte del show líquido de nuestros tiempos.

 

Mi padre decía que Cataluña siempre ha estado en manos de un puñado de familias. Ellos mandaban antes del franquismo, mandaron durante el franquismo, mandan después del franquismo y mandarán cuando tú y y o estemos muertos y enterrados… El dinero es una cosa mágica, una cosa inmortal y transcendente. El dinero es la hostia. Es algo muchísimo más fuerte que el poder, porque el poder depende de él, y además sobrevive a todo, empezando por los cambios del poder.

 

Uno de los motores de la acción es el asesinato, no resuelto y que lastra la acción del protagonista, de la madre y una creencia muy masculina de que ciertos asuntos tienen su solución en la violencia, el escritor necesita ir recordándolo al lector para que este vaya configurando a su personaje.

 

Había sido incapaz, en cambio, de quitarse otro vicio, este más o menos secreto. No fallaba: individuo denunciado por pegar a una mujer en la Terra Alta, individuo que se llevaba una paliza que, al menos en comisaría, todo el mundo sabía quién le había pegado, y que a todo el mundo le obligaba a hacer la vista gorda.


Entre las reflexiones de la novela, esta sobre los metapartidos, sobre la demagogia política, sobre el populismo canceroso, sobre el poder de los gurús de la sociología política, es muy interesante.

 

Esa mujer es una camaleón. Si habla en una radio de derechas, parece de derechas; si habla en una radio de izquierdas, parece de izquierdas; y, si habla en una radio mediopensionista, parece mediopensionista. Eso es nuestra alcaldesa: una serie de máscaras. La pregunta es qué hay detrás de esas máscaras. Y la respuesta es nada: las máscaras que esconden su cara son su auténtica cara. Esa mujer tiene menos convicciones que un mosquito; en lo único que cree es en acumular poder. Maquiavelo estaría encantado con ella.

 

Hay referencias constantes a la primera novela que aparece como parte de la trama, siendo Cercas un personaje que refleja al propio autor, recurso quijotesco que aborda la metalitartura: la segunda parte del Quijote refiere a la primera y a la obra de Avellaneda, donde Alonso Quijano es un personaje ficcional a la vez que real, lo mismo ocurre en nuestro libro. No es vanidad, pero yo lo encuadro en la inagotable herencia de una manera de hacer, un tributo eterno a una forma de estructurar el relato.

 

En cambio, nosotros tenemos que conformarnos con la novelita de Javier Cercas.

 

Gana fuerza narrativa porque lo policial solo le da estructura, pero el contenido real es mucho más amplio son los fantasmas de Melchor, su infancia como hijo de una prostituta, su presente como policía, su transición como delincuente, la política, el poder nacionalista, la burguesía, el procés, el fiasco de la ilusión de Cataluña con catatonia.

 

Podría hablarle a Vivales de lo que nunca le ha hablado, piensa Melchor, de su madre y su infancia de huérfano e hijo de prostituta en el barrio de Sant Roc y de todos los padres espectrales que, igual que fantasmas o platillos volantes, inquietaron las madrugadas de su infancia –el hombre que taconeaba con pasos de propietario en el pasillo de su casa, el que caminaba de puntillas tratando de pasar inadvertido, el que tosía y expectoraba como un enfermo terminal o un fumador impenitente, el que sollozaba sin consuelo tras un tabique, el que contaba historias de aparecidos o el que salía al amanecer abrigado en su chaquetón de cuero-, piensa que podría buscar o forzar esa intimidad y preguntarle a Vivales lo que nunca se ha atrevido a preguntarle, y es si, a pesar de que siempre ha sido incapaz de poner su rostro a ninguno de sos rostros invisibles, él es su padre.

 

Es una verdad incontestable la importancia de abrir la ventana a otros mundos o al nuestro, el conocer a gente, el entender el mundo, el adentrarnos en otras dimensiones. Lo mismo las novelas como la expresión absoluta del ingenio y de lo veraz porque si lo que percibimos como verdad no es lo mismo que la percepción de la novela no ocurre nada, porque la palabra complementa todo lo percibido.

 

Así que, para terminar, os contaré otra cosa que he parendido leyendo novelas. Lo que he aprendido es que las novelas  no sirven apra nada. Ni siquiera cuentan las cosas como son, sino como hubieran podido ser, o como nos gustaría que fueran. Por eso nos salvan la vida.


En Tusquets.

 

 Editorial: Tusquets Editores S.A.

Temática: Novela literaria | General narrativa literaria

Colección: Andanzas

Número de páginas: 400

 

¿Cómo enfrentarse a quienes manejan el poder en las sombras? ¿Cómo vengarse de quienes más daño te han hecho? Vuelve Melchor Marín. Y vuelve a Barcelona, donde es reclamado para investigar un caso vidrioso: están chantajeando con un vídeo sexual a la alcaldesa de la ciudad. Cargado con su pesar por no haber encontrado a los asesinos de su madre, pero también con su inflexible sentido de la justicia y su rocosa integridad moral, Melchor debe desmontar una extorsión que no se sabe si persigue el simple beneficio económico o la desestabilización política, y, para hacerlo, se adentra en los círculos del poder, un lugar donde reinan el cinismo, la ambición sin escrúpulos y la brutalidad corrupta. Por ahí, esta novela absorbente y salvaje, poblada de una pléyade de personajes memorables, se convierte en un retrato demoledor de la élite político-económica barcelonesa, pero sobre todo en un furioso alegato contra la tiranía de los dueños del dinero y los amos del mundo.

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