Hoy
es mi cumpleaños. La gente tiene cierta tendencia a esperar que le
regales en el suyo, a mí me gusta regalar y regalarme, como tributo
necesario a mi cordura y al equilibrio emocional que, parece, voy a
conseguir antes de la tumba. Es mi cumpleaños, comentaba y anoche
recibí, en realidad de madrugada, recibí, y esta mañana he dado,
he invitado a mis compañeros, a mis compañeras, les he comprado una
tarta a unas, a otros coca y pizza, y he sido capaz de agradecer con
una sonrisa a los que se han abrazado o besado, qué poco pródigo
soy en amores instantáneos. Pero lo que más me importa es deciros
que me he regalado a mí mismo, lectores invisibles, sombras en una nube inmensa
e inabarcable, vosotras, allí, en los abismos míticos de los bits,
sois, en muchos sentidos, a quienes más me apetece agasajar hoy,
porque es mi cumpleaños y necesito regalaros algo descomunal,
inédito y monumental que os llegue al corazón y os desborde de una
manera que no podáis olvidar. Jaume me invitó a leer, a
compartir su regalo esforzándome por entender y disfrutar en la
medida en que él lo ha hecho, si no, cómo podría transmitiros
esta emoción y felicidad por ser, por llegar y transitar sin remedio
por la vida, mirando, levantando la cabeza, respirando y
siendo, lo mejor que puedo, un ser que estima su mismidad, pues,
digo, la mejor manera es incitándoos a que leáis y experimentéis
lo que yo he experimentado.
Y
ahora Virginia sueña a la luz de la luna. En los canalizos de
Louisiana la quebrada luz de la luna se agita, la quebrada luz de la
luna palpita, el resplandor de muchos ríos yace soñando a la luz de
la luna irradiando a la luz de la luna soñando a la luz de la luna
luz de luna luz de luna aparentando bajo esa luz de luna luz de luna
luz de luna que resplandece y están manando en la luz de luna luz de
luna luz de luna luz de luna luz de luna luz de luna luz de luna luz
de luna.
—Lu-u-u-z
de luna-luz de luna-luz de luna-luz de luna-luz de luna-luz de
luna-luz de luna-de luna-de luna-de luuuna.
—¡Aparentando
que sueñan bajo la luz de la luna!
Del
olvido, sí, me voy al olvido
para rescatar la literatura, para ofreceros alternativas a las listas
que nos regalan como menús del supermercado (aquí os dejo dos que
son divertidas y donde encontraréis libros que están muy bien, Los
21, Los
40) para compartir la grandeza de la literatura, palabras,
emoción estética y grandiosidad, para volver, como prometí en
verano a Wolfe, al genio puro, al alma violenta que vomita la
realidad con una delicadeza poética y un vigor que rompe nuestra
cordura de lectores. Me he aburrido, me he emocionado y llorado, he
sido otro, he contribuido a comprender y a escribir el libro, he sido
un lector infiel, he sido un esclavo de su verborrea, he sufrido y
cantado con la voz hasta agonizar con un dolor de hígado
insoportable, he sangrado por su dolor, he alucinado con sus visiones
de los ríos o de los paisajes que se enumeran tras la ventanilla del
tren, he sido uno con él, múltiples con vosotros y con los que lo
hemos leído, he sido odiador y amante de sus noches, de sus temores,
de su anhelo por un padre muerto, por sus disputas con sus hermanos y
hermana, por el recuerdo de los seres que se fueron, por el dolor de
los doce años revividos en una inscripción en un reloj regalado, sí
amigos, escribo esto y me atenaza la angustia, me conmueva la pasión
y el torrente literario que he vuelta a disfrutar en sus páginas.
Sí, que sí, su estructura es turbulenta, es capaz de juntar
capítulos descomunales donde solo el placer estético compensa el
esfuerzo, con otros en que las tramas se pueden hacer aburridas, ¿y
qué? Da lo mismo, amigas, no importa, porque la vida son momentos de
pasión y deseo, de irracionalidad y racionalidad, es aburrimiento e
ilusión, sí, no os engañéis, la literatura imita la vida, la
rehace y la recrea en lo ficcional o simbólico, o ambas cosas, y nos
ofrece la posibilidad de la redimensión, pero es vida, alguna vida
en particular, algún tipo que nos invade. Siempre queda la
posibilidad de ver un programa del corazón, lo admito, de disfrutar
con la recompensa instantánea
del reconocimiento
sin esfuerzo, pero acabar este libro, compañeros, acabar este libro
me obliga con vosotros, sí, me obligo a deciros que la literatura no
ha muerto, para nada, la literatura siempre está a nuestro alcance.
No dejemos que desaparezca, Wolfe vive en este artículo, en mi
corazón y en mi memoria. Bendito sea (Mirad
que artículo más bonito Wolfe )
¿Qué
es este sueño del tiempo, este milagro amargo y raro de la vida? ¿Es
el viento que al huir arrastra las hojas hacia caminos desnudos? ¿Es
el violento, borrascoso vuelo de los días de furia, el paso
tormentoso y rápido de un millón de rostros, todos perdidos,
olvidados, desvanecidos como sueños? ¿Es el viento que aúlla sobre
la tierra, el viento que arrastra todas las cosas bajo su azote, el
viento que arrastra a todos los hombres y los hace huir como
espectros apagados? ¿Es la hoja roja que se retuerce en la rama y
que estará volando para siempre?
El
ángel que nos mira, ser Eugene que nace en
el seno de una familia que reconstruye el mundo, que lo reinventa con
sus temores, pasiones e incertidumbres, el ángel como símbolo de
piedra que guarda el taller del padre enfermo, del padre descomunal
en lo mítico de la impresión del hijo, de la visión distorsionada
de su tamaño y personalidad, de su alcoholismo y particularidades;
la obra extraordinaria de la que os hablé en verano fue su primera
novela, una novela inaugural de una literatura, sí, porque aunque
podemos ver aspectos de grandes escritores norteamericanos
como Whitman (su lirismo excepcional, su
sensibilidad e inteligencia, su capacidad para explicarnos el mundo,
¡Dios cómo añoro tus versos!
Me
celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo asuma tú también habrás de asumir,
Pues cada átomo mío es también tuyo.
Vago al azar e invito a vagar a mi alma.
Y lo que yo asuma tú también habrás de asumir,
Pues cada átomo mío es también tuyo.
Vago al azar e invito a vagar a mi alma.
Vago
y me tumbo sobre la tierra,
Para contemplar un tallo de hierba. ¡Madre mía qué brutal!),
Para contemplar un tallo de hierba. ¡Madre mía qué brutal!),
Faulkner
(la precisión inteligente de algunos fragmentos) o Twain (y
el río como metáfora de la vida), también observamos elementos
conceptuales de la literatura inglesa como la inteligencia de Dickens
incluso rusa como Tolstoi (tal vez en su carácter épico),
observamos una vida propia, una literatura propia, una voluntad de
estilo (la triple adjetivación o sustantivación que trabaja con
precisión mecánica) y, sobre todo, un talento que sentimos en
nuestras carnes cuando descubrimos que la palabra nos cambia por
dentro, nos conmueve y nos ayuda en nuestro viaje iniciático, porque
si no, qué es la literatura más que un viaje por nosotros mismos,
hacia nosotros mismos, claro, a través de los caminos de los otros.
Así los sueños golpean como el vaivén del tren en su hipérbole
infinita, donde las ideas fluyen poderosas, a veces a borbotones,
inundando, como la luz del fragmento anterior, todo el espacio del
libro y del lector.
Quadrupedante
putrem sonitu quatit ungula campum como con cascos que la tormenta
hace fantasmas Muerte Enjuta y Piedad Pálida con quadrupedante
putrem sonitu quatit ungula campum... campum... quadrupedante...
putrem... putrem... putrem putrem putrem como con sonitu quatit
ungula campum quadrupedante putrem... putrem... putrem putrem...
putrem... putrem... putrem... putrem putrem putrem quadrupedante
quadrupedante quadrupedante putrem putrem como son sonitu quatit
ungula campum quadrupedante putrem... putrem... putrem putrem
putrem... como con sonitu quatit ungula campum quadrupedante
putrem... ungula campum... campum... ungula... ungula campum ...
Sí,
es contradictoria, es antisemita en algunos pasajes (especialmente
interesante la relación del autor con Alemania,
contradictoria,claro), pero no tenemos que comulgar con el autor,
tenemos que entrar a entender sus miedos y fobias, y que entronca con
una tradición anglo americana, recogida por Karl Shapiro, y
que engloba a Chaucer, Marlow, Shakespeare, Eliot, Evelyn Waugh o
Henry Adams, entre otros. La contradicción es fundamental, abogo
por darle paso a lo irracional, a sacar de dentro lo que nos piden
las tripas, a verbalizarlo y a contar nuestras verdades y mentiras.
No soporto lo políticamente correcto (muchas veces lo soy), no
soporto el eufemismo (lo uso), no creo en los ofendiditos (me
ofendo), creo en ser, en la inteligencia, en el debate, en sufrir lo
injusto y construir mi piel con los retales de mi dolor, creo en la
equivocación, pero sobre todo creo en la contradicción.
Todas
las señales de su raza estaban impresas en su enorme nariz brillante
y colorada, que sobresalía, centelleaba y se extendía con
desproporcionada extravagancia, semejante a la caricatura de un
pimiento, en su rostro pálido, levemente pecoso y enjuto. Tenía la
boca ancha, delgada y cruel; ojos inexpresivos y apagados que
miraban, parpadeaban y se volvían turbios detrás de las gafas.
Pero
contrasta, lo dicho con los sentimientos que le despierta como
hombre.
pero
era honrado, leal, bueno e imposible de olvidar, marcado por la vida
y el movimiento de miles de calles, experimentado y vigilante; en
suma, una personalidad vivaz, un hombre de la ciudad. En medio de esa
terrible angustia de desolación y hundimiento, entre las
innumerables hordas que se arrastraban por las calles desnudas, en
medio del ansia de Eugene por conocer (mirar, penetrar a través de
millones de paredes, y mezclarse también él en la agitada colmena),
aferrarse a ese angustiado judío de aspecto melancólico, significó
una salvación.
Todo
el libro es geografía, geografías, para ser exactos, geografías de
su infancia, de su adolescencia, geografías familiares, geografías
físicas, mapa de sus sentimientos y relaciones, o de sus viajes a
Europa. Así, la geografía como parte integrante del ADN, la
exuberancia del lenguaje que arrebata a esta, a la geografía, su
esplendor y poder.
Pero
las palabras no llegaban. Tuvo solamente la visión de la soledad
humana, le invadió un sentimiento de tristeza, desolación, y una
alegría salvaje, lúgubre y dolorosa, esperanzada y anhelante, tan
angustiosa, inmóvil y misteriosa en su pausada agitación como los
grandes ríos del Sur. Y en el mismo momento en que sintió ese dolor
salvaje y fúnebre, los latidos lentos, tibios y ocultos del deseo,
en el preciso instante en que respiró de nuevo la fragancia espesa y
misteriosa del perdido Sur, sintió de manera repentina y terrible su
llamada salvaje y extraña, la fatal plenitud de su resignación ante
el mundo perdido.
Su
capacidad analítica es asombrosa, sus descripciones se trasforman en
enumeraciones encadenadas que consiguen atrapar al lector en el ánimo
del personaje ya que siente mediante esa trasmisión íntima que
procura el lenguaje con multitud de interpretaciones y el ritmo que
empapa como el sudor.
El
aire delicado y sutil del verano acaricia todos estos olores con una
nueva y deliciosa vitalidad; arranca también el alquitrán de las
calles, y levanta el perfume encerrado durante ochenta años en
viejos almacenes: el perfume dulce, liviano, con aroma de pino, de
los cajones de embalar, los glutinosos abonos de medio siglo que han
manchado repetidamente los viejos tablajes de los depósitos, los
olores de hilos, alquitrán, trementina, cáñamo y de las espesas
melazas, ginseng, vinos fuertes y raíces y sacos apilados... y
transmite el poder de un café oscuro, de sabor intenso y
exuberantemente fresco y limpio, y el olor de los fardos de heno y
del afrecho, el de los huevos metidos en las canastas y el de los
quesos y la manteca, y propaga especialmente el olor a carne de res
congelada, de cerdos cubiertos de sal, de carne de ternera y sesos,
hígados y riñones, de paletillas y panzas, de carne cruda y cocida,
puesto que arriba, en esas manzanas de edificios pródigos en
suciedad, hay lugares en los que los carniceros, junto a los
panaderos, los banqueros, los accionistas y los muchachos de Harvard,
devoran suculentos bistecs de la carne mejor y más tierna, y panes
calientes que humean, y grandes patatas.
Así,
todo lo que os he dicho se sustancia, especialmente, en algunos
capítulos que parecen islas flotantes, pequeños oasis donde la
literatura se escapa a la tragedia de la trama para que podamos
evadirnos en la palabra. Por ejemplo el capítulo 14 es
impresionante, es una enumeración que toma como núcleo “Es el
lugar que” y página tras página trabaja la sucesión de
impresiones, hechos, paisajes y recuerdos cerrando con una referencia
al ángel que nos mira, a la soledad, a la búsqueda de uno mismo a
la Norteamérica que añora en los capítulos finales cuando su viaje
a Francia alcanza su fin, a los olores de su vida a la añoranza de
la juventud, a la alegría, es, sencillamente, sublime.
Es
el lugar de la mañana invernal, salvaje y exultante, y del viento
empolvado en nieve que ha estado gimiendo toda la noche; es el lugar
de la soledad y de las ramas del abeto, y del pino cargado de nieve;
es el lugar donde las embarcaciones de Fall River están amarradas al
muelle, y el lugar de la nieve grisácea, rebelde y hermética que
golpea en las mañanas de tormenta. Es el lugar del aposento junto al
lago helado y del dulce aliento y de la carne amorosa de la mujer
pecadora; es el lugar de la belleza trágica y solitaria de Nueva
Inglaterra; es el lugar de los graneros rojizos, del ruido de cascos
en los establos y de los coloridos jirones de viejos cartelones del
circo; es el lugar del olor inmenso y penetrante del desayuno, de los
embutidos, de los huevos con jamón, de las humeantes tortas de trigo
y del fragante café, y el de los cazadores solitarios que silban a
sus perros de orejas gachas en las heladas espesuras(…)
es
el lugar del olor a mar de los puertos, y donde se piensa en viajes;
el lugar del grito frenético y de la poderosa alegría de nuestra
juventud; es el lugar de la ciudad mágica, donde sabemos que la vida
más dichosa de la tierra será la nuestra, y que siempre tendremos
veinte años y que jamás moriremos.
Norteamérica
es siempre el lugar de momentos extasiados e inmortales, el ojo que
mira, la boca que sonríe y desaparece, y la palabra; la piedra, la
hoja, la puerta que nunca encontramos y que jamás hemos olvidado. Y
estas son las cosas que recordamos de América, porque hemos conocido
todos sus miles de luces y todos sus climas, y andamos por las
calles, andamos por las calles para siempre, andamos por las calles
de la vida solos.
Y
mientras la vida pasa, en todo el libro fluye, en la Universidad
fluye, los pensamientos se dimensionan para ir adquiriendo la fuerza
imprescindible que dota de sentido a la ficción.
¿Muere
el hombre dentro de su corazón antes de que su carne putrefacta
muera dentro de la tierra, y antes de que los aceites y grasas cesen
de darle vida a su cabello para que crezca? ¿Se acaba el hombre tan
pronto como su carne sirve de nido a los gusanos? ¿Olvida un hermano
el recuerdo del hermano antes de que los gusanos abandonen sus
tejidos? Este es un tema importante; tendrían que promulgarse leyes,
y una disciplina, que enseñaran al hombre a tener una mayor
constancia. Y, repentinamente, salía de ese sopor del tiempo en que
vivía, e instantáneamente como un hombre liberado de un
encantamiento que lo hubiese tenido cautivo en una tierra extraña
durante muchos años, recordaba su hogar con un sentimiento de pena y
pérdida, el mundo perdido de su infancia; sentía el milagro amargo
y extraño de la vida, pero no tenía palabras para expresarlo...(cap
19) y
más adelante,
No
mueras esa muerte putrefacta, desagradable, sucia, ¡la única que es
realmente horrible, la muerte en vida! Por el amor de Dios, no
traiciones a la vida y a ti misma, y a la gente que te quiere,
muriendo de esa clase de muerte. ¡He visto que eso le ocurre a tanta
gente! Y siempre ha sido estúpidamente inútil, un derroche inmundo.
Eso es lo que trataba de decirte hace algunos minutos; lo terrible no
es la muerte del moribundo, es la muerte del que vive. Y siempre
morimos de esa muerte del que vive. (cap 21)
Porque
el padre, como he dicho, está presente en la primera parte. En todos
los capítulos en que Gant (el padre) está moribundo tienen una
profundidad humana y psicológica extraordinaria, llenos de una
pasión e inteligencia de saber hacer, de construcción perfecta, con
diálogos dinámicos, veraces llegando a cotas literarias soberbias.
El padre da para una literatura, ¿verdad Kafka,
Knausgard?
—Eliza
—dijo, y al sonido de esa desusada palabra, de ese nombre que Gant
solo había mencionado una o dos veces en cuarenta años, el rostro
blanco de ella y sus ojos castaños se volvieron con la mirada rápida
y asustada de un animal—. Eliza —repitió Gant tranquilamente—,
has llevado una vida dura conmigo, muy dura. Quiero decirte que lo
siento(…)
Luego,
con movimiento torpe, trató de retirar la mano y comenzó a
tartamudear de modo ridículo y azorado:
—Bien,
señor Gant, me parece...
Y
repentinamente, estas pocas y simples palabras de arrepentimiento y
afecto hicieron todo lo que la violencia, insultos, borracheras y
maldiciones de muchos años no habían podido lograr.
El
libro tercero, Telémaco,
empieza con un soberbio monólogo interior de Gene sobre la muerte
del padre, el tiempo, el río que nos lleva, que es la vida llena de
inteligencia literaria y técnica, es fabuloso. La poesía, la
sensibilidad y el profundo amor que es capaz de describir.
»Todo
esto ha estado sobre la tierra y permanecerá para siempre en ella.
Pero tú te has ido: por la noche nuestras vidas están rotas;
nuestras vidas son minadas por el río; nuestras vidas son arrojadas
hacia el mar y las tinieblas; y estaremos perdidos, si tú no vienes
a devolvernos la vida.
»Ven,
padre, en la vigilia de la noche; ven hacia nosotros como siempre has
venido, trayéndonos el sustento invencible de tu fuerza, el tesoro
ilimitado de tu generosidad, la estructura grandiosa de tu vida, que
volverá a modelar en un molde dorado de júbilo y alegría todas las
cosas extraviadas y destruidas sobre la tierra. Ven hacia nosotros,
padre, mientras los vientos aúllan en las tinieblas, porque octubre
ha vuelto trayendo consigo inmensas profecías de muerte y de vida y
el gran cargamento de los hombres que retornarán. Quedaremos
arruinados, perdidos y deshechos si tú no vuelves; y nuestras vidas,
como astillas putrefactas, girarían a nuestro alrededor
adelantándose hacia el mar en la oscuridad».
En
un momento de la narración, en su viaje hacia la mismidad aparece el
río Hudson y trabaja el capítulo con múltiples comparaciones que
describen las sensaciones del autor. Es especial la gradación de los
colores de la luz. El río como arteria unificadora de las acciones
humanas. Es un capítulo (cap 58), una vez más, estupendo, que toma
al asalto el alma y mientras lo l eía tenía lágrimas de un
profundo amor por la literatura, por la belleza y por el genio.
Hermoso, hermoso, hermoso.
El
Hudson penetra lentamente en la tierra; es como una tina rebosante de
púrpura y vino dulce. Es como las profundidades de la noche; como
las llamas sobre el farallón; como los ecos de los duendes, y la
vieja Holanda, y la víspera del día de Todos los Santos. Es como el
Jinete Fantasma, las ramas agitadas y los vientos enloquecidos, y es
como la sidra y las grandes fogatas invernales de los holandeses.
Lo
bonito de la Gran literatura es estar leyendo una joya en cada
capítulo.(Cap 68)
Mañanas
de oro velado, solitario, gélido regocijo de la niebla en una
atmósfera densa, grávida de profecías anónimas e inminentes;
inmemorial luz amarilla, ahumado ocre matutino que no adquiría matiz
definido: así era octubre en Inglaterra aquel año. A veces, durante
la noche, en los cielos tormentosos anidaba la desnuda soledad
desprendida del tiempo; a veces la luna paciente y familiar —¡tan
familiar!—, y otras veces el resplandor de las estrellas, brillando
siempre sobre los hombres, sobre su apasionado dilema de intensa
felicidad y vacía desolación, esperanza y terror, nostalgia y
angustia, brillando siempre sobre la inmensa y dual tiranía de su
cruel gobierno... vagando eternamente, y otra vez la tierra.
Una
de las especialidades literaria de nuestro autor son los retratos que
afina como un cirujano experimentado diseccionando el alma, el cuerpo
y la persona con precisión milimétrica del lenguaje. El de Fried
del capítulo setenta y uno me llama la atención porque juega con su
alma de una manera magistral mostrando la grandeza que es posible
alcanzar por parte de algunos escritores y personajes que, a través
de estos, viven un instante fugaz con mayor intensidad que algunos
humanos reales.
El
otro era un judío llamado Fried, a quien Eugene nunca consiguió
olvidar. Eugene no sabía de dónde venía, ni quién le había
otorgado la beca Rhodes; pero sabía que de todos ellos, salvo
Johnny, era el único que había mantenido su integridad, el único
que no poseía aquella cualidad falsa, temerosa, confusamente
evasiva; el único que expresaba lo que sentía —la pesada carga de
amargura y de odio que llevaba dentro—, el único que había
conservado su personalidad.
Tal
vez esa personalidad no mereciese ser conservada: sin duda, una
personalidad carente de encanto, y que poseía la cualidad agresiva,
insultante, curiosamente injusta de su raza; pero allí estaba
—conservándose aterradoramente en él mismo y sin avergonzarse de
ello—, con una desnuda y formidable integridad de su yo, que
resplandecía con la luz dura y desnuda de un diamante tallado y que
Eugene no olvidaría ni aun cuando los caracteres de los demás se
hubiesen vuelto borrosos, informes y oscuros.
A
veces pone reflexiones en boca de diferentes personajes, reflexiones
intensas y ricas, inteligentes, pero dolorosas porque hacen que me
enfrente a mis demonios, a los miedos que me agujerean el estómago y
también a Eugene, al artista en ciernes.
—¡Ah!
—dijo Starwick—, pero ¿dónde está el diablo? —y tras una
pausa continuó—: ¿crees que realmente alcanzarás la sabiduría
por el hecho de leer un millón de libros? ¿Crees que descubrirás
algo más sobre la vida si conoces a un millón de personas en lugar
de conocerte a ti mismo? ¿Crees que obtendrás mayor placer de mil
mujeres que de dos o tres; que verás más si recorres cien países
en lugar de seis? Y finalmente, ¿crees que obtendrás mayor
felicidad cumpliendo con tu trabajo en lugar de no hacer nada? ¡Dios
mío! Eugene —su voz estaba cargada de resignación—, todavía
piensas que es importante cumplir con el trabajo, pero ¿qué
importa? Si quieres llevar la vida de un artista, realizar la obra de
un artista, crear con los materiales del artista... ¿qué importará
en definitiva si haces o si no haces nada?
Como
os he anunciado el personaje debe viajar, debe comportarse como un
homo viator que sea capaz de aceptar su propio destino. Todo
el desarrollo de la vida en París contrasta con la que describe
Miller en sus trópicos, por ejemplo, con la bohemia
hambrienta y desesperada de la vanguardia. Aquí hay un aspecto más
lúdico, más iniciático en el sentido emocional que en el
literario, más ordenado.
A
través de aquel velo de neblina azulada llegó a sus oídos la
poderosa y misteriosa voz de París: era un sonido potente y débil a
la vez, formado por los ruidos de sus cuatro millones de habitantes;
y a pesar de ello, extrañamente atenuado, seductor, sensual, cruel e
incitante, lleno de vida y de muerte. La fragancia misteriosa de
aquella vida llenó a Eugene con la poderosa intoxicación de su
magia. Aspiró profundamente el aire cargado de mil aromas, que
parecía impregnado del sutil incienso de las esperanzas y promesas
secretas de la gran ciudad, de sus pesares, alegrías y terrores, de
un ansia frenética e indescriptible, de un deseo intolerable.
En
su tour por Europa después de Orleans vienen los capítulos 96/97
del libro que pertenecen a esos torrentes salvajes que eclosionan en
tu corazón. Evoca, entonces, sus deseos, su anhelo de América y su
genio. Literatura por literatura, escritura por escritura, placer
estético que se instala, desgarrador, en la boca del estómago.
Porque
esto será siempre lo vivo e inmortal de la patria, lo inmutable de
aquella ciudad cuyo único elemento permanente es el cambio: los
grandes ríos se deslizaban... eternamente en la oscuridad, ríos que
han quitado tantas vidas sin nombre, que han ceñido los bosques
vírgenes, que han circundado tantas transformaciones, que han visto
tantas vidas vanas, brillantes y sensacionales; tanto dolor, belleza,
fealdad; tanta lujuria, destrucción, podredumbre, amor y exaltación
salvaje.
Construirán
todavía grandes máquinas y rascacielos aún mayores; pero los ríos
correrán siempre, alimentando insaciablemente de tierra virgen sus
caudales imponentes, lavando las riberas y fluyendo junto a la ciudad
fabulosa, junto a los leves sonidos palpitantes del tiempo, junto a
los millones de vidas y de muertes de la ciudad. Siempre correrán
los ríos, y siempre habrá grandes barcos en sus aguas, siempre
grandes sirenas resonando en la boca del puerto, y en la noche
millares de hombres mueren mientras el río, el río eterno, lleno
del tiempo extraño y secreto, lavando las manchas de la ciudad,
engrosado y oscurecido con sus desechos corre junto a nosotros hacia
el mar.
Lo
sé, la estructura es desigual, en ocasiones desconcertante, pero
esto no es un ensayo, esto no es una clase de Harvard, no, esto no es
una tesis ni un trabajo para la escuela, esto es literatura, en
anhelo, pasión y deseo, es tristeza y reflexión, es dolor de vivir
y alegría de hacerlo, es búsqueda personal; es insatisfacción y
pérdida, el encuentro y la felicidad; en ocasiones amor, amor a la
patria, a la geografía, a los ríos, al tren, a los barcos, a los
hombres y mujeres que nos pueblan los recuerdos y las sensaciones en
el presente, es, amigas, literatura, simplemente literatura.
Despierta
en la mañana en una tierra extraña y piensa en la patria. No puede
descansar: tiene el corazón lleno de dolor y soledad; duerme, pero
sabe que duerme y oye el sortilegio sombrío y extraño del tiempo a
su alrededor. En las ciudades venerables recuerda los graves tañidos
de las campanas de la catedral, pero a través de su morboso e
inquieto sueño se abren camino los sonidos y el recuerdo de su
América. Es casi de madrugada; en su América se acerca un caballo
por la calle y se oye el rumor de las ruedas, el solitario golpetear
de las herraduras en las calzadas desiertas, el silencio; y luego el
ruido característico de una lata.
Podemos
encontrarla, si queréis en la editorial Piel de zapa.
Editorial:
INTERVENCION CULTURAL
Idioma:
CASTELLANO
Encuadernación:
Sin definir
ISBN:
9788415216674
Año
de edición: 2013
Tras
la prematura muerte de Thomas Wolfe, William Faulkner dijo de él que
se trataba del mejor escritor de su generación, colocándose el
propio Faulkner, modestamente, en el segundo lugar de la lista.
Listas aparte, Wolfe es, junto a Faulkner y Carson McCullers, un
genuino representante de lo que podría denominarse lirismo sureño
norteamericano. En 1935 se publicó su gran novela «Del tiempo y el
río», obra magna que le consagró definitivamente como uno de los
más importantes novelistas del siglo XX de Estados Unidos. En el
conjunto de su obra, basada en su propia experiencia vital, sin duda
«Del tiempo y el río» constituye la pieza de mayor relieve, la más
importante y la que mayor influencia ha ejercido en la novela
contemporánea. Eugene Gant, su protagonista (trasunto del propio
Wolfe), es el héroe novelesco por antonomasia. Su poderosa
vitalidad, su avasallador deseo de convertirse en escritor, su
romántica necesidad de abarcar toda clase de experiencias sin
someterse a limitaciones o cortapisas, explosivamente, hacen de él
una de las criaturas de ficción más entrañables y conmovedoras de
la literatura de nuestro tiempo. Vorágine de palabras y aconteceres,
«Del tiempo y el río» constituye uno de los más bellos análisis
de la soledad y el desamparo, a la vez que un implacable ejercicio de
reflexión sobre la creación artística y sobre el paso del tiempo y
la llegada de la muerte.
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