martes, 23 de julio de 2013

Karoo, Steve Tesich


Cuando empezamos a leer un libro nunca sabemos si lo que nos han dicho de él es cierto o no. Por ejemplo, había leído que este libro te haría reír a carcajadas desde la primera página y yo no me he reído ni una sola vez. Nuestra impresión, por lo tanto, es mucho más autónoma de lo que nos habían contado, y tenemos criterio propio, al menos con la risa.Por eso cuando acometemos la lectura de un libro debemos hacerlo sin prejuicios, sin dejarnos intimidar por las personas que nos han hablado de él. Es importante lo que se dice de un libro, incluso que alguien a quien consideremos buen lector nos lo recomiende, pero nosotros debemos acercarnos a cualquier obra alejándonos de opiniones ajenas.

Centrémonos en nuestro libro. La historia, rescatada del Periódico de Cataluña:'Karoo', la novela que acaba de rescatar Seix Barral, podría muy bien jugar en la misma liga. Se publicó en Estados Unidos en 1998, dos años después de la prematura muerte de su autor, el guionista cinematográfico de origen serbio Steve Tesich, y aunque recibió buenas críticas la recepción de los lectores norteamericanos fue apenas discreta. Y no sirvió de nada que popes como Doctorow y Arthur Miller le hubieran dedicado entregadas recomendaciones. Tuvieron que pasar 15 años para que un pequeño sello francés la rescatara y se convirtiera en la sorpresa de la temporada del pasado año, tras recibir el equivalente al premio Llibreter en el país vecino, el Mémorable, que rescata obras inéditas o que han pasado desapercibidas. Así que nos encontramos ante un ajuste más del mundo editorial, y del gusto caprichoso de los lectores que, en este caso, no se dejaron influenciar por los gurús de la literatura. Esto, que me debería parecer fantástico, es, sin embargo, algo terrible. Existen cientos de obras que duermen el sueño de los justos, como Karoo, y otras, gracias al boca a boca, o al merchandisin, que influye en todo, se convierten en éxitos rotundos, en glorias para autores que apenas sí saben escribir su nombre sobre papel.Se me ponen los pelos de punta.
Aquí  el libro. Cuando estamos ante una obra maestra nos preguntamos cómo nos atrevemos a ir tan lejos, cómo nosotros, mortales y mediocres, hombres y mujeres invisibles, tenemos la capacidad artística de detectar el valor supremo en la obra de arte. No soy más pretencioso que usted, para nada, pero sí sé que me queda la impresión de lo sublime, de lo extraordinario, de lo extraño. Cuando leo una obra grande, soberbia, siento en las entrañas que algo me está pasando: su prosa, impactante y sencilla a un tiempo, su argumento, más o menos ingenioso, pero resuelto de manera brillante, su construcción argumental, única. Y lo sé porque he leído mucho, porque me he encontrado con suficientes obras que no me han trasportado a ningún sitio, que solo me han hecho pasar el rato. La literatura, por méritos propios, es tan real como la vida misma, posee un espacio en alguna dimensión inabarcable del universo donde los personajes viven y mueren, y donde se suceden las historias que plasman los libros. La literatura es más placentera que la vida real porque duele y alegra de forma muy diferente a esta. La literatura es un todo compartido por millones de personas conectadas. Así, hay libros que crean espacios, otros argumentos, y los menos, personajes, personajes que sentimos hermanos o madres o padres, que sentimos igual de vivos que nosotros: Ignatius Relley, otro olvidado del mundo editorial, Alonso Quijano, o Saúl Karoo, personajes que sienten y padecen, que evolucionan, que piensan, que se equivocan, personas de papel que existen en ese universo al que nos podemos acercar cuando lo deseemos.
El personaje. Es una novela de personajes, de Saul, aunque también de su hijo,de su amante, de su ex mujer y de su jefe. Saul se comporta visceralmente, sufre por todo y con todo, le aquejan enfermedades inverosímiles, no se puede emborrachar siendo alcohólico, o no puede crear siendo un recreador. Por eso se debate en un mundo de contradicciones y en un universo paralelo y particular, entre el ser y el deber ser, entre la angustia de la vacuidad, y el placer de ser en el otro. Saul se encuentra con el arte, y a través de este, con un amor forzado por el destino, un amor sin amor, una convivencia de viejo que le fuerza a reintentar construir su vida. Pero él no es un artista, en un sentido literal, sino un hacedor de historias, por eso convierte al amor en un guión de cine, y queda reescrito no por él, paradoja, sino por el devenir mismo de la casualidad. La última escena, cuando él viaja en su mente por uno de los universos de su literatura, por la nada y el vacío, es absolutamente extraordinaria, majestuosa, inteligente, perfecta.Es una alegoría, es la conclusión de la tragedia de la vida, a través de la catarsis inmotivada, se reencuentra con su destino, que era, vaya sorpresa, simplemente vivir.
Sí, me ha encantado el libro, estoy impactado emocionalmente, y las ganas de vivir se me salen por los poros inflamados por el verano. Es una obra redonda, donde el pulso narrativo queda dominado por el genio del autor,  donde la trama es hilvanada sin preocuparse por el lector, engañándolo,porque lo hace partícipe para, después, dejarlo tirado emocionalmente en la cuneta.
En España lo publica Seix Barral en una traducción magnífica de Javier Calvo. Sinopsis.

Fecha de publicación: 04/06/2013
560 páginas
Idioma: Español
ISBN: 978-84-322-1576-6
Código: 10016078
Formato: 13,3 x 23 cm.
Presentación: Rústica con solapas
Colección: Biblioteca Formentor
Traductor: Javier Calvo



Bienvenidos al mundo de Saul Karoo, un guionista en la cincuentena, un cínico retorcido y egoísta, un mentiroso patológico. Lo único que hace bien es destrozar el trabajo ajeno: transforma guiones para amoldarlos a la fórmula hollywoodiense, salvarlos de la ruina económica y convertirlos en una ruina artística. Su vida da un vuelco el día que se embarca en su mayor excentricidad: dejar de pensar en sí mismo y hacer algo por otra persona.  

Entre carcajadas, acompañamos a Karoo en esta accidentada odisea, incapaces de separarnos de él. Porque aunque es totalmente detestable, Karoo también es terriblemente humano, una versión deformada de nosotros mismos, una víctima de sus miedos y sus defectos, un aspirante fracasado a la felicidad. 

Publicada dos años después de la muerte del guionista Steve Tesich y considerada novela de culto durante quince años, Karoo ha alcanzado el reconocimiento internacional al convertirse en un best seller en Francia, un ajuste de cuentas que la sitúa como una de las mejores novelas de los últimos cincuenta años: «Estés leyendo lo que estés leyendo, déjalo. Seguro que no es tan bueno. Y sin duda, no tan divertido», Howard Jacobson, The Independent.

5 comentarios:

  1. Excelente reseña. No se si es obra maestra, pero si es algo especial. El ser guionista de cine y su lucidez extrema hace que sea mas agil y novedoso su relato. Me recordo a la pelicula the player.

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  2. Estoy de acuerdo contigo. yo pienso que el concepto obra maestra es complejo, demasiado manipulado: depende de gustos, de escuelas etc. Por eso me puse a escribir este blog, para descubrir cuáles eran las novelas qu me decían algo, que me hacían más feliz. Esta, desde luego, es una de ellas, me entusiasmó, me reafirmó en mi gusto por la lectura, ¿qué te parece? A mí mucho. Saludos

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  3. A mi me parece un libro buenísimo. Por ponerle un pero, el final me da un poco de dentera. Toda esa alegoría me sonó un poco a tirarse el rollo, a querer darle al libro un 'toque', que por cierto, en mi opinión no necesitaba

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    1. A mí, en cambio, el final me pareció magistral.

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  4. Hola! La verdad que a mí también me pareció un libro fantástico y muy recomendable. También creo que siempre podemos ponerle peros a los libros. es posible que el final sobre,, claro, pero ya sabes que cada lector re elabora lo contado y lo adapta a su universo particular, por eso nos gusta a ambos, porque cabe en nuestra percepción de lo imaginado.
    Salud

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