Estoy algo cansado de leer Los soria, así que busco algo ligero. El cansancio no es que la lectura me canse, en absoluto, sino que es muy larga, requiere esfuerzo y eso, cansa. La voluntad es una virtud importante, es capaz de ayudar a conseguir cosas que parecen difíciles. El tesón, el ser capaz de anteponer el objetivo al camino, entender que los procesos son largos, que la satisfacción, si llega, lo hará tarde, con dificultades muchas veces, es una manera de conocimiento. Sí, entender que diferir un placer es un placer que, necesariamente, no tiene por qué llevar a la felicidad, pero saber, al menos ser conscientes, de que esa disciplina ayuda a ser algo más que masa gris, oye, satisface.
Por eso el cerebro necesita aligerar, al menos yo necesito lecturas cómodas que no impliquen un esfuerzo importante. Eso me ha pasado con este libro. Empieza de una manera algo infantil, pero se le toma el pulso a la narración y toda la parte de la trama, la verdad, la resuelve con solvencia. La escritora trata al lector como un pozo sin fondo al que se le puede dar de todo. Hombre, no me disgusta el tono siempre y cuando se mantenga el pulso narrativo y no sea otra cosa. Más susceptible de crítica es el tramo final, la necesidad de resolver la historia como lo hace, me dio la impresión de que es un ardid consciente para poder llevar a la pantalla la obra, para que sea digerible visualmente por los espectadores que no la van a leer. Pero, también es cierto, si la pretensión de la autora es acomodarse a la venta, perfecto, si lo que pretende es redondear la obra literaria, bueno, hay maneras diferentes de hacerlo.
Huelga decir que había poco sexo tras esas citas. Ninguno, a decir verdad, «No me puedo creer que te esté resultando tan difícil —le decían sus compañeros de equipo de Cambridge—. Si a las chicas les pirran los remeros». (Mentir). «Además, para ser yanqui, no estás tan mal». (Mentira también)
También quiero comentar que entre el tono reivindicativo y la neutralidad de la escritura, el libro no toma el impulso que se podía esperar. La trama es muy evidente, las reivindicaciones ideológicas no acaban de integrarse como una parte de lo narrado, es algo que he observado en varias novelas actuales que sacrifican lo literario a lo político. Eso es genial, pero a mí me gusta la literatura.
Calvin estaba furioso. Había empezado el día con mal pie. Esa mañana precisamente se había encontrado en el buzón con otro puñado de cartas de chalados y granujas, la mayoría haciéndose pasar por familiares lejanos. Ya estaba acostumbrado; desde que había adquirido cierto renombre, los estafadores acudían a él como moscas. Un «tío abuelo» pretendía que Calvin invirtiera en un chanchullo alquímico. Una «madre afligida» aseguraba ser su madre biológica y quería ofrecerle dinero; un supuesto primo necesitaba dinero en metálico. También le habían llegado otras dos cartas de mujeres que afirmaban haber tenido un hijo suyo y le exigían que se responsabilizara económicamente de él cuanto antes.
Traductor: Victoria Alonso Blanco
Editorial: Salamandra
ISBN: 9788418363436
Idioma: Castellano
Número de páginas: 464
Tiempo de lectura: 11h 5m
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento: 16/02/2023
Año de edición: 2023
Plaza de edición: Es
Colección: Salamandra Narrativa
Alto: 22.0 cm
Ancho: 13.7 cm
Grueso: 3.2 cm
Peso: 598.0 gr
Lecciones de química es una novela original y adictiva que desentraña de manera inteligente y entretenida la espinosa cuestión de la igualdad de género y la necesidad de ser uno mismo.
Número 1 en las listas de The New York Times y The Sunday Times.
Mejor libro del año según The Guardian, The Times, The Sunday Times, Times Literary Supplement, Oprah Daily, Newsweek, Mail on Sunday, The New York Times¸ The Washington Post y NPR. Ganador del Goodreads Choice Award
Elizabeth Zott es madre soltera y estrella a su pesar del programa de cocina de televisión más seguido de Estados Unidos. El enfoque inusual de Elizabeth para cocinar, combinar una cucharada de ácido acético con una pizca de cloruro de sodio, resulta revolucionario. Sin embargo, a medida que su éxito aumenta lo hacen también sus enemigos, porque Elizabeth no sólo está enseñando a las mujeres a cocinar sino también desafiándolas a alterar el orden establecido.

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