La subasta del lote 49, publicada en 1966, es una de esas novelas breves que parecen escritas para demostrar que un libro puede durar poco y, sin embargo, no terminar nunca. Thomas Pynchon coloca a Oedipa Maas ante una herencia, una muerte, una posible conspiración postal, unos signos que se multiplican y una pregunta que se vuelve cada vez más inquietante: ¿hay un orden secreto bajo la realidad o somos nosotros quienes lo fabricamos para no aceptar el caos? La trascendencia del libro nace precisamente de ahí: no resuelve el misterio, sino que convierte al lector en parte del mecanismo paranoico. Por eso sigue siendo una pieza central para entender la posmodernidad literaria norteamericana: Studies in the Novel señala que resulta difícil explicar el posmodernismo sin pasar por esta obra, y Time la incluyó entre las mejores novelas en inglés publicadas desde 1923.
Un joven inquieto que planeaba colarse de noche en los acuarios para entablar negociaciones con los delfines, dado que éstos sustituirían al hombre, se disponía a subir a un avión de la TWA con destino a Miami. Se despidió de su madre con un beso de pasión, metiéndole la lengua.
Su recepción, pues, ha oscilado entre la fascinación y el desconcierto, que es casi la forma natural de leer a Pynchon. Hay en ella una escritura de alta inteligencia cómica: nombres disparatados, humor lingüístico, canciones, guiños pop, parodia detectivesca, cultura de masas, entropía, historia postal, teología de la sospecha y una California convertida en superficie alucinada. La propia editorial la presenta como una sátira sobre Oedipa Maas, una mujer atrapada en una conspiración mundial, y las reseñas han insistido en esa mezcla de virtuosismo verbal, enigma histórico y delirio controlado. Lo prodigioso es que Pynchon no escribe una novela difícil por acumulación, sino por indeterminación: cada pista, en lugar de acercarnos a la verdad, abre otra puerta, y cada puerta parece conducir a un pasillo donde la realidad se ha disfrazado de broma.
La carretera, pensó, era en el fondo una aguja hipodérmica clavada más adelante en una vena de la autopista principal, una vena que alimentaba el sistema circulatorio de Los Ángeles para que se sintiera alegre, compacta, libre de dolor o lo que en el caso de una ciudad equivalga al dolor.
A mí me gusta hacer una lectura lisérgica; en la novela hay LSD alrededor de Oedipa —su psiquiatra, Hilarius, intenta introducirlo; su marido Mucho acaba vinculado a esa experiencia—, pero más de la realidad pynchoniana que funciona como si estuviera en un viaje onírico: una percepción alterada donde todo significa demasiado y, al mismo tiempo, nada acaba de significar del todo.
O te has dado de narices, sin necesidad de tomar LSD ni otros alcaloides del indol, con un delirio condensado y pletórico de detalles; con una red que una cantidad indeterminada de norteamericanos utiliza para comunicarse.
Traductor: Antonio-prometeo Moya
Editorial: Tusquets Editores S.A.
ISBN: 9788472238299
Idioma: Castellano
Número de páginas: 192
Tiempo de lectura:4h 31m
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento: 01/12/1994
Año de edición: 1994
Plaza de edición: Barcelona
Colección: Andanzas
Número: 227
Alto: 21.0 cm
Ancho: 14.0 cm
Grueso: 1.5 cm
Una formidable sátira de la sociedad norteamericana por uno de los autores más sorprendentes de la literatura estadounidense.
Un buen día, la señora Edipa Maas se entera de que ha sido nombrada albacea de una inmensa fortuna por su ex amante Pierce, un millonario californiano. Una serie de sorprendentes coincidencias la pondrán sobre la pista de un delirante misterio en el que se cruzan personajes tan estrafalarios como su marido, Mucho Maas -aficionado al grupo británico Dick el Sucio y los Volkswagen, pero en cuyo éxito no cree-, el doctor Hilarius -un obseso freudiano salido del campo de concentración de Buchenwald-, Gengis Cohen -un eminente filatélico de Los Angeles-, o los abogados Warpe, Wistfull, Kubitschek y McMingus, y el entrañable Randolph Driblette…También deberá enfrentarse con las más estrambóticas organizaciones, como la R.E.S.T.O.S. -una extraña red postal de proscritos-, o la no menos enloquecida Yoyodyne S.A., hasta caer en la cuenta de que la revelación final radica precisamente en la subasta del lote 49.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Debido a algún comentario improcedente que no respeta ni al autor del blog ni a los participantes del mismo, me veo obligado a moderar los comentarios. Disculpa las molestias.