19 marzo 2026

1794, Niklas Natt Och Dad

El otro día, en mi tertulia literaria, una asistente dijo: «A mí me preocupa la banalización del mal», y la frase se me quedó adherida como se quedan ciertas verdades incómodas, no por su novedad, sino por su evidencia. Desde entonces no he dejado de pensar en la manera en que la sociedad moderna trata el mal, tanto en su régimen de imágenes como en su administración política y moral de la guerra. El mal forma parte de nuestra naturaleza; no lo extinguimos, apenas lo civilizamos, lo sometemos a códigos, lo rodeamos de argumentos y aprendemos así a tolerar la muerte violenta cuando se nos presenta como necesaria, aunque nos produzca pudor, rechazo o malestar. Pero, al mismo tiempo, la vida moderna es pornográfica: todo se exhibe con una crudeza obscena, entregado al hiperrealismo incontrolable de la mutilación, del desmembramiento y de cualquier otra salvajada servida como parte del menú cotidiano. El mal, repito, lo civilizamos en esa lucha interminable contra nuestra condición bárbara, porque no dejamos de ser animales enjaulados en la norma del derecho, cuando esta existe; y siempre aparece quien, en un arranque postcivilizatorio, decide volver a ser bestia, dar rienda suelta a lo bárbaro o, sencillamente, satisfacer los deseos reprimidos de esa fiera que nunca ha dejado de respirar bajo la piel.

La novela negra nórdica gusta de lo bizarro, del juego perverso con el mal, con el lado más sádico y salvaje del hombre. Los crímenes son brutales, rayan la naturaleza feroz de los animales que se divierten con la muerte, que satisfacen deseos reprimidos y llevan al paroxismo el deseo del diablo. Luchar contra esto es difícil, tanto para el lector como para los personajes. Estos, los personajes, se enfrentan con cierta distancia, la época propicia que sea posible, a los hechos, sin embargo, el lector no tiene un momento de aliento, sufre, se desespera porque nunca hay una concesión, jamás una buena noticia. La desgracia está siempre presente en el Estocolmo decadente de finales del XVIII, una ciudad perdida en sí misma, en su podredumbre moral y afectiva. Lo civilizatorio no es más que un eco que podemos atisbar de lejos, porque todo se inscribe en los deseos de una superestructura que domina el mundo.


Y quien sea que lo hizo no se limitó a quitarle la vida, sino que actuó con tal violencia que su sangre salpicó la lámpara que cuelga bien alto del techo


1794 se ha leído menos como un thriller de resolución brillante que como una novela de inmersión, de atmósfera y de descenso. En muchas reseñas aparece la misma idea: la investigación importa, pero importa menos que el mundo en el que esa investigación se mueve. La trama criminal queda a ratos en segundo plano porque la novela prefiere demorarse en la suciedad material y moral de su tiempo, en una Estocolmo corrupta, enferma y viscosa, y también en la prolongación colonial de esa barbarie en San Bartolomé, donde la violencia deja de ser un exceso y se vuelve sistema. De ahí que varios lectores y críticos hayan insistido en que lo más poderoso del libro no es averiguar quién hizo qué, sino respirar ese aire de podredumbre, ver cómo el dolor se administra según la clase, el sexo o el dinero, y comprobar que la civilización no aparece como antídoto del mal, sino como su barniz.


Más tranquilo, reemprende la marcha en la oscuridad, caminando con cuidado para no tropezar con los desperdicios que hay por toda la plaza.


La novela gana cuando se aparta del mecanismo del enigma y se concentra en los personajes: Cardell, Emil Winge, Anna Stina o Erik Tres Rosas no son simples piezas de un caso, sino cuerpos castigados por un orden social que reparte humillación, abuso y locura con una frialdad casi burocrática. Por eso la violencia de 1794 no se percibe solo como espectáculo, sino como clima: una violencia que empapa la cárcel, el manicomio, el burdel, la calle y la colonia, y que convierte la lectura en una experiencia más inquietante que adictiva, más de inmersión que de suspense.


Winge vuelve junto a Tres Rosas para hacerle nuevas preguntas que sigue sin responder. Cardell lo deja hacer hasta que percibe en su voz una mezcla de decepción y agotamiento.


Si tuviera que condensar esa lectura en dos fragmentos breves de la novela, escogería estos: «son las heridas nuevas las que ocultan las cicatrices del pasado» y «de nosotras sólo se espera que olvidemos el raciocinio que Dios nos ha concedido», porque entre ambas frases queda encerrado casi todo lo que la crítica ha visto aquí: por un lado, una novela sobre el dolor que nunca desaparece, solo se tapa; por otro, un mundo donde la crueldad no se limita al crimen, sino que está incrustada en la jerarquía social, en el cuerpo y en la condición de cada cual.

Traductor: Pontus Sánchez Giménez

Editorial: Salamandra

ISBN: 9788418107597

Idioma: Castellano

Número de páginas: 512

Tiempo de lectura: 12h 15m

Encuadernación: Tapa blanda

Fecha de lanzamiento: 04/03/2021

Año de edición: 2021

Plaza de edición: Es

Colección: Salamandra Narrativa

Serie/Saga: Trilogía de Estocolmo

Número: 2

Alto: 23.0 cm

Ancho: 15.5 cm

Grueso: 3.1 cm

Peso: 740.0 gr

Segunda parte de la aclamada trilogía con tintes noir iniciada con 1793 --considerado Mejor Libro del Año en Suecia y elogiado por la crítica por renovar los cánones del thriller histórico--, 1794 presenta un ingenioso entramado de engaños, venganzas y crímenes inmisericordes sobre el telón de fondo de una bulliciosa Estocolmo inmersa en la vorágine generada por la Revolución francesa.

Segundo hijo de la acaudalada familia Tres Rosas, Erik es enviado por su padre a la colonia de San Bartolomé, el mayor mercado de esclavos del mundo, en las Antillas, para separarlo de Linnea Charlotta, una chica de extracción humilde con la que se ha jurado amor eterno. Desterrado en la isla caribeña, el muchacho se encuentra enfrascado en adaptarse a un medio tan brutal cuando las súbitas muertes de su padre y de su hermano primogénito precipitan su regreso a Suecia. Así pues, convertido de repente en heredero de una inmensa fortuna y libre para contraer matrimonio con su amada Linnea Charlotta, la felicidad parece sonreírle cuando otro cruel giro del destino lo arroja de nuevo a las tinieblas: acusado de un crimen horrendo ocurrido durante la misma noche de bodas, la vida de Erik queda en manos del inefable Mickel Cardell, el hosco veterano de guerra que, acompañado ahora por Emil Winge, hermano pequeño y álter ego del malogrado Cecil, se adentrará en los abismos más oscuros y violentos de la sociedad sueca para intentar descubrir la verdad y liberar a Erik de un futuro nefasto.

Con una destreza excepcional para idear personajes de una asombrosa complejidad y recrear con todo lujo de detalles un momento histórico apasionante, Niklas Natt och Dag colma con creces las expectativas generadas con 1793 y promete mantener la tensión en vilo hasta el desenlace de la trilogía.

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